Borrego, a una parte de la Isla.

 

Cuando subíamos la cuesta de la Ardila, y cogíamos la dichosa curva que tantos accidentes provocó, ya se observaba la calle Real. Pasábamos por delante de los pisos de los militares de alta graduación. Al llegar a la altura del callejón Nuevo, unos metros más adelante, se estrechaba la calle debido a una pared saliente que pertenece al Convento de las Carmelitas descalzas. Aún hoy existe esta pared y ya no parece tan estrecha la calle a pesar de que se encuentra sin aceras.

 

En la ya comentada pared, un día de aquellos tiempos, apareció el anuncio de un producto que se utilizaba para dar mayor esplendor al lavado de las ropas. Un borreguito blanco con un simpático lazo rojo, era la mascota e imagen del producto Norit, al que hemos hecho alusión anteriormente.

 

Aquel borrego, y el nombre de un bar fueron el causante de que las gentes de La Isla comenzarán a llamar a aquellos última zona de la avenida General Varela, como “Borrego”.

 

Muy próximo al próximo despacho de vinos conocido como “casa Matilde”, (donde se ubicó posteriormente el Restaurante “El TITAN”), tenía  enfrente, en la acera de los tramposos al Bar Borrego. En ambos lugares existían paradas de la “Carterilla” y del “Chulo”, y luego fue la del “Trolebús”. A la parada que se encontraba  a la del lado del despacho de vino y guichi , se le conocía como la parada del “ Patio de Cambiazo” . Y a la de enfrente aproximadamente, como “Borrego!, con alusiones al bar y al anuncio de “ Norit”

 

Entonces, los autobuses de la época no solían  contar con un timbre para dar aviso de parada al conductor. En la parte trasera, en un sillón más elevado que el resto, se encontraba el cobrador de los tickets junto a la puerta de entrada. A estos empleados, a voz viva, se le avisaba el deseo del viajero de pararse en “la próxima parada”, y este hombre avisaba al conductor mediante un timbre exclusivo para ellos. Como lo más lógico fuera avisar con el nombre de la parada que se deseaba bajar, en la que estamos comentando se anunciaba, en voz alta: ¡cobrador, Borrego!, lo que  evidentemente no solía caerle bien al empleado, al ver las sonrisas contenidas entre el resto de los usuarios del autobús.

Anuncio del borrego, que le dio el nombre
Simulación del anuncio del borrego. www.elguichidecarlos.com 

 

 

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El Güichi de Carlos.  Historias de La Isla.