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caídos en la guerra de áfrica | la fiebre amarilla de 1800.(II)
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la fiebre amarilla de 1800.(I)
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Entre las muchas calamidades sufridas, en aquella incipiente Isla de León desde sus albores, hasta la llegada del actual Siglo XXI, se citan entre sus numerosos y aciagos acontecimientos: las incontables incursiones y razias de piratas procedentes de berbería e incluso de aquellos Bárbaros Normando o pueblos del Norte de Europa; vulgarmente conocidos por “Vikingos”. Quienes llegaron en sus incursiones hasta la propia Ciudad de Sevilla para saquearla, a través del Río Guadalquivir, cuando corría aproximadamente el Siglo XI. También mas modernamente se cuentan de la visita por estos lugares de aquellos portugueses resultantes de la Batalla de Aljubarrota (los populares Chamorros), quienes destruyeron el Puente y el Castillo del Logar de la Puente a finales del Siglo XIV. De las famosas invasiones y ataques Anglo-Holandeses de los años de 1.596 y de 1.625, de desastrosas y funestas consecuencias. De diversas epidemias de toda clase de malignas enfermedades, las cuales asolaron la zona cubriéndola de muerte y desolación (pestes, tifus, viruelas, cólera, fiebre amarilla, etc); entre otras funestas calamidades. Destacando de entre tantas desgracias, aquel famoso y aciago Maremoto conocido en la Historia por el de Lisboa acaecido el día Uno de Noviembre del Año de Mil Setecientos Cincuenta y Cinco, cuyas embravecidas aguas trasformaron la por entonces fisonomía de nuestra Costa Atlántica de ricas y fértiles hurtas y haciendas, en estériles marismas yermas, incluso cuentan relatos de la época que al desbordarse el Caño de Sancti Petri, sus aguas llegaron hasta la mitad de la Calle Dolores y sus paralelas; amen de diversos huracanes y otros desastres climatológicos. Sin olvidar todo tipo de guerras, revueltas e invasiones sufridas en nuestra zona; especialmente durante la Guerra de la Independencia Española contra la Francia Napoleónica y la ocupación de dicho Ejercito Francés en este caso al mando del Duque de Angulema y sus Cien Mil Hijos de San Luís; que no fueron tantos como se cuenta, durante el periodo comprendido entre los años de 1.823 al 1.828. Pero entre tantos desastres y desgracias sufridas en el devenir del tiempo durante la Historia de nuestra Ciudad, quisiera destacar y centrarme en el presente artículo, por sus resultados hacia nuestra sociedad, a uno en especial, y del cual tratará el presente estudio; me refiero a la gran epidemia de fiebre amarilla o vomito prieto, acaecido en el verano del Año de 1.800.
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En primer lugar definir que es la fiebre amarilla. Esta enfermedad queda comprendida, dentro del grupo de las tifoideas. Se la conocía también como Vomito Prieto o Negro, Tifo Amarillo, Pestilencia Hemorrágica, o Mal de Siam. Se caracterizaba, por los siguientes síntomas: fuertes dolores y calenturas de modo continuado en la cabeza, el color de la piel se tornaba amarillento al igual que las conjuntivas de los ojos, e iba acompañado de vómitos de color negruzco, y de hemorragias de tipo pasivo.
Cuentan que el foco iniciador de aquel mal, provino de tres Goletas cuyos nombres eran: Delfín, Águila y Júpiter, las cuales arribaron al muelle de la Ciudad de Cádiz, procedente de Sudamérica, allá por el mes de Junio del año de 1.800; produciéndose ya en dicho mes las primeras victimas del citado brote epidémico en el Gaditano Barrio de Santa María.
Al parecer entre los meses de Agosto a Octubre de aquel aciago año de 1.800, dicha epidemia asoló la Comarca de la Bahía de Cádiz; dejando tras de sí un reguero de muerte y desolación. Fue durante el mes de Septiembre, en el que mayor número de victimas mortales se contabilizaron.
El presente estudio trata de las repercusiones de dicha epidemia, sobre la comunidad de la Real Villa de la Isla de León; pues el tratar de abordarla más ampliamente sería una ardua y dilatada labor, más propia de un interesante trabajo literario digno de publicar.
