La navidad del guardia.

Próxima a las fechas navideñas y año nuevo, fue costumbre hasta mediados de los años setenta del siglo pasado, que el pueblo, comercios e industrias de la Isla, entregase en estas fechas un presente, en reconocimiento por la labor que realizaban los componentes de la Guardia Municipal durante el año que finalizaba.

El lugar elegido para depositar los regalos y expuestos a la mirada del pueblo era el centro de la carretera N-IV a su paso por la calle Real, cerca del paso de peatones delante del Cine Almirante.

Se formaban largas caravanas en coches, autobuses, y camiones entregando los regalos al guardia. Las motos, bicicletas, o iso-carros portaban amarrado al sillín el agasajo, e incluso el pavo vivo, que no faltaba ningún año.

El chorizo; salchichón; las cajas de polvorones, alfajores y roscos de vino. La carne de membrillo, melocotones en almíbar, Turrones de jijona y alicante.

Las botellas de Anís de La Asturiana o el Mono; Brandy Oxigenado, Fundador, 501; Ponche y Cacao eran las botellas habituales de licores.

Las cajas de de vino de Chiclana o tinto Valdepeñas; las gaseosas “La Casera” o “La Revoltosa”, el agua de selt, Los “Sifones de Celis” o “Nic”; Las cervezas de Casa Márquez “La Cruz del campo”, “El Gavilán”, o los refrescos “Mirinda”.

Por aquellos tiempos, eran famosos en la Isla los callos de “Casa Nanai” o “El Sol de Andalucía” y por supuesto, no faltaban las grandes latas de cinco kilogramos.

Guardia municipal
Paco Viciana García ojea los regalos recibidos. Fotografía publicada en Mirador de San Fernando 1968.

Un año, la Academia Automovilista “San Cristóbal “, regaló un cordero con la insignia triangular y amarilla de la Academia sobre la cabeza del ovino que, vivo y amarrado al taburete del guardia, se desplazaba de un lado para otro en medio de la calle Real, teniéndole que esquivar los vehículos para no cogerle.

 

El Güichi de Carlos, historias de La Isla