Los Carrillos de Mantecaos

En la Isla, el Domingo de Ramos se convierte en el día esperado con toda ilusión por todos aquellos que se mueven alrededor de las cofradías, y por los que, gusta disfrutar de la mayor de las fiestas que se vive en San Fernando. Llegó la fecha y es el momento de “expresar” en la medida que cada uno lo hace, el trabajo y entrega realizada desde el Domingo de Resurrección anterior.

También, es el día indicado que marca ciertas costumbres y aperturar la venta de “mantecao” que años tras años, desde “aquellos tiempos”, viene sucediendo en San Fernando, siendo el primero que lo hace entre las poblaciones hermanas de la Bahía de Cádiz. No importa que llueva o ventee, sea Marzo o Abril, el “mantecao” ya está a la venta en los tradicionales carrillos.

Hoy en cualquier barriada es fácil encontrarse un kiosco de helados pero, antes no. Sólo lo encontrábamos instalados en el lugar de costumbre del paseo dominical. Principalmente en la Plaza del Rey. Aunque por supuesto, los “mantecao” también eran vendidos en confiterías, heladerías, horchaterías y algunos que otros carrillos bicicletas que recorrían los barrios y acuartelamientos. Principalmente de los Hermanos Picó La Ibense

1936 Carrillo de La Ibense. Recorriendo llevando el “mantecao” a todos los lugares de la Isla. Fotografía cedida por Heladería La Ibense.

Una de las personas que vendían los “mantecaos” en la década de los sesenta y setenta en uno de los carrillos bicicletas se llamaba Miguel. Hombre de pelo cano rizado que recorría prácticamente toda la Isla con su pregón que decía…. ¡Al rico mantecaoooo, el de fresa y nataaaa¡. Los vecinos al oír el pregón se asomaban a las ventanas y, para llamar la atención de Miguel, les gritaban ¡mantecaooo¡ Miguel al igual que otros cañaíllas con la fuerza de sus piernas y pedaleando, innovaron la venta ambulante de helados a pedales

En “aquellos tiempos” no eran kiosco. Eran “Carrillos”. Carrillos manejables de un lugar a otros pero con ubicación fija para la venta. Por las noches, una vez llegada la hora de recogida, eran trasladados a sus almacenes hasta el día siguiente. Con el tiempo, comenzó la instalación de “carrillos” fijos durante la época estival, que eran cubiertos por varios tipos de cerramientos de seguridad ante el posible – con cierto riesgo- robo nocturno.

De momento, uno de los más viejos carrillos de helados que conocemos en la década de los años 20 y que refrescaban a nuestros antepasados es el de “Celestino”. La historia de Celestino Gadea está vinculada con la familia Picó y la elaboración de los helados en la fábrica de la calle San Bernardo (hoy Pérez Galdós). Este carrillo también fue conocido como “Los antiguos valencianos” y se encontraba ubicado frente a la Farmacia de Sarriá (hoy Farmacia Cuadrado junto Hotel Roma) en la calle Real. Con el tiempo, a mediados de los años 30, ya aparece con un carrillo de instalación fija en el mismo lugar

1929 Carrillo de Celestino. Ubicado en la calle Real. Fotografía cedida por Fernando Picó Llorens.

El Carrillo de Celestino poseía la matrícula municipal nº 197 que debía renovase anualmente.
Se publicitaba como los mejores helados y venta de horchata y limón al precio de 2,00 pesetas el litro. El de turrón de Jijona (su tierra natal) a 3,50 pesetas, el de chocolate a la inglesa a 4,00 pesetas y el “mantecao” de tutti fruti a 3,50 pesetas.

En la Plaza del Rey en la misma fila que hoy se encuentran, a escasos metros unos de otros, llegaron a estar presente hasta tres carrillos cada uno con su marca de helado. Sin duda alguna, quién realmente bate el record de permanencia en los carrillos es Paco, que comienza la venta de los helados CAMAY allá por los años 60. Al día de hoy solo lleva cerca de 45 años vendiéndonos “mantecaos”.

1966 Carrillo de Camay. Paco con más de 50 años continua vendiéndonos los mantecaos. Fotografía cedida por la Delegación de Helados Camy del Puerto de Santa María.

El nombre comercial de CAMAY fue sustituido por el de CAMY por su semejanza de aquel, con el nombre registrado de un “jabón de olor” para la limpieza de la cara que existía. El kiosco de CAMY de hoy se ubica en el mismo lugar del entonces CAMAY.

La Ibense también ubicó a uno de sus carrillos en dicha plaza. Bajo la sombra de uno de los árboles. Ubicó en principio a un carrillo con grandes ruedas que trasladaba por las noches. Más adelante, cuando comenzaron a llegar las neveras frigoríficas, adaptó una de ellas como carrillo y ya no necesitaba hielo o sal para la conservación. Llegó la época de la electricidad. Una vez más, destacamos el corte llamada “el americano” de tutti fruti que vendía esta casa comercial. Estaba riquísimo. El lugar escogido por La Ibense en la Plaza lo ocupó posteriormente la firma “Avidesa”.

1956 Carrillo de La Ibense. En las fotos de la Isla no podía faltar la presencia de la Armada. Fotografía cedida por Heladería La Ibense.

Los Hermanos Picó situó su carro a la derecha de CAMAY según si mira al Ayuntamiento. Buenos sabores de helados que, especialmente el de vainilla era mi perdición. La nata, la fresa, el chocolate, el de jijona, etc. Se mantuvo en la plaza del Rey durante décadas.

Lo más próximo a la esquina de Hermanos Lahulé, se ubicó el kiosco de helados “Avidesa” que Manolito Robledo fue pionero en la adaptación de kioscos de helados y chucherías. Las pipas, las avellanas, el chicle, las patatas, las cortezas, el regaliz -“orozú” en la isla- y, para los coleccionistas de “pins” –“escuditos” en aquellos tiempos-, intercambio de los repetidos en el mismo kiosco. Manolo Robledo marcó un estilo en los kioscos de helados que hoy ya es habitual.

1992 Manolito Robledo. Pionero en adaptar el carrillo de los helados en una especie de macro chuchería. Fotografía cedida por Robledo.

Hoy, los colores llamativos publicitariamente de los kioscos, rompe la armonía de la plaza. Paco con sus “Camy”, y Lola y Esperanza con “Frigo”, son los únicos que mantienen la tradición que comenzaron otras personas con la venta de “mantecaos” en aquellos tiempos con los carrillos en la Plaza del Rey.

El güichi de Carlos.