¿Qué es El Güichi de Carlos?

         Fue en junio del año 1973, cuando me incorporé a mi destino -como marinero pelón– en Capitanía General, una vez jurada bandera en el cuartel de Instrucción de Marinería (CIM). Ya tenía estipulado  que el resto de la mili lo pasaría en el Archivo General de la Armada y Zona Marítima del Estrecho, allá en el viejo –entonces- edificio de Luís de Córdoba, dentro de las instalaciones en la Escuela de Suboficiales, del que salí licenciado en octubre de 1974.

En aquel archivo comencé a conocer una parte de nuestra historia que, entre legajos y causas militares, los amanuenses dejaron escritas. Ahí empezó mi afición por conocer la historia de San Fernando, de la que entonces no tenía ni pajolera idea.

La historia oficial de San Fernando está contada muy bien –con lógicos errores que todos cometemos- por otros autores. Pero faltaba la historia cotidiana. La que se vivía en las casas, en los trabajos y destinos, los juegos en la calle y las tertulias en las casapuertas al fresquito de la noche; la que vivíamos en los cines… en el campo Marqués de Varela o en la Plaza de Toros… la de güichis, bares y tiendas de ultramarinos… en definitiva, la del día a día, de cualquier cañaílla. No sólo debíamos conocer las noticias que protagonizaron las autoridades y las que nos quisieron contar con palabras que parecen no pronunciadas por los isleños.

Poco a poco, en los siguientes años,  fui recabando información de las personas más mayores de edad y de cuanto me contaban. Guardándolas en manuscritos. Las publicaciones de libros de entonces más bien eran obsequios para conmemorar cualquier acontecimiento oficial, y no había posibilidad de ser adquiridas. En el Mirador de San Fernando nos relataban algunos retazos del pasado, y semana a semana, fui reuniendo aquellos artículos que posteriormente continuaron otras cabeceras de prensa cañaílla. Otros autores también nos ofrecieron publicaciones y artículos en prensa divulgativos.

Contaba ya con una alacena llena de papeles y recortes de prensa, con pocos libros originales y algunas fotografías de aquellos tiempos que sus autores divulgaban, y que fui comprando copias. Muchas de ellas, bastantes, me fueron aportadas gratuitamente. Las tardes las pasaba en bibliotecas, hemerotecas, museos y archivos, y en visitas a parroquianos en sus domicilios, o tomando chiquitas en cualquiera de los güichis y alternando con el café de la tarde.

En el año 2003 tuve la suerte que un amigo común me presentó a mi amigo y compañero Juan J. Maruri Niño, quién atesora una mente privilegiada e infinidad de conocimientos sobre nuestra historia local. Ambos nos encontrábamos en el proyecto e investigando para publicar algún día la historia de la Policía Local de La Isla. Ahí nos unimos en la misma causa.

Eran los primeros años en que aprendíamos las pocas posibilidades que ofrecía el internet de la época. No existían las redes sociales, y me propuse, sacar a la luz la colección y  los conocimientos que tenía sobre San Fernando.  A los pocos meses, el día 30 de junio de 2005, ante un reducido grupo de amigos, colaboradores y familiares, presentamos en el Museo Histórico Municipal la primera web cañaílla de “Historias cotidianas de La Isla, contada por los propios cañaíllas

Había nacido para el puebloEl Güichi de Carlos.com”. Una página pensada para conectar con los cañaíllas que vivíamos entre el Puente de Zuazo y el Río Arillo. Al poco tiempo, comenzó a llegar noticias y mensajes de otros cañaíllas que se encontraban en más de 50 países repartidos por este Mundo.

Con la emisión en las televisiones locales de la presentación de la web y la divulgación que se le proporcionó en prensa, nos comenzaron a llamar cañaíllas  deseosos de hacernos partícipes de sus historias cotidianas. La web –camino de 12 años- ya no soporta más información de los 1.000 artículos y más de 2.000 fotografías que posee.

Otros amigos, nos ayudaron cediéndonos espacio para publicar  artículos sobre nuestra historia en el periódico “San Fernando Información”, y ello motivó que nos fueran conociendo personas asiduas a la prensa de papel que no utilizaban internet.

En 2008, ya con la incorporación del tercer componente de este güichi, Antonio Sanz Reyes, realizamos las primeras grabaciones para el entonces canal de televisión local “Onda Bahía”, cuyo plató fue el propio “Güichi de Carlos”. Al tener aceptación y audiencia aquellos programas, también comenzamos con programación directa en “Radio La Isla”, a la que alternábamos con el entonces canal televisivo “Tele Isla”, con programa semanal (durante los inviernos), emitiéndose diariamente en distintos horarios. En las repeticiones de madrugada contamos con especial audiencia entre los que no duermen.

Actualmente, a través del canal televisivo “ Onda Luz Bahía ” y  “Radio La Isla” nos pueden seguir en ámbito local y provincial, y en la web de “Andalucía Información/ Onda Luz La Bahía”, en todo el mundo, así como en esta propia página.

Estudios Radio La Isla
Antonio Sanz, Carlos Rodríguez y Juan José Maruri

Nos comenzaron a llamar para dar conferencias, charlas o realizar las grabaciones de los programas desde cualquier punto de La Isla. Con las peñas, asociaciones e industrias colaboramos cada vez que nos solicitan, para hablar de aquella Isla y de sus barrios. Así, de esta manera, contamos con aproximadamente más de 250 horas de grabaciones, en las que, en la mayoría de ellas, hemos invitados a otras personas para que nos cuenten, también sobre aquella Isla que ellos conocieron.

