Aquella carga nuestra

El misterio de la calle, en Semana Santa es lo que se ve por cuenta de lo que no se ve. El papel preponderante del paso de misterio. Cristo alzado sobre la cruz o bajo ella o la Señora con el pañuelo, los puñales o la rosa de pasión, bajo Palio, ese misterio que hay que saber mover también y que acompaña su dolor con el roce levísimo de los varales. Otra música añadida.

La verdad es que, todo eso no tendría explicación sin el “cargaor”, esa figura que con la almohada y cargando sobre el hombro, yo veía ir, sudoroso, hace años camino de la Iglesia Mayor, yo vivía en Jorge Juan, paso obligado de muchos que vivían por allí, salineros en su mayoría, y que con la carga, iban a redimir unas pesetas, tan vitales, que cuando alguien, por penitencia, les quitaba el sitio, le caía un mal palo, una justicia de los compañeros con el que perdía el salario tan vital y necesario entonces como ahora.

Por eso cuando, por ejemplo el año pasado, en la revuelta de Capitanía, aparecía solo, ya desguarnecido de penitencia y junta, el Cristo de la Columna, en ese tramo de la calle bajando directamente de Colón que era el territorio de la carga, el Señor lucía no una majestad, que la tiene, sino ese sencillo aire que se colaba en el recuerdo.

Mirad, en una corrida de toros, sin nombre ni cartel en la cuadrilla (se llama igual, cuadrilla, como en la carga), está el monosabio. Esa blusilla roja y el pantalón azul y una varita en la mano. Es más importante el monosabio para el comportamiento del caballo con sus resabios de picar que la monta. Ellos dirigen cola o pecho hacía el toro. Sin ellos no se resuelve ni la suerte ni el posible quite. Así me parecen a mí los cargadores. Arriba Cristo bordado por la sangre, pasea su dolor y su entrega, dirigido por hombres que sienten que lo tienen que sacar y pasear por la calle de manera que el sentimiento del pueblo pasando a Cristo pase por ellos o se ajuste con su compás. Algo así. Si no se explicaría esa devoción de la carga y de la forma. Seguir cargando cuando ya la carga no es sino un sentido o un deber, o el mantenimiento de una tradición arraigada en los corazones familiares, de generación en generación, sin más motivos que ir bajo el paso de, y no ya de las pesetas o el mínimo salario.

aquella carga nuestra del nazareno
Cuadrilla del Nazareno. Década de los 80. Ultimos años de Nicolás Carrillo (de pié segundo por la izquierda con chaqueta gris) en el Nazareno. De la colección de fotografías de la Cuadrilla “Nicolás Carrillo”. Publicada en Boletín “Medio Ganchete” año 1998.

Los cargadores, “cargaores”, con su sentido estético imprimen el paso al “Paso”. Parece que camina, que anda el Cristo con su andar cansado hacía nosotros. Y esa magia era distinta y nos gustaba más lo nuestro o nuestra forma antes que lo que veíamos en otras poblaciones. Y el rostro, sudoroso, asomando por las caídas, levantadas a veces, izadas como pequeñas velas náuticas, cuando los hombres iban a tomar el bocadillo y el trago, en el Bazuco, o en San Diego, sitios donde se les veía, breve, aquel cansancio, el sudor velado de la primavera, las ojeras intensas, que estábamos seguros que abajo se vivía una pasión intensa

Rafael Duarte.
Publicado en Boletín “Medio Ganchete” de la Cuadrilla “Nicolás Carrillo”. Año 1996.