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El nazareno de Camarón

Antes, cuando yo era niño, las madrugadas eran largas y húmedas, y oscuras, sobre todo oscuras. Había un contraste grande entre los mediodías radiantes de algunos jueves Santos y las madrugadas que eran frías, húmedas, oscuras ya digo, y eso que nosotros, mis hermanos y yo, las vivíamos en el cierro de mi casa de la calle Rosario cuando pasaba Jesús, porque en mi casa de mis padres El Nazareno se le ha llamado siempre Jesús, como en Jaén, dónde Nuestro Padre Jesús , El Nazareno, es el foco mayor de la religiosidad popular de aquella provincia, de aquella ciudad donde nació mi padre, “una riada, hermano, no he visto más gente nunca en una procesión, me contó mi hermano Antonio, que llevó a mi padre a ver a Jesús después de caso 50 años sin verlo, como El –Nazareno nuestro pero más gente todavía, y toda la noche, hasta la recogida, miles y miles y miles, algo así como si todo el mundo que se pone en la plaza de la Iglesia y en la calla Real para la salida fuera con El Nazareno toda la madrugada hasta la recogida, pero más, ya te digo, una riada de gente”.

Ya no son las madrugadas de la Isla tan oscuras como cuando entonces, y puede que tampoco sean tan húmedas, y es mucha más la gente se queda en la calle con El Viejo, más, mucha más que la de aquellos años en que mi madre nos sacaba al cierro, bien arropados en mantas, cuando pasaba Jesús, que no iba mucha gentes, iba la fiel penitencia de ésos años, poco más contar ya, cierta edad es tener memoria de lo vivido, recuerdos de lo pasado. Como cerrar los ojos y ver al Milupa, capataz todo el año, buen amigo que se fue; como ver por la calle a José Monje con una gabardina blanca, a Camarón de la Isla esa madrugada mirando a El Viejo en todas las esquinas silencioso, como sobrecogido, quién sabe si recordando las saetas que les cantaba su madre Juana é Inés la del Pelao en los años de nuestra infancia desprevenida por la Isla, que hoy tendría José 49 años recién cumplidos, lo que voy a cumplir yo la próxima primavera.

Yo tengo presente su grito terrible, por seguiriyas;

A la Iglesia Mayor fui
A pedirle al Nazareno
Que me salvara a mi pare
Me contestó que no
Que me dejaba a mi mare
Que me dejaba a mi mare,

Y la variante de su último cante grabado al Dios de su devoción cañaílla, en su Potro de rabia y miel:

Mi Nazareno mare
Es tan gitano
Que los cirios que lleva
Bailaban por tangos.

Escritos estos versos por Casilda Varela al Regidor Perpetuo de la ciudad de Cádiz, Camarón los convirtió cantándolos así:

Mi Nazareno, mare
es tan gitano
el de la Isla
es tan gitano
que los cirios que lleva
bailan por tangos.

Como tantos y tantos hijos de esta Isla a través de los siglos, José Monje guardó la fidelidad a la devoción nacida en su infancia, en los años cincuenta, cuando la cuadrilla de cargadores de El Viejo de la Isla, albañiles, mariscadores, gentes de las salinas lo llevaban hasta las mismas callejuelas, el barrio de Camarón y de tantos cargadores que fueron y serán cargadores de la hermandad más carismática de todas las de esta Real Isla de León.

Ya cubierto su esqueleto por el manto del misterio y el tiempo, el alma de nuestro artista más universal habrá sido acogido por el Padre que todo lo perdona, eterno como su música de miel y maravilla. Fue llevado hasta su presencia en el regazo de la Virgen de los Dolores, la madre de Nuestro Señor Nazareno, que en la Isla, cada jueves santo, en la madrugada, hasta los cirios que lleva bailan por tangos.

Para que hubiera más alegría en el cielo.

Boletín Jesús Nazareno año 2000
Por Enrique Montiel.