En 2012 nos aventuramos en otra empresa. Solicitamos ayuda y colaboración a amigos y conocidos a los que comprometí, para que nos contaran alguna historia por ellos vividas o conocidas. A otros, que nos ofrecieran fotografías inéditas, las que unimos a nuestra colección.  Conseguimos editar dos publicaciones de libros, editados por nuestros propios medios, con la intervención total de 186 personas y la aportación de cinco empresas cañaíllas:  “Güichis, Ultramarinos y otras historias cotidianas de La Isla” y “Aquellos Patios de La Isla de León”, fueron sus títulos.

Nos vimos déhbordao (sic). Teníamos vendida la edición antes de su presentación. El “Centro de Congresos de la Villa de la Real Isla de León” sacó el cartel de “completo”. Vendimos toda la edición impresa y tuvimos que hacer –con ofrecimiento y ayuda oficial-  un par de ediciones más para atender las peticiones. El beneficio de las ventas –algunas papelerías colaboraron gratis-  se destinó al comedor social “El Pan Nuestro”, de cual dimos cumplida información a la ciudadanía, como en las siguientes ediciones. No hubo gañoteo o libro de válvula, tó er mundo amoquinamos el nuestro. Los alcuzas no obtuvieron libros.

Al siguiente año, editamos la historia de los cines en San Fernando con el título de “Historia del  Cinematógrafo en La Isla”. En esta ocasión,  y en parecidas circunstancias a la anterior,  con la colaboración de 176 parroquianos, entre particulares, empresas y organismos oficiales. En este momento, los beneficios de la venta fueron destinados a la campaña de “Ningún niño sin juguete” de la Asociación de Reyes Magos y para el centro de parálisis cerebral “UPACE”, ambas asociaciones de San Fernando.

Repetimos la historia y, en el año 2014, el título de la nueva publicación fue “Diteros y otras historias cotidianas de La Isla”. En aquella fecha, contamos con la colaboración desinteresadas, como en las anteriores, con 161 parroquianos; aportando los beneficios en ayudar económicamente a la Asociación contra el Cáncer en San Fernando.

 Actualmente, en las cuatro ediciones publicadas, llevamos más de 1.400 páginas escritas y 921 fotografías cedidas de colecciones particulares, de prensa y propias de El Güichi de Carlos, que mostrándolas, entendemos mejor la historia y le ponemos caras a nombres y apellidos oídos con anterioridad.

La lista de parroquianos que nos han aportado y ayudado de cualquier manera, junto con los amigos y seguidores en las redes sociales superan de los 5.000 miembros.  Las páginas vistas en la web y a través de elguichidecarlos.com en redes sociales, son próximas a 2 millones. En Face-Book, Twitter  hemos hecho nacer a “El Taller de la Memoria de Aquellos Tiempos”, espacio muy seguido y comentado que diariamente (siempre en invierno) se descubre una parte de La Isla con imágenes de la época.  A la Plazoleta de San José y su barrio, también le dedicamos  exclusivas publicaciones en la red.

Decir que todas estas cifras comentadas, fueraparte de las estadísticas, nos indican que El Güichi de Carlos está vivo y es aceptado por los cañaíllas, sin lo cual, no tendría sentido continuar. No existe masconería  o fullería alguna.

Nuestras aportaciones y trabajos están realizadas en tiempos de ocio restando atención a nuestras familias. Afortunadamente somos de los pocos agraciados que aún mantenemos ocupación laboral. Eso sí, el amigo Antonio Sanz (fallecido en diciembre 2016), se encontraba en tiempos de júbilo.

La mayor satisfacción y retribución a El Güichi de Carlos, es oír cuando nos dicen que lo pasan bien con nosotros, que recuerdan y aprenden historias de “Aquellos Tiempos”, o cuando en verano nos echan de menos. Por algo será.

Nos tomamos con agrado ver fotografías de personas de cierta edad reunidas con algunas de nuestras publicaciones en mano; o que nos paren por la calle para contarnos lo que posteriormente divulgaremos.

No cesamos en investigar y trabajar para continuar  divulgando. El archivo de historias, fotografías y vídeos que poseemos irán poco a poco, apareciendo en próximas publicaciones y en esta renovada web que aquí presentamos, gracias a la colaboración de mi hijo Carlos, quién también emplea su tiempo libre.

Continuamos esperando que nos llaméis para ofrecernos  colaborar de alguna que otra manera. Todo para dejar constancia, a los jóvenes de hoy, y a quienes nos precedan, los que otras personas anteriores nos dejaron, con la aportación propia de cada uno.

¿Dónde se encuentra El Güichi de Carlos?. Pregunta frecuente de quién lo oye por primera vez, creyendo ser un establecimiento abierto al público pero, no más lejos de la realidad, ya que es un güichi particular, donde no por ello,  no sea posible hablar de nuestra historia y beber unas chiquitas con su tapa de balde; o cualquier otro vino   no cabezón que al achicar, no se le antoje al parroquiano,  formar pajarraca.

Sólo existen –de momento- tres prohibiciones, que no es la de cantar, que sí se sabe hacer adelante, sino mejor callar;

La primera es la de no tener bajancia entre los tertulianosLa segunda: la de hacerse el longui para no pagar como to quihqui de vez en cuando una ronday la tercera: Que no se empresta nada de cuanto en este güichi exista, si desea información, pídela que es de balde.

¡Tomaros una chiquita a nuestra salud!, que nosotros nos la tomaremos a la vuestra.

Deseamos disfrutéis de este desinteresado trabajo. Un abrazo cañaílla.

El Güichi de Carlos

A la memoria de Antonio Sanz Reyes.