Dos jura de bandera en San Fernando hace 50 años

El pasado fin de semana del sábado 12 y domingo 13 de diciembre del maldito año de 2020, nos abrieron las fronteras perimetrales y ya pudimos salir más allá del puente de Zuazo (Suazo) y del río de Arillo (Darillo en su día). En la medida de las posibilidades, y con el miedo en el cuerpo, algunos cañaíllas traspasaron dichas fronteras y se aventuraron a visitar otros lugares próximos o lejanos. Sin dudas, hemos recibido las visitas de miles de personas deseosas de hacer las compras navideñas en el complejo comercial de Bahía Sur. La afluencia de público al centro comercial se ha convertido como uno de los más importantes atractivos para visitar San Fernando. Bueno, digamos que solo es visitada la zona de la vieja «Cañorrera». Existe programación por parte municipal para traer turismo a la ciudad (incluso antes de la pandemia), pero el centro prácticamente no es tan conocido. Los recursos son los que son y hoy en día, como decimos, la visita al centro comercial es la máxima atracción.

No tenemos conocimientos de cuántas personas salieron y entraron en la ciudad el fin de semana pero, de lo que no cabe dudas, es que no recibimos el mismo número de visitantes coincidiendo las fechas, con el mismo fin de semana de hace tan solo 50 años. 

La mayoría de nuestros gobernantes de hoy (incluida la oposición), aún no habían nacido o ya eran bebés o chiquillos sin uso de razón. Por ello, les voy a relatar, ayudándome de los datos castrenses que ofrecía en crónicas la Hoja del Lunes, entremezcladas con los recuerdos de cómo se vivieron aquellos lejanos días, aprovechando los máximos recursos con los que contábamos para traer riqueza a los comercios e industrias de entonces.

Jura de bandera en el Cuartel de Instrucción

Programado estuvo y así ocurrió en el norte de la ciudad, que el sábado día 12 de diciembre del año de 1970, los 1265 inscriptos del 4º llamamiento del reemplazo de dicho año, y 360 marineros voluntarios para especialistas de la Armada, juraran bandera en el Centro de Formación de Especialistas y Cuartel de Instrucción de Marinería (CIM), existente en la hoy avenida de la Armada, frente a los terrenos conocidos como «El Llano». El acto fue presidido por el capitán general de la Zona Marítima del Estrecho (1º Departamento Marítimo de España lo fue San Fernando), almirante Joaquín María Pery Junquera, acompañado por el comandante del cuartel, el capitán de Fragata Gonzalo Valcárcel Ochoa.

jura bandera en el CIM
Postal recuerdo de San Fernando. Jura de bandera en el Cuartel de Instrucción de Marinería. Edición García Garabella de Zaragoza

El cuartel se encontraba exornado para la ocasión y los familiares de los pelones en las zonas autorizadas en el patio de armas con dificultades para observar a su familiar besar a la bandera. Las autoridades militares, civiles e invitadas en mejores posiciones evidentemente al igual que el clero castrense. El comandante de Infantería de Marina, jefe del Detall, Orestes José Redondo Cid, tomó el juramento a los nuevos marineros que fue refrendado por el padre capellán, pasando a continuación a besar la enseña de la patria y desfilar en columna de tres bajo la misma. 

Al finalizar el acto, los marineros desfilando desaparecieron del patio de armas y, en el lugar adecuado, rompieron filas para poder reunirse con sus familiares que ya esperaban en el exterior. Aquella marea de uniformes azules y de lepantos, abrazaban a los suyos que no veían desde hacía meses, especialmente los que no vivían en San Fernando o cercanías. Entre las personas, los coches y autobuses se abrían paso en la población de San Carlos, a través de las indicaciones de los «Cerillitos» (Policía Naval). Ya en la Glorieta o en la carretera de la Estación, la Policía Municipal facilitaba el acceso al centro de la ciudad. Los autocares de excursiones del día solían marchar a última hora de la tarde o al medio día del domingo siguiente. 

Desde la población de San Carlos hacia la Glorieta,  grupos de personas partían andando (especialmente las familias llegadas en tren y que no contaban con medios de transportes en la ciudad) a pesar de existir los servicios de taxis y del trolebús con parada en el paseo del General Lobo y explanada de la Estación de Ferrocarril. Les quedaban cruzar el paso de nivel de la estación y disfrutar de las calles comerciales de Falange Española, Colón y de Calvo Sotelo para llegar al centro. 

El olor de las cocinas de los bares restaurantes en la Glorieta: el «Buena Vista» de Girón y «La Maestranza» de Francisco Manjón, invitaba a sentarse para almorzar. En el caso del primero, le convenía porque también fue fonda  e incluía, o comprometía el almuerzo a los huéspedes. 

El ruido de las tripas acordaba entrar en: «Las Siete Puertas», «Casa Facio», «La Primavera», «La Diana», «Casa Jesús, antes Los Dardanelos», calles que a pesar de que se encontraban abiertas al tráfico, en sus puertas disponían de mesas y sillas ocupadas para almorzar, como era la costumbre de antes, «dos platos, pan, postre y vino para cada comensal».  

Las terrazas de los bares de la calle Real solían llenarse tan solo con los cañaíllas y residentes. Aquellos días, cuando los forasteros llegaban a las tres avenidas (de la Marina, del General Franco y del General Varela), las terrazas presentaban sus mesas con platos, botellas, y vasos por las consumiciones. Desde la «Venta de Vargas», pasando por «Mesón el Castillo», «Bar Santander», la «Bodega de San Juan», «La Primera de la Isla», «La Parada», «Los Gallegos», «La Mallorquina», «Hermanos Picó», «Reverte», «Bar Madrid», «Nueva España», «San Diego», «Royalty», etc. no había lugar donde sentarse.

