Antonio Bey Olvera. Nacido en San Fernando en la calle López Vega en el año 1917.
Cada Semana Santa transcurren una y otra vez sin cesar, su recuerdo reaparece entre nosotros cuando dos de sus imágenes procesionales, recorren las calles de la Isla en cada primavera.

La Virgen de la Caridad, fue uno de sus escasos grupos procesionales que en la Isla dieron a Bey gran fama y celebridad, el grupo ha cautivado la sensibilidad del pueblo isleño desde que el artista hiciese entrega del conjunto allá en el año 1942, y sin embargo, este grupo en un riguroso y detallado análisis estrictamente práctico carece de los principios fundamentales de las mejores obras artísticas. No existe en su conjunto una idealización artística de los modelos clásicos. Ni tan siquiera un paralelismo en el modelado de sus formas que se asemeje de alguna manera con la tradición imaginera barroca de siempre.

El dibujo de la gubia denota una tosquedad abrumadora. Debido a ello, por ejemplo las diferentes masas no se organizan en el espacio mediante una esterilización elegante, la anatomía, muy superficial únicamente configura los rasgos elementales que parecen necesitar un acabado inmediato.

Ojos, nariz y bocas determinan fisonomías características supeditadas a la falta de técnica, la caída del cabello del Cristo no se soluciona mediante amplias madejas de bucles entorchados que resalten la expresividad de su rostro, sino mediante espacios apenas aboceteados que no logran resaltar lo que el artista no ha logrado en otras partes del conjunto, y así un largo etc.

No obstante el rostro de la Virgen si manifiesta una bella expresión de amarga resignación a la voluntad divina.
Se dice que Antonio se copió de la expresión tanto de su mujer como una de su hermana que posaron como modelo para la imagen, pero en este rostro quedó plasmado además el sentimiento angustiado de una mujer que conoció y que sufrió enormemente tras ser acusada de adulterio.

El Cristo del Perdón, es otra obra de las realizadas por él, siendo un crucificado y finalizado en el año 1954, esta obra muestra una anatomía en absoluto enjunta o estilizada, falta total de ahondamiento de gubia, ausencia de idealización característica, etc.
El artista renuncia tomar modelos iconográficos representativos del barroco optando por desarrollar al máximo un naturalismo exacerbado que confiere a la obra un singular efecto antiestético.

En el mes de agosto del año 1975, la avioneta que le conducía a Madrid se precipitaba al vacío del suelo cordobés que en esos momentos sobrevolaba.

Como consecuencia de este accidente moría en San Fernando a la edad de 58 años.

Así, cada vez que desde San Francisco o La Casería, la nítida silueta de sus imágenes procesionales se dibuje, se recorten sobre el horizonte del cielo de la Isla, la memoria entrañable de Antonio Bey permanecerá constantemente entre nosotros con la persistencia infranqueable de aquellos seres, hombres y mujeres que aunque ya no están presentes supieron hacerse para siempre un hueco en nuestro corazón.

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