La Virgen del Carmen. Imagen de La Patrona

Su origen (la Virgen del Carmen) es bastante misterioso. Los Protocolos, tan pródigos en otras menudencias, callan en este punto. El primer libro de Cabildos de la Hermandad, a 29 de julio de 1708, consigna escuetamente sin más aditamentos: <Hízose una grave, hermosa y muy” debota” imagen del Carmen, con su precioso niño en los brazos……> Fue regalo de su Prioste don Luis de Ardila, que costeó su hechura en 577 y medio reales de vellón.

Una piadosa leyenda le dio cabalmente un lógico origen marinero. Por aquel tiempo naufragó en el arrecife de Sancti Petri un buque, parte de cuya tripulación se salvó en dos palos del velero, uno de los cuales se guardó después por espacio de muchos años en el coro del convento carmelitano. Aquellos náufragos, fervorosos creyentes, ofrecieron a la Virgen del Carmen, cuya imagen llevaban consigo, una función solemne en acción de gracias. La imagen de la Virgen pertenecía al buque zozobrado, salvándose del naufragio. Lleváronla embarcada hasta el puente Zuazo, y adquirida por el hermano mayor don Luis de Ardila se le condujo solemnemente en procesión hasta el convento Carmen.

Virgen del Carmen. Remitido por los autores.

Por estos años se proyectaba erigir un nuevo templo más digno de albergar a la Virgen. Elegidos los terrenos en lugar próximo al antiguo, y con la ayuda de benefactores y devotos, comenzaron con celeridad las obras, que terminaron en enero de 1733. El 2 de febrero siguiente fue inaugurado saliendo procesionalmente el Santísimo Sacramento– que previamente había sido trasladado desde el antiguo convento -, bajo palio, precedido por la imágenes de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa, traídas respectivamente con este fin de los conventos carmelitanos de Sevilla y Sanlúcar de Barrameda , a las que seguía, llevada en andas, la imagen de la Virgen del Carmen.

Esta fue la primera fiesta principal en que tomó parte activa la fervorosa Hermandad carmelitana; documento de la época describe así la procesión: <Habiendo conseguido nuestro hermano Mayor don Alvaro de la Torre decreto del Iltmo. Sr. Don Fr. Tomás del Valle, Obispo de Cádiz, para que sin Cruz de Parroquia llegase dicha procesión de la Hermandad al sitio de las Tres Cruces para el mayor lucimiento, se dispuso se colgasen las calles, como se ejecutó con ricos y vistosos paños y banderas, se colgaron cuatro altares, uno quedó a cargo de nuestro hermano don José de Leiza, que procuro adelantar el mayor adorno, otro el hermano don Luis Osorio que con su primorosa incendió muestras de su fervoroso afecto, y el otro nuestro hermano Mayordomo don Juan Ruiz del Canto, ambos con la mayor ostentación, y siendo como las tres de la tarde del mismo día salió la procesión de la iglesia antigua.

A uno y otro lado del camino se apiñaba la multitud, sin separación de clases social, desde el caballero de larga casaca, más o menos entonada, con calzón corto y medias de seda, chupa vistosa, corbata de encaje y peluca, hasta el pescador de camiseta azul, calzón remangado de bayeta amarilla, descalzo y tocado de roja barretina, y más allá, la dama encopetada de costoso corpiño y talle de avispa, hasta la mujer del pueblo, de sencillo atavío. Con mucho concurso de la gente más principal de Cádiz y de esta Isla, convidadas por el papel impreso con nuestro escudo, que costeó dicho nuestro hermano mayor. Concurrió a tan deseada función, en la que se llevó las atenciones “nuestra purísima imagen” que adornada ricamente de las piedras más preciosas, aderezos y perlas, demostraba en el escapulario del vestido una vistosa águila con una custodia encima formada de diamantes y esmeraldas y ricas joyas de infinito valor, debiéndose este aparato al celo y cuidado de nuestro Hermano Mayor y al grande esmero que procuró tener en esta lucidísima procesión, la que se ejecutó concurriendo a ella a costa del susodicho “una danza de gallegos”, muy bien vestidos que con buenos instrumentos hicieron su deber. Y al mismo tiempo toda la música de la Catedral de Cádiz que elevando con sus voces el numeroso concurso y disparando muchos fuegos y salvas, llegó la procesión a la plaza de las Tres Cruces donde la Hermandad colocó un “castillo” de inventiva que, habiéndose quemado descubrió con luces una custodia y nuestro escudo; y antes de entrar la imagen en la Iglesia nueva se quemó otro de primorosa idea; y hecha la traslación dispuso la Hermandad un altar a Nuestra Señora primorosamente adornado al lado derecho del altar mayor con muchos cirios y otras luces, que se mantuvieron encendidas las nueve fiestas que se le celebraron diciéndose en él muchas misas, y se concluyó la procesión con la mayor alegría y universal aplauso>.

