El niño bebé prohijado de San Fernando

La historia que comentamos ocurrió realmente. La ha sacado a la luz Juan J. Maruri Niño, a través de su estudio de las actas capitulares de la ciudad y la ofrecemos  para conocimiento de todos los amantes de nuestra historia local, al ser desconocida.

Debió de suceder en la madrugada del día 3 de marzo del año 1883, desconociéndose la hora y autor o autores de los hechos. El caso es que al amanecer del día anteriormente comentado, como todas las mañanas del calendario laboral, uno de los porteros que por aquel entonces tenía la misión de abrir las puertas de las Casas Consistoriales para dar comienzo a la actividad municipal, dando la casualidad que junto al él se encontrara el concejal Ángel González Hoyos, procediéndose a la apertura de la puerta principal, la que se encuentra frente a la plaza de Alfonso XII, saltando la sorpresa. 

En el suelo, arropado en el interior de una canastilla un pequeño bulto se movía, llamando la atención de aquellos hombres que incrédulos recogieron en sus brazos a un bebé recién nacido. Se supone, que el autor o autores del presente, por los motivos que ellos sabrían, pensarían que el bebé en manos municipal sería entregado a casas de expósitos, hospicio o familia de adopción, con la esperanza de una vida digna y saludable sin escasez. 

Aquella mañana estaba prevista la celebración de sesión municipal. El bebé fue trasladado a la sala junto con su canastilla y, en el orden de día se introdujo por urgencia el hallazgo. Todas fueron preguntas sin respuestas. ¿De quién será?, ¿Por qué lo dejarían pasando frío?, ¿Será no deseado?, etc. La ternura que demuestra el humano en situaciones análogas fue demostrada por los componentes de la corporación. El acuerdo alcanzado en cabildo de 3 de marzo de 1883 al respecto dice literalmente:

«Prohijación de un niño abandonado a las puertas de estas casas consistoriales. El Sr. Alcalde ordenó la lectura de un expuesto, dice así: «Excmo. Sr. nunca como en la presente ocasión, podrá esta Excma. Corporación, a quien nos dirigimos el patentizar, cuan arraigado se encuentra en el corazón de los individuos que la componen, el sentimiento de la caridad, y de como una inocente criatura abandonada de los que le dieron el ser y rechazada por aquellos, a cuyas puertas se expusiera. Ha venido como traída por la mano de la Divina Providencia, la que nunca desampara a sus criaturas a buscar protección y amparo entre nosotros. Pues tal se deduce del cúmulo de circunstancias que la han traído a esta casa capitular, momentos antes de congregarnos en ella, y cuando tan solemne puede ser nuestro acuerdo, ante el gran número de señores concejales aquí reunidos. E imitar la conducta de los que indignamente apostatan del sublime nombre de padre, y de las obligaciones que la religión, la sociedad y la propia naturaleza les impone para con el ser a quién le han dado la vida. No sería digno de los sentimientos humanitarios de los que se hallan al frente de una Ciudad tan grande por su gloriosa historia, y de sus virtudes; como la nuestra. Y que tengamos la completa seguridad de interpretarlos dignamente. Proponiendo extender una mano (buscar su nombre) protectora sobre un infeliz niño, cuya desventura comprenden todos los que recibieron en su cuna, las tiernas caricias de una madre cariñosa y amante. Por lo tanto, suplicamos a esta Excma. Corporación, que acuerde adoptar al citado niño el cual fue encontrado por el Sr. Concejal D. Ángel González Hoyos, junto a un portero de este ayuntamiento, como a hijo de esta población, y que lleve por apellido el nombre de esta Ciudad de San Fernando; y encargarse nuestro ayuntamiento de su subsistencia y provenir. Y abierto debate sobre dicha cuestión, se aprobó y por unanimidad, que la comisión de beneficencia, se encargue y cuide que al expresado niño, se le proporcionen los vestidos y alimentos necesarios, así como proceder a su bautizo a inscripción en el registro civil».

