Navidad del abuelo, y la del Nieto.

(La del Abuelo).- Acercándose el día 22 de diciembre es cuando los chiquillos cogíamos las vacaciones de navidad. Dejábamos de ver a los maestros que eran nuestros educadores durante unos días. Aquel día –el de la retramisión por la radio del sorteo de la lotería nacional- escuchábamos por todas partes las sintonías del sorteo; se oía a través de las puertas y ventanas abiertas; los aparatos de radios se escuchaban en alta voz para ser oído desde cualquier rincón de la casa. Con las participaciones compradas y el empleo de pesetas gastadas, se tenía toda la ilusión, al igual que ilusionaba escuchar la sintonía del sorteo aquellos días.
(La del Nieto).- Antes de llegar el día del Cerro los centros comerciales allá en cañorrera comienzan a crear ambiente de navidad con el fin de provocar, cuanto antes, que las tarjetas de créditos acumulen deudas aplazadas.
Faltan más de 60 días para que los nietos dejen de ir a la escuela y durante las vacaciones no volverán a ver sus “coach”. Poco falta para que la televisión nos invada con el anuncio de la lotería nacional -convertido en un clásico, sin dejar de provocar alguna lágrima de ternura- para que vayamos gastando dinero.
(A).- Aquellas mañanas de vacaciones, las del abuelo cuando niño, el tazón de migote de leche con pan o la “tostá” de manteca colorá sabían diferentes a cualquier otra mañana. Corriendo salíamos a la calle en espera de ver aparecer a los amigos del barrio y ser suficiente número de niños para formar dos equipos para comenzar a jugar a la pelota. Partido tras partidos, hasta que nos llamaban para “comé”.
Cuando le dábamos un pelotazo a una de las jaulas que los vecinos tenían colgadas en alcayatas gitanas o puntillas en las paredes para tomar el Sol, con su hoja de lechuga incluida, los gritos y recuerdos para nuestros respectivos padres… e insultos, se hacían notar en la calle.
(N).- A la hora que los nietos se levantan, enseguida sus madres les tiene preparado el desayuno que raro es, ver una pieza de pan con manteca en la mesa. No terminan el desayuno y acuden a cualquier de los receptores de televisión que se tienen en las casas para jugar con la “Play Station”, o conectarse vía “Online” con cualquier amiguito. Con la vista en la “Tv” y en los oídos unos antiestéticos cascos para escuchar a través de un “MP4”.
No salen a la calle a jugar. Lo que es peor, es que no hay niños en la calle. Ni siquiera conocen o juegan con el vecino de enfrente, el de arriba o el de debajo de su piso. Hoy cualquier niño y niña –diferencio en el género porque ahora está de moda tonta, porque, si se dice “personas” abarca a femenino y masculino, al igual cuando antes decíamos “los niños”.
(A).- Al primer grito que se oía de nuestras madres:
-. ¡A comeeee¡, paralizábamos el partido y en el lugar exacto, comenzábamos –dando a la pelota un bote parcial – de nuevo a la tarde, continuando con el mismo resultado que llevábamos en la interrupción. A la hora de la merienda no se detenía el partido; corríamos a casa en “busca” del pan con la onza de chocolate y volvíamos de nuevo a darle “patá” a la pelota. Las únicas interrupciones que no sabíamos cuando ocurrirían fueron las de la llegada del Guardia para quitarnos la pelota, entonces, a la voz de “Queu” salíamos corriendo por donde pudiéramos escapar.
(N).- Hoy las madres les llevaban la comida a los hijos allí, donde juegan, para que no se enfaden y paralicen la jugada. Lo tienen fácil, porque se puede grabar en la “memo” el juego y continuar posteriormente en la misma fase donde se dejó.
(A).- Cuando el Sol se ocultaba y con la poca luz que había entonces en las calles –como ahora-, cambiábamos de juegos por otros que también incluía hacer ejercicios de correr, saltar, etc, como “al cogé”, “pioloa” “pañuelito” “la lima” etc, etc. Antes de recogernos, nos mandaban a la tienda de ultramarinos o güichi del barrio para preguntar por el número que había salido en los ciegos.
(N).- No hay niños en la calle. A veces, los padres no salen a pasear por no quitar a su hijo/a de competir con “la maquinita”, y no hacerles enfadar de nuevo o estresarles. Un niño estresado, aparte de tener que acudir a la consulta de un profesional, pudiera hasta denunciar a sus padres por malos tratos que para eso se anuncia un número de teléfono gratuito.
