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la fiebre amarilla de 1800.(I) | la fiebre amarilla de 1800 (III)  

la fiebre amarilla de 1800.(II)

Ampliación:
Cabildo de fecha 26.08. En este Cabildo se leyeron literalmente los dictámenes formalizados, por los médicos existentes en esta Villa, resultante de la junta que han celebrado en consecuencia de lo acordado por este Ayuntamiento en el día veinte y dos del corriente, e instruido este magistrado de los contenidos del de la exposición del protomédico de la Real Armada D. Joseph de Salvareza, que ha remitido el Sr. Teniente Corregidor de la Plaza de Cádiz, y de los que aparece de la copia del oficio del Ministro de Marina de aquella Plaza que ha pasado el sr. Intendente al Sr. Juez Presidente y con respecto a lo informado en este auto, por el propio Sr. Alcalde Mayor en razón de las propuestas, que se han hecho por la Junta del Departamento celebrada en este día, acerca de las precauciones que deben de tomarse, para evitar la propagación de las enfermedades epidémicas que se padecen en la Plaza de Cádiz, a cuya Junta ha concurrido. Suplica por aviso del Excmo. Sr. Capitán General en inteligencia de todo, y debiéndose tomar por este magistrado las mas serias y eficaces providencias, bastantes a redimir a este vecindario, de los considerables perjuicios que se le puedan causar, o se hiciese trascendental a el, la referida epidemia. Acordaron que por medio de edictos, se publiquen y fijen anuncios al público, las disposiciones que desde luego se adoptan al indicado intento que son las siguientes:

Primeramente, esperándose que los médicos y cirujanos, procediendo con las más activas diligencias y fervoroso afecto de caridad en el socorro de todo menesteroso, abrazaran el cuidado y molestia de dar cuenta del parte todos los días de los respectivos enfermos que visiten al Gobierno de esta Villa, por medio de los Caballeros Capitulares que por Cuarteles se señalaran, y se nombran desde luego de la siguiente manera:

Para el Barrio de las Callejuelas del Carmen y Calle Real, hasta su Plaza, con sus Calles colaterales; al Caballero Regidor D. Juan Jose Cayzac.
Para el Barrio de la Iglesia Mayor, con inclusión de los Barrios de Lorión y del Hospital; al Caballero Diputado D. Antonio de la Cruz.
Para el Barrio de la Pastora, Calle de la Carraca, Placilla Vieja y Calle Real hasta la Plaza de la Iglesia mayor; al Sr. Regidor Vitalicio y Decano D. Juan de Malpica y Vermolen.
Para el Barrio de Vidal, hasta la Calle de San Juan de Dios inclusive, al Sr. Regidor Bienal D. Felipe del Cueto.
Por último para el Barrio del Monte y Olea, se nombran a los Caballeros Diputados, D. Antonio Jiménez y D. Juan José de la Vega.


Y mediante a que había muchas personas que por sus cualidades no podrán pasar al Hospital de San José, para su curación para que los de esta clase tengan el consuelo de no carecer de auxilio para ella. Se les costee del fondo de propios las medicinas y carne para los pucheros que necesiten y acreditándose su necesidad total e indigencia con certificado del cura párroco o de los tenientes, y del facultativo encargado de su curación, con papeletas del Caballero Capitular de sus respectivos barrios, quienes las facilitaran en las boticas de los Sres. D. Andrés Cortés y D. Francisco García. Lo mismo se ejecutará con las carnicerías correspondientes, las que se mantendrán abiertas por la mañana hasta las doce y por la tarde hasta las 10 de la noche.
Los referidos caballeros comisionados, se encargarán del aseo de nuestras Calles; y aun de las casas de los pobres. Para que las primeras se mantengan higiénicas y se frieguen frecuentemente con aguas puras y frescas mezcladas con vinagre y se ventilen y rieguen también las segundas convenientemente, sin que se consientan ni dejen sin castigo las infracciones más leves, que consisten en arrojar inmundicias a dichas calles. En igual forma han de proporcionar en las plazas y demás sitios anchurosos, algunas candeladas de otras materias, que son a propósito para enrarecer la atmósfera y perfumar la población, y preservando a sus habitantes de todo mal. Por otra parte se hace saber, por parte de la propia prohibición, se saquen por las noches por nuestras calles las vacas que poseen todos nuestros vecinos, y que estos sepan que serán severamente corregidos en el caso de incumplirlas, y a las bestias que perdiendo su mansedumbre se traiga a su dueño, para realizar este algún servicio notoriamente satisfactorio al vecindario.


Hospital de San José. Década de los setenta. Unico centro hospitalario que recibió a los enfermos de la fiebre amarilla en 1800. Fotografía cedida a www.elguichidecarlos.com


Continuará....
Publicado en Información de San Fernando.
Juan José Maruri Niño.

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