Sin duda Alguna, los versos de Antonio Machado sobre la dimensión poética de la Saeta, han contribuido con el paso de los años a su conocimiento y estudio más allá de nuestras fronteras, partiendo de la máxima de que estamos hablando del cante por excelencia de la Semana Santa, resultando curioso que, a pesar de su reconocido simbolismo dentro de los recorridos procesionales, se sigan desconociendo sus orígenes, algo en lo que tiene mucho que ver los cambios evolutivos que se han producido en el cante de la misma y las variantes existentes, - en poblaciones como Arcos, se habla de una variante especializada de la saeta que encuentra en el cantautor Manolo Zapata a su máximo exponente, y del que ha sido fiel representante Antonio Soto, el único en vida perteneciente a esa antaña escuela flamenca de grandes cantores que ha dado la ciudad. Junto a él, Manolo Cantarrana y Leonardo Rodríguez han sido otros de los más destacados saeteros arcenses, sin olvidar la aportación de la herencia sonora puesta en práctica por Antonio Soto hijo.
De la Saeta, ni siquiera sabemos por qué recibió dicho nombre, tan solo que es una modalidad del flamenco, su palo, que se practica en Semana Santa y se entona desde la calle o desde un balcón al paso de las imágenes de la Pasión.
Según Benito Mas y Prat, “la saeta es rápida, corta el aire silbando y, si llega a penetrar en la carne viva, hace que brote a torrentes la sangre: el cantar popular, así llamado, es ligero y agudo, sube al espacio como la saeta y penetra en el corazón de los que poseen la viva fe cristiana, haciéndoles recordar el sangriento episodio de la Pasión y Muerte de una manera desgarradora y casi palpable.
Para Antonio Mairena, “la saeta es expresión viva y ancestral del misticismo andaluz, no hace escala. Surge brusca del corazón y garganta del cantaor, y lleva consigo el sentimiento y la pasión de éste ante la imagen de su devoción. Es en realidad una oración pública que arrastra consigo el colectivo sentir de la muchedumbre agolpada en la plaza, en la calle o en el Templo”.
Entre los estudiosos de su origen se encuentran Agustín Aguilar y Tejera, que relaciona a la saeta con la música hispano árabe y encuentra su base entre “los almuédanos de las mezquitas de Córdoba, Granada y Málaga, que a sus pregones, convocando a la oración, añadieron oraciones y lamentos versificados”.
Publicado en Pasión en La Isla. 1998.
El Güichi de Carlos. Marzo 2010.- Año del Bicentenario de Las Cortes.
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