El número que ha salido premiado en el sorteo de la ONCE se consulta a través de los distintos “Smartphone” existentes en la casa. Posiblemente uno por miembro y, quizás, hasta por los menores. También se cuenta con el “Teletexto” y más de 80 canales de televisión.
(A).- Recuerdo cuando nos mandaban por los “mandao” cómo se adornaban las tiendas del barrio; cómo las madres compraban “fiao” apuntando en la libreta los productos navideños que cabían en el canasto o en la “chivata”; una botella de anís y otra de “coñá”-brandy- para cuando llegaran los familiares a felicitarles.
No había más clases de licores, aparte de la ginebra o del ponche. No faltaba por la fiesta la botella de vino tinto de mesa acompañada por las gaseosas “De Celis”, “Vda de Blanco” o “La Casera”. Las cervezas se solían beber en botellines de quinto en los güichis. Si la paga extraordinaria de navidad era buena, se podía sustituir, un día, la gaseosa por refrescos de cola en formato familiar de 500 cc.
(N).- Hoy los padres de los nietos, pueden acudir a las grandes o medianas superficies a realizar las compras pagando con “tarjeta” -dinero de plástico- al contado o aplazado con alto interés, y hasta se les pueden llevar a casa los mandaos sin necesidad de cargar su vehículo. Eso sí, no faltará las botellas de 2 litros de refresco, las litronas de cerveza y alguna que otra botella de Rioja con título de marqués o conde de…. Por supuesto los alcoholes de entonces son sustituidos por una gran variedad hoy existente. El Ron (blanco o añejo) y Whisky han desplazado al cubalibre.
A los niños no se les puede mandar a comprar porque ya no existen tiendas o almacenes de ultramarinos, ni güichis en los barrios, afortunadamente algunas permanecen aún.
(A).- En la estación del tren allí en la Glorieta, las familias esperaban -a pié de andén- la llegada de los familiares emigrados por Europa. Por regla general el tren solía traer retraso. Mientras tanto, los chiquillos se distraían por la estación jugando o viendo llegar y partir aquellas grandes máquinas de vapor echando humos y ruidos acelerados al partir observando las maniobras con los brazos del uniformado jefe de estación.
(N).- A pesar de tantos años, la emigración aún continúa. Tan sólo ha cambiado que antes fueron los padres con maleta de cartón y boina, y ahora son los hijos titulados, diplomados y profesionales de años en muchas materias. Eso sí, no les podemos esperar en los andenes de las dos “apeaderos” que tenemos –la llamada del centro es la que más lejos está del centro- ya que, de bajar al andén para recibirlos como se merecen, por cada persona que vallamos, tenemos que comprar, al menos, un billete de cercanía a Cádiz que es el más barato.
(A).- En aquellos tiempos, montábamos el nacimiento completo, el portal, pastores, Herodes, gallinitas, el cagón, etc.etc, en familia, cantando a la vez los clásicos villancicos. Quién tuviera un picú y discos de vinilo creaba mejor ambiente. Cualquier mal golpe hacía saltar al muñeco de barro y había que buscar la solución y volver a ponerlo, porque no se tiraba aún roto y apestando al “pegamín”. También servía la harina para pegar la casas y decorados. Comprábamos los muñecos en las papelerías de “Piorno” o “García Bozano” y en las droguerías de “Narciso Lara”, “Salazar” o “El Bazar Inglés”, las brochas y pintura o para teñir el aserrín que nos daban en las carpinterías. El árbol no se estilaba socialmente, aunque á partir de 1968 cuando apareció el primero en la Plaza del Ejército se popularizó más.
(N).- Hoy le llaman montar el Belén a lo que en aquellos tiempos fue simplemente el portal o pesebre. Cinco figuras y basta. Afortunadamente aún queda tradición y buenos nacimientos completos, incluso alusivo a La Isla. Pero ya nadie –casi nadie- tararea y canta en directo los villancicos. Desde que se inventó el “radio casette” con aquellas cintas, y posteriormente el disco compacto “CD” y “DVD” con sonido digital, se oye la música mejor que las películas de los cines de invierno… y de verano también. En los bazares de “moros y chinos” se pueden comprar figuras del Belén fabricadas en resina “made in China”, feas pero baratas; árboles de plástico y lucecitas con música incluida. Se está generalizando aunque no en todas las casas es así.
(A).- En la Plaza de Abastos los puestos se adornaban y tenían un gran ambiente de gentes por aquellos amplios pasillos que tenía. Todavía se vendían frutos de los tiempos de “Tósanto” y junto con los polvorones, nos los comíamos alrededor de la mesa camilla. De vez en cuando nos decían:
-. ¡Chiquilloooo, que te vápartir un diente o cojé una jitera”
(N).- La Plaza… está prácticamente muerta. Se ha preferido ir a las grandes superficies –que si el producto está en malas condiciones te lo devuleven- Ya no celebran ni “los Tosánto”. La mesa de camilla ya desapareció prácticamente, hoy, en los salones, nos basta con el aire acondicionado, encendiéndolo sólo los días de mayores frío, la luz está muy cara.