Y en el cuartel de Camposoto

En otro de los puntos cardinales de la ciudad, concretamente en el sur, al día siguiente domingo, el acuartelamiento del Centro de Instrucción de Reclutas número 16 (CIR 16) en Camposoto (Campo de Soto), tuvo lugar el acto de jura de bandera de 2153 reclutas del Ejército de Tierra que habían finalizado el periodo de instrucción militar. El acto fue presidido por el general Florencio Vicente del Valle, acompañado del coronel de Artillería jefe del campamento Sánchez Ramos-Izquierdo y el gobernador civil, junto con los coroneles Machuca (Aviación) y Serrano Valls (Guardia Civil), el comandante del CIM Valcárcel Ochoa, el jefe del Polígono de Tiro Janer, Gómez y Torrente y jefe de la Policía Armada. Por la parte civil, el alcalde Barceló Gasset, acompañado de autoridades civiles y comisario de Policía, delegado comarcal sindical,  presidente de la Sociedad de Fomento y Defensa de San Fernando, jefe de Correos y Telégrafos y otras autoridades y representantes de la sociedad isleña.

cuartel de camposoto. jura bandera

Finalizada la  santa misa, previa elocución del general del Valle, se procedió al acto de jura de bandera, finalizando la parada militar con el desfile de todas las fuerzas siendo aplaudidas por el numeroso público asistentes familiares de los reclutas. Fue ofrecido un almuerzo extraordinario a los reclutas que se quedaron en el cuartel. La mayoría de ellos marcharon junto con sus familiares a pasar la tarde visitando el centro. En esta ocasión, en terrenos militares fue la Policía Militar (PM) la que dirigía el tráfico, pasando a ser los municipales ya en término civil.

Las ventas existentes en el camino de Camposoto, «San José»,«La Ponderosa», «La Caballa» fueron de las primeras ocupadas por los visitantes. «Los Tarantos» en el «camino de la Batería» al igual que en el camino de Gallineras: «La Montañesa»; «La Segoviana»,  «La Marisma», «El 15», «Casa Pepe», «La Titi» ofertaban el producto típico del pescado de estero. Por la calle Real, el bar «Borrego» con su típica estampa de mariscaores en la puerta, ofrecía comida, siendo quizás, el primero en encontrarse en la calle Real y más alejado del centro. Por cierto, no me olvido de «Casa Nanai» y «El Sol de Andalucía» que junto con la venta «El Morruo» se comía los mejores platos de menudo. Todos los restaurantes y bares mencionados volvían a llenarse de nuevo aquel domingo. Ya fuera del término municipal la venta «El Inesperado» y el «Ventorrillo del Corral» también hacían sus ingresos.

Aquel fin de semana del año 70, juraron bandera 3778 hombres en San Fernando. Si contamos una media de 6 familiares (padres, hermanos, novia e incluso algún otro familiar) por cada uno de los pelones, nos visitarían 22668 personas que dejaron sus pesetas en los comercios, hotel, pensiones, fondas y casas de huéspedes; bares, restaurantes, ventas y ventorrillos; tiendas de ultramarinos, casas de fotografías, freidores, regalos y recuerdos; carrillos de chucherías, etc.

Las juras de bandera se celebraban una cada trimestre del año (continuan las de Camposoto).  El Ayuntamiento, con los pocos medios económicos de los que disponía, facilitaba la limpieza de la ciudad para mostrar orgullosamente que cumplía con el eslogan que, a nivel nacional y local, nos anunciaban de «Mantenga limpia su ciudad», deseosa de atraer al turismo. Pues eso, la limpieza fue muy valorada. La Policía Municipal, una vez más, facilitaba la circulación por la ciudad y en esos días procuraba no efectuar denuncias, comprendiendo que el aumento de vehículos y autocares que recibíamos prácticamente no tenían lugar donde aparcar. Se cuidaba al forastero y que se llevara buena impresión de la ciudad. Especialmente en la limpieza.

Es posible, al estar trasladando los recuerdos directamente desde la memoria, se haya quedado en el teclado (tintero se decía antes) olvidado o incluido algún que otro establecimiento no correcto en fechas. Ni siquiera las ferias gastronómicas que se suelen celebrar en los últimos años, han repercutido en tantos negocios como los días de jura de bandera. Aquella Isla que recordamos y nos tocó vivir a los más mayores de hoy, difícilmente podrá ser entendida por los jóvenes que no tuvieron la suerte de vivirla. Los comercios locales se abastecían de todo lo necesario vendiéndose prácticamente en las dos calles comerciales de Rosario y San Rafael. Todos los barrios contaban con sus güichis y tiendas de ultramarinos cuando ya comenzaba a verse los primeros supermercados de barrio. No existían los centros comerciales y todo el dinero que se generaba quedaba en los bolsillos de los industriales cañaíllas repercutiendo en empleos, y para muestra un botón: «Al  comienzo de la década existía 150 000 españoles sin trabajo, con una cuota del 1,20% de la población activa». Fueron otros tiempos ¿mejores? ¿peores?. Cada cual conoce su respuesta.

El Güichi de Carlos. Historias de la Isla

Diciembre 2020.