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la prostitucion en la isla (y IV) | el puente de la casería  

gentes de mi pueblo

Mi pueblo al que aprendí a querer y a conocer desde mi niñez, y del que tanto me hablaron mis ancestros desde mi lejana infancia hasta la llegada de nuestros días, estuvo su historia plagada de mil interesantes sucesos y anécdotas, las cuales que me atreveré a contar, a mi peculiar manera, a partir de estos momentos.

Una de aquellas historias que me llegaron, y de la cual logre averiguar, gracias a mi particular investigación sobre tales cuestiones, trata sobre un curioso y peculiar personaje. Este no es otro que el penúltimo, de aquellos numerosos por entonces celebres y desaparecidos oficios de “Carboneros”, y me remito al último cuarto del pasado Siglo XX. Digo bien al penúltimo pues el último de tal oficio, le cupo tal honor de serlo a un tal “Cristóbal”, aún entre nosotros y que regentó una popular carbonería en la Calle Juan de Austria cerca de la de San Rafael. Nuestro curioso personaje no es otro, de quién tan solo diré que se le conoce como “Paquito El Carbonero o el de Las Gambas”; y ya con este seudónimo creo haber desvelado su identidad, pues es bastante conocido y querido dentro de nuestra sociedad y de forma muy especial en los confines del viejo “Barrio de Las Callejuelas del Carmen”.

Me contó mi amigo “Paco” a quien conozco desde hace muchos años, una serie de curiosas vivencias, que a titulo personal y como interlocutor entre este y ustedes, os relataré a grosso modo. Su padre acabada la “Guerra Civil”, se estableció como carbonero de aquellos tantos y numerosos que por entonces, existían en nuestros barrios isleños, suministrando tan preciado y vital material, para sustento de las clases menesterosas de la sociedad de la época. El lugar donde ubicó su vieja y desaparecida carbonería, no fue otro que la esquina formada por la Calle Lauria y la antigua Calle de Mendizábal, hoy de San Antonio, también vulgarmente conocida como Calle Borriqueros por haber existido en ella antaño un negocio de alquiler de asnos, que se empleaban como medio de transporte por entonces.

En tales negocios, se solían vender diversas clases de derivados del carbón y de la quema de árboles y malezas: carbón, picón, cisco, etc. También cal para encalar y adecentar las fachadas e interiores, de nuestras antiguas casas; amén de sopladores para avivar el fogón para condimentar aquellas comidas preparadas, a golpes de soplar y soplar. Sin olvidar aquellos braceros o copas para calentarnos durante aquellos crudos inviernos y que se ubicaba a veces en las celebres mesas de estufa. Donde incluso a veces, solíamos meter alguna que otra patata o boniato, presto a ser cocido, con la advertencia expresa de no perderle ojo en evitación de que algún espabilado te lo birlase. Patata que había que pinchar, al objeto de averiguar su estado de cocción, y para ello se solía emplear aquellas agujas de hacer punto, sin que se diese cuenta de ello nuestras madres o abuelas . El gas para alumbrar los “quinqués”, con los que al no existir en la mayor parte de nuestros hogares la primitiva lámpara del alumbrado eléctrico; por entonces de 125 Voltios oiga. Muchas veces incluso solían vender fiado, como era cosa común en otros gremios; especialmente en las tiendas de comestibles, e incluso en las de bebida y en tal caso me refiero a aquellos “Güichis”.

Volviendo a las crónicas suministradas por mi amigo “Paco”, hacia el dicente. Relataré que adentrado la mitad del pasado Siglo, dicha carbonería fue cambiada de lugar en la misma Calle Lauria, y lo fue frente al actual Mercado de San Antonio, que curiosamente fue construido allá por el Año de 1.964 y en cuyo lugar anteriormente existió una tienda que se construyó con maderas y al que se le conoció como “El Güichi Maera”. De pequeño nuestro particular testigo de aquellos relatos, trabajó desde muy pequeño en tales menesteres del ramo del carbón y que allegado el momento supo, adaptarse a las circunstancias de los tiempos cuando al desaparecer dichos establecimientos, lo modificó cuando corría el Año de 1.968 en su actual bar de todos conocidos, y celebre por la buena cocción y venta de un famoso, y sabroso crustáceo marino; amén de otras celebres tapas como las de queso con anchoas, por citar algunas y de las que espero me sepa invitar al menos a una de ellas..