(A).- En aquellos tiempos lo lógico era que todos los días lloviera e hiciera frío con ganas. Eso no nos importaba. Como no nos quitábamos en todo el invierno las botas de agua y el impermeable con olor a plástico; así subíamos a la calle Real lleno de ilusión porque, en los escaparates del Refino de la Corte (Real esquina a Dolores) y en Casa Salas (Real con San Diego) o en “El 95” y casa Lagostena (Rosario con Juan de Mariana) o hasta La Perla (esquina Falange española con Gravina), los economatos de la Constructora y Bazán, u otros más establecimientos, veríamos los juguetes que podríamos pedir en la carta a los Reyes Magos para la noche del 5 de enero.
Hombres y mujeres -con elegantes gabardinas o abrigos-. Mujeres enlutadas con velo incluido o de medio luto, otras con hábitos de la Virgen del Carmen o del Nazareno. Fueron tiempos de duelos y promesas a cumplir. Se saludaban una y otra vez cada vez que se cruzaban por la calle.
(N).- Llover, llover, como que poco, y frío de vez en cuando algunos días cercano al fin de año. Las botas de agua, los impermeables y paraguas -ahora son de colores vivos- para días contados. Los paraguas son de “Low Cost”, cuestan muy baratos –en los bazares de moros y chinos- pero no aguantan dos días de levante o el viento de las esquinas. Antes de salir podemos consultar cualquier aplicación “APPS” y conocer si sacamos el paraguas o el chaquetón –la gabardina y el abrigo se han perdidos-. Si el chaparrón es fuerte y la hora en que lloverá.
(A).- El día de la Inmaculada era la fecha elegida para que los establecimientos montaran sus escaparates con los juguetes. Con el frío y el aliento cubríamos de vaho el escaparate y teníamos que limpiarlo constantemente. Nos costaba tiempo decidirnos por 1 o 2 juguetes que podíamos pedir. Los chiquillos gritaban.
¡Omá!, -¡Opá!
¡Quiero aquel!
¡no, no, éste¡
La bicicleta, el balón reglamentario o la pelota de goma, el rifle, la pistola, el coche de lata o los muñecos de plástico, etc. Las niñas con sus cacharritos de cocina, la muñeca que abría y cerraba sus ojos, lloraban al presionar la barriga o dejaba de llorar con el biberón, los patines, las mariquitinas, etc. No había más.
(N).- Las industrias de jugueterías realizan catálogos con todas las posibilidades que los niños tienen para pedir los reyes. Hay hasta colas para poder alcanzar un catálogo de los que se reparten en los comercios. También es posible llevar a los nietos a los centros comerciales y que ellos, directamente, vean, toquen, jueguen, y hasta partan… los cacharritos de la exposición… así dicen, “crean ilusión para el día de reyes”. Los juegos “electrónicos” y de internet” son los más solicitados.
(A).- Sólo en Reyes era cuando podíamos recibir un juguete. No en cumpleaños u otras onomásticas y, a veces, nos echaban lo que no habíamos pedido. Recuerdo con cariño e ilusión, una naranja y limón de caramelo a gajos, que me solían poner todos los años un familiar. Yo me lo sigo poniendo.
(N).- Imposible definir la cantidad de juguetes que hoy reciben los niños y, algunos de ellos, por las fotos que publican sus padres a través de las redes sociales de FaceBook, Twiter; excesivo –respetando los deseos de cada persona-. Tengo la impresión de que, a mayor número de regalos… sube la autoestima social.
Los juguetes que le regalaron sus compañeros/as por su cumpleaños, o por las buenas notas conseguidas, por su santo, por la primera comunión y hasta por finalizar la catequesis… están en casa guardados, sin utilizar junto con los de los Reyes de años pasados.
(A).- Acudíamos a la calle Calvo Sotelo -por excelencia la que se iluminaba más- en estas fiestas, donde se encontraban los comercios y los fotógrafos para el recuerdo. En el establecimiento de Valle, -el que decía vender barato- aparte de resguardarnos de la lluvia bajo la cornisa, solía ponerse allí un paje, vestido como un rey mago para hacernos la foto del recuerdo. A veces al fotógrafo se le coloba en el retrato el fondo el escaparate, otras veces la farmacia de la esquina. Para ello, con el tiempo hubo un panel de fondo decorado.
