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el puente de la casería | Colegio Ntra Sra del Carmen 1934-1938
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los maceteros
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Hoy ya no se llevan, pero años atrás ioda casa de clase ni celia que se preciara los tenía distribuidos por cada rincón, algunos con su tapetito de encaje incluido. Déjeme que le explique. Los matrimonios de entonces necesitaban ciertas seguridades para sobrevivir amor aparte-, la principal de ellas era que el marido tuviera un empleo estable, esto quiere decir para toda la vida, no como ahora que tanto han variado los contratos laborales, que no tienen tranquilidad ni los que alcanzan la meta del "contrato indefinido"; o sea, nada que ver con lo que era entonces un empleo para toda la vida, ¿de acuerdo?, pues sigo.
Como me he referido a la clase media debo aclarar que sólo se entraba en esa categoría si se tenía un traje decente para pasear los domingos, ella algún abrigo con cuellecito de piel y un buen broche de bisutería -dato a reseñar positivamente si se tenía criada- y, caso de alcanzar la paternidad, cosa corrientísima entonces, de poca clase media podía presumirse como no se paseara al nene o a la nena en un coche de capota, de ruedas altas, comprado a plazos en Créditos Rucas. Si él alcanzaba a tener sombrero era tanto como estar en el umbral de la gloria, o sea, en el reconocimiento unánime de ¡os que repartían credenciales.
Otro escalón se conseguía si se recibían visitas, los jueves, por ejemplo, por tanto las casas se convertían en el espejo de la solvencia. Una salita con estrado -sofá, butacones y sillas a juego- y un salón con piano, eran signos inequívocos de cierto poderío. Si, además, se tenían cuadros, chineros con cachivaches, abanicos, tacitas de fina porcelana filipina y monerías varias, la cosa ya era de palabras mayores, pero lo que más podía delatar la prosapia era algún retrato antiguo de militar, con sus patillas y su uniforme lleno de galones dorados. No importaba que se hubiera comprado en algún anticuario, lo importante era llamarle "tío Manuel" como si es tuviera presente. Detalle accesorio también de importancia era tener enmarcadas algunas condecoraciones o-en su efecto definitivo, un expositor adosado a la pared en sitio discreto, con la guerrera que llevaba el héroe en el momento de entregar su vida por la patria, si era de héroe de lo que había que presumir. A veces un señor de chaqué y leontina podía pasar por "tío Ernesto", subsecretario de Fomento, que tampoco era moco de pavo. Bueno y, ya digo: maceteros. Distribuidos por toda la casa, especialmente en la galería y, naturalmente, en la salita con estrado y en el salón del piano. Los había primorosos, de caoba, modernistas, sobrios, torneados con columnas salomónicas, macetas de aspidistras o helechos rizados, que no eran lo más impactante, sino el macetero en sí, como si cada uno fuera asentamiento y representación de posesiones ciertasno como aquellas de Cuba, siempre recordadas e inexistentes siempre, que se perdieron por la insurrección de los mambises. ¡Ay, de aquellos maceteros!
La verdad es que hoy han vuelto a tener funciones específicas. ; Si entonces eran testigos mudos V de la vida social de cada casa, hoy siguen siéndolo de la vida socio-político-económica de todo el país, la diferencia es que no son de caoba ni se llaman maceteros, hoy se llaman ciudadanía o contribuyentes, testigos mudos también de todo cuanto ocurre y que í__ sólo se enseñan a las visitas en las manifestaciones masivas. Ya no les ponen encima tapetitos de encaje, sino banderas al viento, que viene a ser lo mismo pero en dinámico, aunque no se les tome parecer. ¡Hasta ahí podríamos llegar! ¿O es que en aquellos tiempos los maceteros intervenían en las conversaciones? Formaban parte del ajuar de la familia, pero no eran de la familia, decoraban los rincones, ajenos al papel importantísimo que desempeñaban. Igual que ahora. Así que si a usted le dicen de ahora en adelante "macetero", debería mosquearse, es una forma fina de decirle carajote
Francisco Carrillo.- Publicado en San Fernando Información 17 de marzo 2007. Ir a noticias de ayer.
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