Cuando el Camino de la Cruz era un Paraje Oscuro entre Eucaliptos
Hace algunos años ya… pero ir a la Casería en invierno era casi una proeza. Hoy la vemos con sus torres y su paseo, pero en el recuerdo de los más viejos de La Isla, el antiguo Camino de la Cruz (o de la Casería) era un sendero inhóspito, lleno de baches y de los eucaliptos y andarlos en la oscuridad de la noche era una proeza. Cuentan los papeles que en los años 20 y 30, la zona de la cantera daba hasta respeto por los precipicios y los boquetes donde se decía que se escondían los amigos de lo ajeno. Era tal la penumbra que los antiguos cocheros dejaban a los clientes en la esquina de la Batalla de Bailén; ¡no querían adentrarse ni un metro! Por allí pasaba el mismísimo Cristo del Perdón en su paso en el que entre baches y ramas era muy difícil cargarlo como la normalidad lo requería, una estampa que es pura historia viva de nuestro barrio de la Casería.
¿Feria o Verbena? Desmontando el mito de la antigüedad
Siempre se ha dicho en San Fernando que la Feria de la Casería es la más antigua de la ciudad, pero en El Güichi de Carlos nos gusta poner los puntos sobre las íes con los papeles por delante. Oficialmente, nuestra entrañable fiesta se convirtió en Feria en el año 1994, tras casi un siglo siendo la clásica y querida Verbena de San Juan y San Pedro. Si buscamos los orígenes oficiales, la Feria del Carmen data de 1820, mientras que la Casería arranca sus crónicas oficiales en 1890 de la mano de vecinos ilustres como Guillermo Herrán, quien pedía aquellas primeras y cortas subvenciones de 50 pesetas al Ayuntamiento. Eso sí, como verbena, ¡no hay quien le gane en solera!
Juan, Juana y el rito ancestral del fuego
La víspera de San Juan se notaba en los patios. Aunque en Cádiz se les conozca como «juanillos», los antiguos de La Isla siempre los llamaron Juan y Juana. Una tradición de purificación donde el ingenio cañaílla cobra vida rellenando los monigotes con sapina seca de la playa y trapos viejos. Desde las míticas quemas en el hoyo de la cantera hasta los divertidos montajes inspirados en la actualidad social y política de cada año ¡cómo olvidar los patios dedicados a los motivos de los famosos del momento o las parodias locales!. Es el momento mágico de saltar las llamas, dejar lo malo atrás y lanzar el papelito al fuego con la esperanza de que nos traiga buena suerte.
Tradiciones que se resisten a morir: la cantarilla y los juegos populares
La Casería siempre ha sido sinónimo de juegos populares que unían a todo el barrio. Los niños se dejaban las piernas corriendo en sacos o montando en bicicleta en las carreras de cintas frente a la tienda de La Alegría. ¿Y quién no se ha llevado un buen porrazo intentando romper la cantarilla (¡que no alcantarilla!) con los ojos vendados? Si le dabas, el premio en metálico te aliviaba el verano; si fallabas, te esperaba la harina, la arena o el agua bajo la risa de los vecinos. Tampoco podemos olvidar las tardes de futbol en «el boquete» de la cantera con los torneos de feria donde Júpiter, Saeta o el mismísimo equipo de la Casería se jugaban el trofeo.
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