(N).- Hoy son los propios padres, abuelos, tíos, tías, sobrinas, etc. quienes con sus “móviles con cámaras de muchos megapixeles” realizan fotografías de recuerdo. Ha aparecido un personaje que el “marketing” empresarial de cierta bebida refrescante –en su día “La Chispa de la Vida”- ha popularizado tanto que parece ser más real que Santa Claus o San Nicolás. Le llaman Papa Noé y ha conseguido, en poco tiempo, tener su propio pasacalle y que los colores rojo y blanco sean símbolos de Navidad. Cualquier Papa Noé –la mayoría sin parecerce al publicitario- se encuentra en la calle para hacerse fotografiar con los chiquillos. Eso sí, lleva incluso un “photocoll” decorativo y realiza un “making off”
(A).- Los carteros –hombres uniformados correctamente- aquellos días por la cantidad de cartas y felicitaciones que portaban, los cuerpos los llevaban doblado por el peso de la maleta llena de cartas. Bajo el brazo, el libro de los giros postales que debían de pagar en los domicilios -quién los recibiera- y, para colmo, cualquier paquete de pequeñas dimensiones que también tenían que entregar. Con tantas cartas diarias que llevaban se entendía que las tarjetas de felicitaciones llegasen con algunas semanas de retraso a las fiestas. Era impresionante el número de felicitaciones que se repartían.
(N).- Desde que llegó “internet” y los satélites de comunicaciones, los “mensajes de texos”, de “signos”, -todos con faltas de ortografías- el “email”, el “watshap”, el “Face Book”, el “Twuiter”, “Google”, “Yahoo”, “Gmail”, y la “mare” que parió a decenas de “RRSS” (redes sociales)”, las tarjetas postales, telegramas y cartas, las de papel, sobre y sello de correos, prácticamente se han perdido, más aún en cuanto a felicitar por las fiestas. Los carteros van más holgados y portan carritos como los de la compra que utilizan las mujeres… y hombres.
(A).- Una de mis tías fue la especialista de matar al pavo o gallo que había estado habitando con nosotros echándoles en el gallinero maíz, trigo y alfrecho “páengordarlo” hasta que llegara el día señalado de pasar por la cazuela. Mi madre, alrededor del fogón o infernillo de petróleo se pasaba todo el día guisando –a fuego lento- con la receta heredada de mi abuela. Veíamos como la familia participaba en la elaboración de los pestiños, roscos y toda clase de dulces que sólo comíamos en la fecha. No era posible, al menos en mi casa, si no estábamos alguno enfermo en esos días, poder comer jamón. Mi padre fue funcionario del ayuntamiento y en aquellos tiempos…
(N).- Aquellos pavos que vedían por las esquinas de las calles, en la plaza de abastos y otros lugares de La Isla, ahora se venden completamente desnudos de plumas en carnicerías; Ya no es el rey de la mesa. Ha sido relegado por el jamón y el marisco. Se venden ahora hasta guisado, para no perder tiempo cocinando o mirar algunas recetas a través de cualquier “web”, tampoco hay que manchar la “vitrocerámica”. Sólo calentar si fuese necesario con un toque de varios minutos en el “microondas”. En esas máquinas que les llamar “robot” y hacen la comida en un minuto, no cabe un pavo entero. También existe la “Grill”.
Se mantiene la tradición de la elaboración de dulces en las casas. Ahora quienes cocinan se dice que hacen un “show cooking”. Los dulces es más fácil comprarlos en las pastelerías, panaderías y donde los haya. El jamón, como el marisco, no falta en la cena.
(A).- Antes de la cena habíamos visitado a los familiares que, por circunstancias que fuera, no podrían asistir a la reunión familiar.
(N).- Para invitar o disculparse de no poder asistir a la cena, basta con enviar un frío “watshap” que, según el estado del mensaje, ya conocemos si el destinatario lo ha recibido o leído. Incluso saber si dicho destinatario se encuentra concectado o desde cuando no lo está. Esto es privacidad. Con esta acción, se dá por hecho que se han justificado. No es necesario el tener que marcar los “9 dígitos” de los números de teléfono y perder tiempo en conversaciones entre familiares y amigos.