El cuerpo de Artillería del ejército tenía en el nuevo templo una capilla dedicada a Santa Bárbara.

El primitivo convento quedó durante algún tiempo abandonado, hasta que la autoridad militar, una vez realizadas en él las adecuadas reformas y adaptaciones, lo utilizó como parque de artillería, con cuartel y almacenes, hasta bien entrado el siglo actual en que estos servicios fueron instalados en nuevas dependencias.

En 1768, al establecerse el Departamento Marítimo en la Isla de León, adquiere estado semioficial la devoción a la Virgen del Carmelo, tendiéndose a centralizar en ella las variadas devociones de la gente de mar. Se atribuye al Marqués de la Victoria, primer capitán general de la Armada y de Departamento, la propagación de esta devoción, tanto en Cádiz como en la Isla de León.

Maques de La Victoria

El 5 de febrero de 1772 falleció cristianamente el Marqués de la Victoria, siendo sepultado su cuerpo al día siguiente en la capilla de Santa Rosalía del convento. El mausoleo fue dedicado por el Cuerpo General de la Armada y sería uno de los primeros, con sus restos, que se trasladaron, en 1 de mayo de 1870, al Panteón de Marinos Ilustres. La comisión encargada de la exhumación, presidida por el capitán de navío don Federico Lobatón Prieto, levantó acta haciendo constar que se encontró <el esqueleto completo y articulado y en muy buen estado de conservación el uniforme y el manto de la Orden de Carlos III con que fue enterrado>.En 1774 fue designado Hermano Mayor de la Cofradía del Carmen don Pedro Mesa, Comisario de Marina, que mandó hacer la corona de la Virgen y fue el que más esplendor dio a la Hermandad. Este mismo año la imagen de la Patrona se sacó en procesión para que contuviese el oleaje del mar que amenazaba con anegar toda la Isla.

La primera camarera de la Virgen del Carmen, en 1797, fue doña María Gertrudis Delgado de Alvarez, esposa del alférez graduado de la Armada don Manuel Alvarez, Hermano Mayor desde 1781.

Durante la guerra de la Independencia, se instala el Gobierno de la Regencia en la Isla de León, sería bendecida en el convento carmelitano la bandera del colegio oficial formado por jóvenes estudiantes de Toledo, cuyo director era el teniente coronel de Artillería don Mariano Gil de Bernabé.

Al organizarse la Escuela Naval en 1812 en este departamento, su Bandera con las Armas fue bendecida en el Carmen por el Obispo de Sigüenza.

En adelante la Virgen del Carmen aparece asociada a todos los acontecimientos marítimos: Ella preside, en 1870, la inauguración del Panteón de Marinos Ilustres; Ella despide solemnemente a las expediciones de Infantería de Marina ; ante su altar terminaban sus cursos los alumnos de la Escuela Naval, etc.

Teniendo en cuenta que más de la mitad de sus Hermanos Mayores han sido destacadas personalidades de la Armada, que este era el primer Departamento Marítimo de la nación, que no sólo el mayor contingente de Hermanos de la Cofradía del Carmen han sido siempre marinos, sino que toda su directiva ha estado casi de ordinario presidida por ilustres marinos, que después han ocupado puestos rectores en el Ministerio de Marina, no es de extrañar que en San Fernando y por San Fernando se llegara en 9 de abril de 1901 al regio decreto del Patronato Oficial de la Virgen del Carmen sobre toda la Marina española.
Como consecuencia de este decreto, desde el 8 de junio de 1902 la Hermandad del Carmen de San Fernando considera como su Presidente de Honor nato al Capitán General del Departamento Marítimo, que por tiempo fuere. El 19 de diciembre de este mismo año, el Rey Alfonso XIII aceptó la presidencia honoraria otorgándole el título de Real.

El 14 de junio de 1920 por Rescripto Pontificio de Su Santidad Benedicto XV fue <declarada y honrada como Patrona igualmente principal con San José, su esposo, patrono egregio de la misma ciudad, ya hace siglos>.

Patrona de la ciudad- Remitido por los autores.Foto Quijano.

El 12 de octubre de 1951 tuvo lugar la coronación canónica de la Virgen del Carmen, Patrona de la Armada y de San Fernando, en el atrio del Ayuntamiento en medio del fervor de su pueblo que agita los pañuelos y aplaude con delirante entusiasmo y, como fondo, las notas del Himno Nacional y el repicar de todas las campanas de su Isla de León.

Coronación de la Virgen del Carmen
Coronación de la Virgen Remitido por los autores. Foto Quijano.

Por acuerdo del Ayuntamiento de esta ciudad de 10 de diciembre de 1954, la Virgen del Carmen es nombrada Alcaldesa de Honor, y, por último, un decreto de 10 de agosto de 1955, concede a la imagen honores de capitán general.