Paco ya hecho todo un hombretón con el devenir del tiempo, y tras regentar durante todos estos pasados años, dicho local ha conocido y vivido infinitud de relatos en algún que otro caso, hasta apasionante. Por su sencillo establecimiento, desfilaron famosos y renombrados maestros de la tauromaquia, tales como el celebre as de espada e isleño de nacimiento D. Rafael Ortega, también y desde que eran meros novilleros los no menos famosos Francisco Rivera “Paquirri”, y Francisco Ruiz Miguel. También diversas figuras del cante, como José Monge Cruz “Camarón de la Isla” y José Llerena “Chato de La Isla”; entre otros muchos mas personajes de gran celebridad y arte.

También nuestro amigo, me contó como personalmente conoció, y tubo por cliente a uno de los mas sanguinarios y celebres asesinos en serie de la historia del crimen a nivel Nacional, y me refiero al famoso “Arropiero”, cuya verdadera identidad era la de Manuel Delgado Villegas. Sobre este particular y curioso caso, intentaré abreviar tan interesante historia mas propia de una novela policíaca.

¿Quién era este siniestro sujeto?: Su aspecto de mediana talla mas bien bajito de estatura, y de fuerte complexión, con bigotes al estilo de Mario Moreno Cantinflas, del que siempre se confesó admirador.

Como breve biografía del mas sanguinario asesino de nuestra historia del crimen, a nivel estatal os revelaré los siguientes datos, sobre el mismo:

Nació Manuel Delgado Villegas en Sevilla Capital, en el seno de una humilde familia el día 25 de Enero del Año de 1.943. Su madre que por entonces contaba 24 años de edad, falleció a resultas de aquel parto, por lo cual tanto nuestro personaje como su única hermana, al quedar huérfanos de madre, fueron criados por su abuela y su padre. Aunque en su infancia asistió a la escuela de donde fue expulsado por agredir a su profesor con una piedra y abrirle la cabeza, cuando tan solo contaba este con diez años de edad. Su celebre apodo de “El Arropiero”, se lo debió a su padre quien como honrado trabajador, en una España recién salida de la pasada Guerra Civil, repleta de penurias y miserias sacó a su familia adelante a través de la venta ambulante de un dulce elaborado, a base de higos y denominado “Arropía”, de ahí su peculiar apodo familiar que se transmitió generacionalmente. Manuel Delgado se trasladó en compañía de su familia, hasta la Localidad Gaditana de El Puerto de Santa María, donde se hizo un hombre; o algo parecido al menos en lo físico. En su infancia según algunos biógrafos, relatan que sufrió infinidad de palizas, las cuales no solo le curtieron su cuerpo; también su espíritu hasta convertirle en lo que posteriormente llegó a ser, un gran asesino múltiple.

También narran de sus relaciones bisexuales, y que vendía su cuerpo a homosexuales; logrando entre estos y las prostitutas gran renombre en su época moza, empezando a vivir a costa de estos. Cuando contaba dieciocho años de edad, marchó y se alistó en La Legión, en la cual aprendió entre otras cosas su celebre golpe mortal, que en numerosas ocasiones empleó con gran éxito contra sus incontables victimas. Este golpe, dado con la mano abierta en la zona de la garganta y de forma precisa sobre sus pobres victimas, era mortal de necesidad. También dentro de su periodo militar, se le diagnosticó padecer ataques epilépticos y también se inició en el consumo de drogas; especialmente de “Hatchis”, sufriendo una cura de desintoxicación al respecto. Por tal motivo se le declaró inútil para el servicio y abandonó la milicia. Fue detenido en diversas ocasiones al aplicársele la denominada vulgarmente “Gandula”; la oficialmente por entonces Ley de Vagos y Maleantes, posteriormente conocida como de “Peligrosidad Social”. Por ello en sus inicios, jamás llegó a entrar en prisión al escenificar magistralmente ataques y convulsiones epilépticas que en varias ocasiones le llevaron a centros psiquiátricos, de los cuales rápidamente salía posteriormente. A partir de entonces se lanza como un vulgar vagabundo, recorriendo la zona del Mediterráneo Español y diversos países vecinos (Francia e Italia), por cuyos confines y tras sus pasos, fue dejando un reguero de muertes; aún por desvelar.

