El Rufante

José Rodríguez Cortejosa, «Chiqui», como todos le conocemos dentro de la Semana Santa, actualmente es el «Rufante» más significativo de nuestras Bandas locales. Figura familiar dentro de nuestras celebraciones, aunque actualmente su banda no la veamos participar tantas veces en Semana Santa, como su buena calidad se merece.

«Chiqui» comenzó de muy joven a tocar el tambor, eran sus tiempos de alumno en el Colegio «La Salle», que coincidían con los comienzos de la Hermandad de Cristo Rey. Dicha Cofradía había creado para acompañar a su Titular – entre sus pequeños Hermanos – una Banda de Cornetas y Tambores, en la que «Chiqui» ingresó, realizaban los ensayos en el patio del colegio y en el Parque Almirante Laulhé después de las clases, lo hacían con instrumentos de la ya por entonces extinguida Banda Municipal (Banda de Bermejo).

A cargo de la misma se encontraba el Sr. Duboy «El Betunero», este hombre era el mejor «Rufante» de la época y fue el que lo inició en el «arte», confirmándose así lo de: «de tal palo, tal astilla».

El vestuario que utilizaba dicha Banda, era el mismo con el que procesionaban los Hermanos de fila, vestidos ,de hebreos. Esta circunstancia dio lugar a una anécdota que «Chiqui» recuerda cariñosamente: en una ocasión fueron a actuar a Medina Sidonia, desde que bajaron hasta que subieron al camión de Marina -que los había transportado-, tuvieron que soportar los gritos burlescos de la chiquillería, cuando estos últimos les vieron con tan marcados atuendos, exclamando: ¡ahí vienen los moros!…

Seguidamente pasó a ingresar en la Banda de Música de la Cruz Roja Local, sin dejar de tocar, los Domingos de Ramos, en la de Cristo Rey.

Chiqui Cortejosa El Rufante
José Rodríguez Cortejosa. Fotografía de la colección de la Cuadrilla de «Nicolás Carrillo» publicada en el Boletín «Medio Ganchete» año 1993.

Recuerda cuando su madre tenía que llevarle el atuendo de la Cruz Roja, para precipitadamente salir corriendo hacia la Iglesia Mayor e incorporarse a su nueva banda.

Permaneció en ésta hasta, pasar a la recién creada Banda de Cornetas y Tambores de la misma Agrupación de la Cruz Roja, dejándola años después al tener que marcharse fuera por razones de trabajo. Tanta era su afición, que incluso en un permiso que disfrutaba allá por Semana Santa, «le picó el gusanillo» y, las ganas que tenía de coger un tambor era tan grande, que pidió permiso al Sr. Agripino para salir en la Banda, y éste se lo concedió. Después de un obligado descando durante varios años, fue su actual compañero y amigo Pepe Yesa -por entonces Delegado de la Banda de Medinaceli- quien le convence para entrar a formar parte de la misma; también se encontraba allí, como Compositor y Maestro, Francisco Bermejo, dándose la circunstancia de que a pesar de cambiar varias veces de Bandas, han permanecido los tres siempre juntos.

Por desacuerdo con la Hermandad de Medinaceli, se desligaron de la misma, pasando a formar la magnífica y recordada Banda de Cornetas y Tambores «Isla de León», la cual durante su existencia llegaron a alcanzar una aceptadísima línea de calidad como ninguna otra lo había hecho en La Isla. Fue una verdadera lástima su transformación, pero sus Responsables se vieron obligados a ello, debido a las pocas salidas que tenían; consiguiéndose con tal cambio más contratos y, estar mejor «mimados», obteniendo una mejor satisfacción económica que sus componentes creen merecer, no arrepintiéndose de ese Paso y después del sacrificio de estar todo un año trabajando duro.

Por este motivo pasan a formar la Agrupación Musical «Virgen de las Lágrimas», ofreciéndole la Hermandad de La Columna su colaboración y apoyo, el cual no encontraron en otras. Por todo ello, sus Componentes agradecen públicamente la confianza que dicha Hermandad les depositó y sigue depositando en ellos.

«Chiqui», recuerda que en todas las bandas a las que ha pertenecido, han formado un gran grupo y, especialmente en la actual existe una gran amistad entre todos ellos.

En grandes líneas, éste ha sido el recorrido por las Bandas Isleñas de un hombre de reconocidísima valía. Decir «Chiqui», es decir «rufar», manteniendo un ritmo de tambor cómodo y alegre, tanto para sus compañeros de banda, como de sus cargadores. Un sello inconfundible de calidad y gusto.

Es el quien desde el momento que el Paso hace una «levanta» lleva siempre el «raú» o redoble al pie izquierdo del cargador, facilitando la labor de éste último.Muchas cosas más podríamos contar de él, y en su honor, pero el espacio manda ahora y solamente debemos añadir:

¡Nuestro gran aplauso a su labor y, agradecimiento a su contribución!

Publicado en Boletín «Medio Ganchete» de la «Cuadrilla Nicolás Carrillo». Año 1993.