Vemos, pues como la devoción a la Virgen del Carmen de la Isla de León es origen de su patronato sobre la Marina de Guerra y de todos los navegantes.

La corona de la virgen del Carmen. La corona de todos

La corona de la Virgen es obra del reputado orfebre sevillano D. Manuel Seco Velasco, autor a su vez de la rica, artística y meritísima Custodia que en 1950 realizó para el templo del Carmen.

La Corona tiene un peso total de 3.362 gramos, incluidas las Potencias del Niño Jesús, y está construida a base de oro de 22 quilates, a dos caras, repujadas, con engarce de 328 piedras preciosas. Asimismo, consta de 11,35 gramos de platino. Su estilo es el barroco, estilizado por la escuela artística sevillana, y se adorna con tres escudos esmaltados: el de la Orden Carmelitana, el de San Fernando y el de la Marina y se eleva sobre un pedestal formado por una pieza de oro y platino para brillantes y chatón en platino para el brillante central, circundada la aureola por doce estrellas de brillantes que rematan una hermosa cruz, compuesta por siete piezas de oro, brillantes y platino cuya base la constituye la bola del mundo, en marfil, también adornada por aros de brillantes. Asimismo las Potencias están formadas por piezas de brillantes, diamantes y rubíes. El artífice sevillano Seco Velasco estuvo secundado en el engarzado de las piedras por el joyero de dicha capital Sr. R. Fernández.

Corona de la Virgen del Carmen de san Fernando
Corona de la Virgen del Carmen

Las Potencias del Niño, también de oro de 22 quilates y de selecto engaste de brillantes y rubíes, son dignas de figurar junto a la Corona, en perfecta armonía con su valor, belleza y estilo.

Corona y Potencias del niño de la Virgen del Carmen

Más tarde, por insinuación de los entendidos en la liturgia de la Coronación canónica, se encargó al mismo artista la elaboración de una Corona para el Niño, en consonancia con la de la Virgen.

Para la realización de la Corona se requería oro, joyas y dinero; los Padres Carmelitas querían que la aportación fuese general para que participasen en la Corona el mayor número posible de amantes y devotos de la Virgen. Abundantemente se difundió, especialmente en el mundo marinero, una proclama-anuncio de la Coronación que sirvió de despertador para la cooperación general.

A esta llamada acudió en pleno la ciudad de San Fernando que no es una ciudad capitalista, sino que vive de la Marina y para la Marina; pero dentro del recortado alcance de su nómina es una ciudad generosa que se volcó con la Coronación igual, que en el 1949, lo hizo para dotar al Carmen de su gran Custodia.

Siendo la Virgen del Carmen Patrona de la Marina Española, se quiso que en la Corona estuviese representada toda la marinería. Y la Marina de Guerra, Mercante y Pesquera acudió solícita a la invitación engrosando con diversidad de aportaciones la recaudación isleña.

En la lista de donativos hay un curioso desfile de todos los barcos, escuelas, cuarteles, arsenales y demás estamentos, aportando su óbolo, voluntario, para coronar a la Patrona.

El rasgo más simpático de este período de póstula fue el de la Asociación de Armadores y Pescadores de la Provincia, que en todos los buques de altura y bajura de la flota pesquera se consideró embarcada como si fuera un tripulante más y ganando su salario la imagen de la Patrona, cediendo para ello los marineros su parte proporcional. Así durante un mes, que, por otra delicadeza, se escogió el de abril por ser el de más rendimiento, la Virgen del Carmen fue la compañera de penas y fatigas de estos heroicos hombres de mar. Como siempre los hombres de la mar hacen bueno el refrán: El que no ve a Dios en el altar lo ve en alta mar.

Merece también destacarse el gesto de un albañil que entregó para la Corona “cien pesetas”, así como la honradez de aquel modesto empleado que compró una participación de lotería para regalar el posible premio a la Virgen; obtuvo uno de los premios finales y el reintegro, y el buen hombre todo lo entregó para la Corona.

A la vista de lo reseñado, queda patente que la Corona de la Virgen del Carmen no fue costeada por un rico hacendado local, ni por la élite de la sociedad isleña, ni por Institución Municipal o Nacional; ésta fue la Corona de todos.

BIBLIOGRAFÍA.
La Virgen del Carmen, la Marina y la Isla de León. J. M. BLANCA CARLIER.- R. G. M.
La Marina en Cádiz. (apuntes históricos).- J. M. BLANCA CARLIER.
La Virgen del Carmen Coronada de San Fernando.- P. Fr. ISMAEL DE Sta. TERESITA O. C. D.

José Carlos Fernández Fernández.
José L. Sánchez Montes de Oca.
Marcos Fernández Martínez.
Juan A. Vijande Fernández.
Jesús Jaén Serrano.