Sus crímenes a lo largo y ancho de aquellos innumerables lugares que recorrió en sus fatídicas correrías en España y en el Extranjero, según sus numerosas declaraciones al ser detenido por la Policía Española ante la estupefacción de estos funcionarios, dieron comienzo al parecer en el Año de 1.964, cuando asesinó a su primera victima probada de aquellas 48 de las que se confesó autor material de sus muertes y que no pudieron probarse. Tan solo de estas y en un total de ocho si se probaron su autoría material, si bien se investigaron un total de 22 en su mayoría que no se pudo probar su autoría, sobre los mismos, y que se consumaron entre el día 21 de Enero del citado Año de 1.964, hasta el último sufrido, en la persona de su novia sucedido el día 18 de Enero del Año de 1.971. Relatar sus crímenes sería extendernos en un extenso capítulo de muertes y actos sacrílegos; pues cuentan de este individuo que gustaba de violar a sus victimas después de asesinarlas; y en algunos casos ya transcurridos varios días desde su muerte. Esta aberración en psicología, se denomina necrofilia. También fue el primer caso en España, en ser detectado el denominado “Cromosoma XYY”, también denominado del “Criminal Múltiple” o también el del “Súper macho”, por su insaciable apetito sexual y gran voracidad al respecto. Nuestro personaje también paso a los anales de la macabra historia del crimen español, con el apelativo del “Estrangulador del Puerto”. También durante su estancia en la Prisión o Penal Portuense corrían unas coplillas por el populacho, que dieron paso a unas letras en el carnaval de entonces, que decía sí:¡Tres cosas tiene El Puerto, que no las tiene Albacete!. “El Lute, El Arropiero, y el olor del Guadalete”.

Tras regresar nuevamente al Puerto de Santa María aproximadamente allá por el Mes de Septiembre del Año de 1.970, y después de sus celebres correrías mundanas, se dedicó al igual que lo hizo su padre a la venta de arropías de forma ambulante, cuya estampa también dejó ver en nuestras calles isleñas, durante la década de los pasados años de 1.960/70. Quién de aquellos vecinos de nuestra Ciudad, no recuerdan su imagen pregonando sus arropías, que portaba en un canasto especialmente por el Barrio del Carmen. Mi amigo Paco de quién el presente artículo, soy improvisado cronista me relató de cómo conoció a dicho personaje, que visitaba asiduamente su celebre bar en plena Plaza de San Antonio, y de como incluso llegó a entablar alguna que otra conversación con tal peligroso sujeto. En alguna ocasión llegó a quedarse a solas con el, incluso le ayudó a barrer el interior de su establecimiento, que estaba casi cerrado de cara al resto del público; por supuesto que de nada le conocía por aquel entonces, para atreverse con este a tales familiaridades. También y en referencia a si el amigo Paco, conoció a la novia que dicho asesino, tenía en San Fernando y mas concretamente en la Calle Lauria, me dijo que se trataba de una chica que por aquel entonces contaba con 38 años de edad soltera, pero con cierto retraso mental, que residía en el Puerto si bien frecuentaba la casa de una familiar suyo en la citada Calle donde solían verse ambos. El arropiero relató a raíz de haberle regalado a su amada, un par de medias o unos leotardos, el poco tiempo que los iba a disfrutar; todo un macabro presagio de lo que el futuro le depararía a su compañera. Efectivamente cuando corría el día 18 de Enero de 1.971, y ambos hacían el amor en un inhóspito descampado, del Puerto de Santa María, nuestro siniestro personaje, aprovechó para estrangularla con dichos leotardos, hasta asfixiarla y quitarle la vida. Padecía Manuel Delgado un impulso irrefrenable de asesinar allegado el momento hacia cualquier persona que se le cruzase en su camino, por cualquier nimiedad; una mirada a destiempo, el negarle un cigarrillo e incluso una despectiva palabra, fueron algunos motivos que le motivó quitarle la vida a sus numerosas e inocentes victimas. También las crónicas relatan, como tras matar a su pareja y ocultarla en unas malezas, durante los tres días siguientes a su crimen, la visitó para mantener relaciones carnales con esta, y manifestó al ser detenido en dichos parajes por parte de funcionarios policiales adscritos a la Brigada de Investigación Criminal, que si no le hubiesen detenido en tal momento, hubiera vuelto a mantener relaciones sexuales con el cadáver de su novia, el cual ya evidenciaba hallarse en estado de putrefacción.