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Los primeros datos oficiales que constan en el libro Nº 35 de Cabildos o Actas Capitulares de nuestro Excmo. e Iltmo. Ayuntamiento de la Ciudad de San Fernando del Año de 1.800, se reflejan en numerosas sesiones, mediante un alubión de datos relativos a dicha epidemia, de las cuales y de forma abreviada se detallan los más interesantes; extractando los siguientes:
Cabildo de fecha 23.07.1.800. “En este se comenta de la urgente necesidad de proveer a nuestra Villa de abundante cantidad de nieve, tan necesaria para medicar a sus numerosos enfermos y aliviar los síntomas sufridos por estos, que aún sin lo grave de la estación, en el día experimentan”. Se acordó comisionar a los Sres. D. Juan Serrana y D. Juan Gil, para que dispongan la conducción desde Cádiz hasta nuestra Villa, de algunas cortas porciones de nieve, capaces y bastantes al socorro del diario sustento, hacia dichos enfermos, y que las coloquen en los parajes convenientes para su conservación. En nuestra Ciudad y hasta mas allá de mediados del pasado el Siglo XX , existió en la actual calle de Tomás del Valle una popular fábrica de elaborar nieve; por dicho motivo a esta vía se la conoce como Calle de la Nieve y también de San Guillermo.
Cabildo de fecha 22.08. En este se da cuenta de las noticias que corrían por nuestra Villa, sobre la aparición en la misma, de repentinas y abundantes enfermedades, que se experimentan en la Ciudad de Cádiz, resultando de ellas, un extraordinario número de muertes. Debiéndose recelar a ser trascendentales a este vecindario por la inmediación de aquella Plaza, e indispensable comunicación de unos y otros moradores, por cuyo motivo se hacia preciso precaver con las oportunas providencias, las funestas consecuencias que le puedan acaecer a este común de vecinos. Y, a este intento acordaron ante todas las cosas, que inmediatamente se pase oficio al Sr. Teniente Corregidor de la consabida Ciudad de Cádiz, para que se sirva informar el juicio que hallan formado los médicos de ella, en orden a las inferidas enfermedades como igualmente, las providencias gubernativas que se hallan dictado, para contenerlas y remediarlas. Y verificadas sus resultas, se celebre junta por todos los facultativos existentes en esta Villa para que con conocimiento, de los antecedentes indicados, confieren lo conveniente y propongan las precauciones, que deban de adoptarse, para remedio de los daños, que puedan proferirse en perjuicio de la salud pública, a cuyo intento se pase el oportuno oficio al Excmo. Sr. Capitán General de este Departamento, a efecto de que se expida la orden más eficaz a los médicos y facultativos de los respectivos cuerpos de su mando, para que concurran a la formación de dicha junta, con los sujetos a esta jurisdicción. Estrechándole a su mas pronta ejecución de lo urgente e interesante del asunto. Y en consideración a que mucho podría contribuir a la conservación de la salud, el aseo y limpieza del pueblo. Acordándose también el prohibir enteramente no solo que andén, ni pasten por nuestras calles, ganado de cerda alguno, ni también en las casas y demás parajes del pueblo. Recogiéndose cuantos de estos animales, se encuentren y depositándose en un corral que para ello se busque y proporcione. Imponiéndose por parte del Sr. Juez Presidente a sus dueños, aquellas penas más rigurosas que estime convenientes a contener el desorden, que se experimenta con semejante abuso en prejuicio de la causa pública. Encargándose a los subalternos y ministros de este Juzgado vigilen su observancia, y denuncien cuanto se encuentren en cuyo encargo quedan también, los Caballeros Capitulares de este Ayuntamiento. Y mediante a que no han sido bastantes los repetidos bandos y providencias de buen gobierno, publicados para hacer observar el aseo y limpieza de las Calles, cuyos escombros e inmundicias pueden contribuir al fomento de enfermedades, conviniendo precaverlo por cuantos acordaron asimismo, que dichos Caballeros Capitulares divididos en Cuarteles, reconozcan e inspeccionen el pueblo, y dispongan que por los vecinos inmediatos, a los sitios en que se hallen basureros, los reparen y limpien, sin cuyo perjuicio y con respecto a que estos y la falta de limpieza de las calles, procede de los escombros que se arrojan de las casas, por carecer sus vecinos e inquilinos, de criados o personas que los extingan y conduzcan, a parajes distantes del pueblo que no irrogue perjuicios. Lo que sin duda y con utilidad del común podrá remediarse con el establecimiento de carros de limpieza, que sostenidos con aquellas cortas contribuciones semanales, que hagan los vecinos mismos, lo ejecuten a fin de que pueda tener efecto este importante servicio. Asimismo acordaron se convoque por medio de edictos que se fijen en los sitios públicos, y acostumbrados de estas, para que a todas y cualquiera de las personas, que quisieran hacerse cargo para siento a dicha limpieza, comparezcan a hacer las propuestas que les acomode para en su vista, acordar en la materia lo que se estime conveniente y así se deliberó.
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Continuará.... Publicado en Información de San Fernando. Juan José Maruri Niño.
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