hermandades de barrio

En las hermandades de barrio, predominan en ellas una cierta alegría y colorido, respondiendo por todos los medios resaltar, el valor de la Resurrección.

La disciplina de las hermandades de barrio en la estación de penitencia es algo más relajada, sin dejar de ser respetuosa, visten túnicas con capas y con cíngulos, la altura del capirote es de 80 centímetros y su antifaz es de esclavina, portan siempre una misma postura, cirios blancos o codales, sus pasos van acompañado de bandas de cornetas y tambores los de misterio y de banda de música los de la Virgen, su adorno florales se identifica más con lo dinámico, se colocan las flores más sueltas, sus mecidos suelen ser algo más amplios y sus levantá al cielo.

El palio será de forma denominada de figura o agua, con caireles, en las bambalinas el dibujo del bordado se repiten en cada paño, a diferencia con el de cajón, se intercala el terciopelo con la malla (estilo juanmanuelino); su cordonería y sus borlas.

los candelabros de cola, las velas rizadas y las flores, dan sensación de movilidad,

la dolorosa vestirá una toca de malla bordada sobre manto y este va cogido a los brazos de la imagen, su tocado se abrirá por encima del manto y la corona llevara estrellas, en los terminales de los rayos de la ráfaga etc.

Una vez examinadas estas dos tipologías, cabria preguntarse cual de estas dos es la correcta, deberemos de responder las dos, no hay ninguna que predomine sobre la otra, son dos caminos distintos para alcanzar la misma meta, y estos dos estilos deben existir y convivir en una Semana Santa para que esta sea completa.

Si situáramos estos dos estilos en cada extremo de un segmento, las cofradías han de situarse en uno de esos dos extremo el que decida sus fundadores o dirigentes, o próximos a ellos, lo que no es correcto que una cofradía se mueva en el centro de dicho segmento, lo que implicaría que las ideas no están claras.

Una cofradía debe tener bien definida su personalidad, ya que en función de esta vendrá dada su estética.

Con todo esto nuestra intención con este articulo no es criticar la uniformidad de nuestras cofradías isleñas, esto es una tarea que dejamos para el lector que pacientemente ha llegado hasta aquí.

Esto es a grandes rasgos, puesto que existen diferencias en otras cosas de menor envergadura. A la vista de esto, ante una hermandad que no se pueda incluir en ninguno de estos tipos, uno se puede pensar, a lo peor, que se debe al escaso conocimiento de sus dirigentes.

Ninguna hermandad debe vagar entre los dos cánones, debe pertenecer e uno o a otro.
En San Fernando existen cofradías que se encuentran entre dos aguas. Realmente ellos no tienen la culpa, los culpables son los cofrades de pasadas décadas, que introdujeron la capa erróneamente, quedándose ésta para diferenciar a los miembros de la Junta de Gobierno del resto de los hermanos, cosa que no tiene que ser así.
En una Hermandad no debe distinguirse nadie, al menos en cuanto al hábito.

Desde unos años hasta ahora algunas hermandades han optado por eliminar distinciones en las túnicas y, por consiguientes, definirse por uno de estos dos cánones.