Como anteriormente relaté, los funcionarios policiales al iniciar sus numerosos interrogatorios, no daban credibilidad a sus declaraciones, y aquellos macabros relatos de muertes y aberración con que el ser humano pueda llegar a perpetrar, dentro de su criminal instinto asesino. Incluso fue el primero en la Historia Penal en España de forma oficial, que sin protección legal posee el haber sido detenido preventivamente durante el mayor tiempo conocido. También que careció de abogado defensor, hasta transcurrir seis años y medio desde su detención. También por haber sido el primer criminal en ser trasladado en avión por España, para investigar sus numerosos crímenes confesados, de los cuales tan solo se pudieron demostrar su implicación en ocho de ellos, de un total de 22 investigados; si bien se le podrían sin equivocación implicar en un total de 48 asesinatos.

A pesar de las numerosas pruebas aportadas tras la investigación policial, que demostraron su culpabilidad y autoría en tales asesinatos. Nunca se llegó a celebrar la vista oral contra el mismo, en base a la por entonces Ley de Enjuiciamiento Criminal, se emitió un auto de sobreseimiento libre, por el cual quedó archivada la causa y se ordenaba su internamiento en un centro psiquiátrico penitenciario. El de Carabanchel, fue su destino hasta el cierre del mismo, donde fue examinado por expertos psiquiatras de numerosos países, quienes determinaron se trataba de un peligroso psicópata criminal, a causa de ser poseedor del cromosoma denominado “XYY”, también conceptuado como el de la Criminalidad o de Lombroso. Los especialistas que le trataron, dictaminaron y coincidieron en no permitir bajo ningún concepto, ponerle jamás en libertad, al ser reconocido como un criminal nato, dispuesto a asesinar en cualquier momento de su vida.

Por su alteración genética descrita, este sujeto carecía de todo tipo de consciencia, y del mas elemental sentido de culpabilidad o de remordimientos por sus actos cometidos. Se creía era normal, incluso cuando asesinaba a sus victimas. Con sus sentimientos cortocircuitados, lo hacia con la mayor pasmosidad, y sin parpadear un ápice su siniestra mirada, sin aceleración cardiaca, y sin mostrar una sola gota de sudor en su piel.

Sus últimos años vividos en los centros psiquiátricos donde permaneció, los paso sin emitir prácticamente palabra alguna. Encumbrado en unas grandes barbas, que le asemejaron a un Robinsón Crusoe, de tales centros mentales. Habiéndose convertido durante su estancia en los mismos, en un hombre cuarentón dotado de cabellos cano oscuro ralo y enmarañado, barba hisurta, rostro ajado y diabólico, ojos azules como el mar, fríos como el hielo y penetrantes como el acero y aspecto envejecido, que susurraba por los pasillos que el jamás mató a nadie. Como si quisiera olvidar aquel medio centenar de asesinatos, de los cuales se confesó autor.

El celebre “Arropiero”, el mas famoso de nuestros asesinos múltiples españoles, tras el cierre del “Centro Madrileño Psiquiátrico Penitenciario de Carabanchel”, prosiguió su internamiento judicial en el “Sanatorio Alicantino de Foncalen”, para ser posteriormente trasladado en el Año de 1.996 al Psiquiátrico de Santa Coloma de Gramanet (Barcelona), al objeto de que estuviese cerca de su familia, concretamente de su única hermana. Y del cual se le permitió libertad salir del mismo, y vagabundear y pasear por sus calles, y las propias de la Ciudad Condal y las de Mataró para fallecer al poco tiempo, de manos de otro celebre asesino de nuestros tiempos; el tabaco. Ya que su muerte acaecida el día 2 de Febrero de 1.998 en el Hospital de Badalona (Barcelona), fue debida a resultas del mismo por una afección pulmonar. Aquel múltiple asesino esquizofrénico, cayó en las garras y fue presa de otro aun mayor que el; aunque de forma mucho mas sutil que sus numerosas victimas.

Recuerden cuando el celebre Viento de Levante, sientan correr por nuestras calles, paseos y plazas isleñas y les parezca escuchar el susurro de aquel pregón, que decía “Vendo Arropías”, piensen en aquel criminal que sembró de muerte y desolación tantos hogares que lloraron la pena de la perdida de sus seres queridos, y de cómo también visitó, aunque de forma siniestra, nuestra querida Isla de León.

Dedicado a mi amigo Paco, por su inestimable ayuda y por contarme parte de su vida, y permitirme por otro lado, el poder divulgar trazos de ella.
Juan José Maruri Niño

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