Una semana más tarde (10 de marzo), en la nueva sesión plenaria el concejal Ceballos, como presidente de la comisión de Beneficencia que lo era, informó de que había llevado a cabo el bautizo del niño, al cual se les impusieron como nombres y apellidos: «Buenaventura Celedonio de San Fernando y Montalvo». Que una vez  enviado el acta al juez municipal para su inscripción, también le hubo comprado tela para vestirlo, y que a continuación le compraría la cuna y colchón, cuyos gastos pasaría al municipio para su reposición. Se solicitó asignarle una determinada cantidad para cubrir los gastos necesarios, quedando su cuidado y vigilancia a cargo de la comisión municipal.

El también concejal Agustín Martínez, en cabildo de 7 de abril de aquel año, expuso que se había cometido un hecho arbitrario ya consumado. Dijo que cuando se produjo la hijación también fue acordado entregar el niño a una mujer de apellido Carrillo, en vista de los nobles sentimientos que demostró, e incluso solicitó llevárselo para criarlo en su casa por su cuenta, siendo arrebatado el niño por el concejal Ceballos, en formas y procedimientos desacostumbrados. Los ánimos se calentaron entre ambos ediles indicando el alcalde que la sesión debía constituirse en sesión secreta y así se acordó, ordenando al público asistente abandonar la sala. A petición de Ceballos fueron leídos todos los puntos con referencia al pequeño y, en ninguno de ellos, se decía qué persona le cuidaría, siendo él, una vez más, al ostentar su condición de presidente de la Beneficencia quién lo cuidaría. Tras conversar con varios compañeros y comentar sobre el estado del niño que se encontraba enfermo y con ropas inmundas, dispuso cambiar a la ama de cría tras reconocimiento médico efectuado al bebé. A dicha señora, de haber cumplido con su cometido cuidando al niño, jamás se lo hubiera quitado. El concejal Martínez replicó que en los acuerdos leídos, no autorizaba a Ceballos a llevar y traer al niño a su antojo, y de no estar el niño bien cuidado, debería comunicarlo a la corporación, que es quién debía resolver. Si lo que quería era tener un ahijado a costa del municipio, no se lo permitiría. 

Nuevamente conllevó enfrentamiento verbales entre los concejales llevando al alcalde a poner orden y dirigirse al concejal Cano (quién había entrado momentos antes en la sala) reprimiéndoles el haber tomado parte en las discusiones para entrometer en el asunto y no acudir, como era su deber, a las sesiones plenarias. El tal Cano justificó las faltas de asistencias a los plenos anteriores por no tener tiempo. Para zanjar la polémica, el alcalde solicitó un voto de confianza al concejal Ceballos, por su celo demostrado al niño, voto que no fue favorable de Martínez.

En sesión del 21 de abril siguiente, Ceballos presentó una serie de gastos del niño por importe de 109 pesetas. Martínez solicita conocer el domicilio del pequeño por si algún concejal le quiere visitar, a lo que se le informaría posteriormente en sesión de 5 de mayo, diciendo la alcaldía que el domicilio lo era en la calle Lanza núm. 4 (barrio del Cristo), a lo que invitaba a los componentes de la corporación acudieran a visitar y comprobar el estado y cuido que recibía el pequeño. 

En junio de aquel año, por prescripción del doctor Sánchez López, se le había cambiado de cuna por la circunstancia de no gozar de buena salud. El día 12 de julio, por parte del concejal Francisco Ceballos Palma, comunicó el fallecimiento de Buenaventura, acaecido el día 27 de junio de 1883. Acordándose haberse oído con sentimiento de pesar su lectura, así como que se abonen los gastos ocasionados en su sepelio, los cuales ascendieron a un total de 101,08 pesetas.

El Güichi de Carlos – Historias de la Isla  

Diciembre 2020