(A).- En la cena de navidad se reunía casi toda la familia y disfrutábamos jugando con los primos y tíos. A veces tambén amigos y vecinos que no tenían con quién reunirse. Hasta que no comenzaran a cenar los mayores, no había quién metiera mano a la sopa de picadillo o al turrón “sin recibir un guantazo por cualquier “lao”
Se completaba la sobremesa con alegres conversaciones entre todos; solían ser recordardos los familiares que ya habían fallecidos. Al finalizar de cenar, todos juntos volvíán delante del nacimiento a cantar villancicos. Por la puerta no dejaban de entrar quienes acudían a felicitar a las familias y… de paso, tomarse una copita de “Anis del Mono”, “Coñac o de Ponche”. A última hora nos reuníamos alrededor de la mesa para jugar a la lotería. Los fotógrafos de la época solían pasar por las casas para realizar el “retrato” de recuerdo que la veíamos varios días “dehpué” al ser reveladas en papel.
(N).- Hay que hacer coincidir que todos los miembros de la familia se encuentren presente en una de las cenas, la de navidad o año viejo. Difícil es, no ver que los más jóvenes, y los que no lo son, no se encuentre “watsheando” o “twiteando” fuera de la órbita familiar.
La cena dura el tiempo necesario hasta que los/las jóvenes se marchan al “cotillón o botellón”, con las vestimentas expresas para la ocasión. Eso sí, antes de marchar hay que hacer las fotografías “digitales” de rigor y observar en el momento, si nos gusta, o hay que repetir de nuevo; y los “selfies” necesarios que casi siempre salen las gentes dobladas. No puede faltar, por supuesto, la foto a los gambones, langostinos y la pata de jamón para “colgar” en las “redes sociales”. En aquellos tiempos salíamos a la calle en grupo a cantar, con panderetas, palillos, la botella de anís y, por supuesto la zambomba. Por cierto, es zambomba y no zambombá.
(A).- Por supuesto que acudíamos a la misa del Gallo, veíamos aquellas cabalgatas de Reyes Magos con gigantes y cabezudos incluidos, y esperábamos nerviosos la noche de la ilusión. No supimos los sacrificios económicos que hacíeron nuestros padres hasta cuando nos tocó a nosotros realizar el mismo papel que ellos. Entonces sí nos enteramos.
El día de Navidad era de Navidad y no de regalos. Los comercios no hacían “realizaciones de saldos“. Ellos, nuestros padres, siempre compraban los juguetes más “Bueno, Bonito y Barato”. Se decía que en Europa el día de Navidad existía “Santa Claus” o “San Nicolas”, y regalaban caramelos a los niños de allí. A los que vivían donde nevaban.
(N).- La misa del gallo continúa celebrándose pero sin verse aquellos llenazos de fieles en los templos. Las familias no suelen ir completas. Antes de la cabalgata de la ilusión existe la del “Heraldo Real” que es, en realidad, el cartero de los Reyes Magos. También se ha creado la figura de la “Estrella de Oriente” y por lo tanto, a mayor número de cargos, mayores carrozas en la cabalgata. Por cierto, ni la Bazán o La Constructora realizan aquellas carrozas de aqellos tiempos. Hoy se compra en aquellos comercios que se promocionan como “Low Cost”, pero no se sabe si son los juguetes más bueno y bonitos. Este año, por fín ha nevado en San Fernando… en un trozo de la calle Rosario.
(A).- Aquella noche de ilusión dejábamos los zapatos –los únicos que teníamos- en el alfeizar de las ventanas, balcones o cierros. Vasos de agua para los camellos –que sí los vimos en ocasiones en la cabalgata- y nos levantábamos antes que el Sol. ¡Qué ilusión!. Las calles llenas de niños, pegando pelotazos a “tó lo lao”; con bicicletas, vestidos de “conboy e indios”, las niñas con sus patines y muñecos…
(N).- Los nietos –influicidados por sus padres- hoy dejan vasos de vino fino, whisky y hasta cubata para que los Reyes Magos verdaderos se los beban una vez puestos los juguetes.
¡Hostía!, no hay niño en la calle jugando y son las 11 de la mañana del día de Reyes. Ni a las 12, 13,14,15 etc.
(A).- Los de aquellas generaciones fuimos de los Reyes Magos. Teníamos noticias de San Nicolás y, como muy lejos, de Santa Claus. No había otros personajes.
Quién sabe, lo que dentro de 50 o 60 años, nuestros nietos verán, lo que les echaran los Reyes Magos a sus nietos. Notaran la diferencia con sus tiempos. Seguro. Porque la vida es un ciclo, como que, a los 38 años, ha vuelto la Luna llena a brillar –que no lo hacía desde 1977- en esta Navidad 2015.
¿Hablaran nuestros tartaranietos en castellano? ¿o como nosotros?, ¿Con tanto intrusismos de otras lenguas?
Sean felices todo el año, que la vida pasa muy deprisa y a veces con fullerías.
El Güichi de Carlos.
Historias de La Isla.