La Tienda Chica

Cuando puedo hacer una escapada a La Isla procuro hacer un acopio de noticias agradables o vivencias redivivas para pasearlas después alegremente por el callejón. Desgraciadamente esta última vez la experiencia ha sido negativa. La Tienda Chica, uno de los últimos reductos de la cordialidad bien entendida está a punto de cerrar sus puertas para siempre. Tendría que tener la pluma ágil y castiza de Antonio Díaz Cañabete en su «Historia de una taberna» para plasmar en acertada síntesis, cuanto ha sido y ha significado la Tienda Chica en el isleño barrio de San Francisco. Con su anunciado cierre se clausuran también cincuenta años de historia cañaílla -al menos la que yo he conocido desde los años de mi niñez-, cuando se servían prodigamente aquellas chiquitas de rebujao, cantaba el “chururú” en la tarde noche de los sábados, y se vivía ése ambiente entrañablemente familiar de solidaria convivencia entre barqueros y profesores del Observatorio, salineros y empleados de la Constructora, mariscadores y funcionarios de la Maestranza, trasminado todo ello por el cercano y goloso aroma del biemesabe caliente del vecino freidor de Bey (otro heroico superviviente) complemento directo de una simbiosis funcional perfectamente armonizada.

La tienda chica. Publicidad
1937 La Tienda Chica. Publicidad en prensa. www.elguichidecarlos.com

Siempre he deseado para mi vuelta definitiva a la Isla, poder asentarme en la triple equidistancia de la Iglesia de San Francisco, el citado Freidor de los Bey y La tienda Chica, tres pilares sobre las que podían quedar edificadas y bien resueltas mis necesidades espirituales y materiales.
Con la desaparición de la Tienda Chica se queda uno de ellos en orfandad, y la verdad es que no tiene fácil sustitución. Porque… ¿dónde gustar de aquellas papas aliñás -únicas en su especie- y aquel cazón en amarillo, rango y privilegio en la irrepetible culinaria isleña?.
Ignoro que será de la Tienda Chica inmueble, cuando eche el cierre final a su vivida historia. Me temo lo peor. Nuevos pisos y nuevas alturas que agravien aún más la blanca estética perdida ya de las azoteas. Pero surja lo que surja, en el espacio contorno de lo que un día fuera señas de identidad de un barrio cordial é íntimo, quedará siempre la huella, el regusto de una taberna isleña que tuvo mayor tamaño y dimensión que el que anunciaba su modesto título.

Grupo de Parroquianos de La Tienda Chica. De derecha a izquierda: Juan Bey Olvera,Luís y Paco Miranda. En la puerta de entrada: Carrasco. Década de los setenta. Fotografía cedida por Francisco Miranda Sáchez a www.elguichidecarlos.com

José Cervera Pery.
San Fernando Información 1994.


La Tienda Chica fue regentada durante las tres últimas décadas por Antonio Espinosa y Josefa Rodríguez. No era una “tienda chica”, poseía un largo mostrador situado a la derecha según se adentraba en el local hasta la ubicación de la cocina. A continuación, un pequeño salón con friso a la mitad de la pared y una docena escasa de mesas dónde se degustaba la buena cocina de ésta taberna, güichi o bar que, en recuerdo a una anterior “tienda” conservó este nombre hasta su final.

Antonio Espinosa (primero derecha) y Josefa Rodríguez, junto con su hijo José (marinero de la izquierda), un compañero de éste y Paco Miranda con camisa blanca. Fotografía cedida por Francisco Miranda Sánchez a www.elguichidecarlos.com

La cocina –coloquialmente hablando sobre los platos que servía- desprendía un exquisito olor en el barrio; En los cercanos patios de San Francisco y del Pino, y “Dispensario Municipal” –el piojito-, por las mañanas se olía a La tienda Chica y por las tardes al “bienmesabe” de los Bey. A veces, incluso en misa de once de los domingos de la Vaticana Iglesia de San Francisco ya habría el apetito de los feligreses.
Por supuesto que las “papás aliñá” con su perejil, aceite, vinagre, cebollita, huevo, sal y el “gusto y punto” que le daba las manos de Josefa o Antonio, fue famosa en la Isla. Incluso se llegó a referirse a la taberna no por la Tienda Chica, sino por, “dónde las papás aliñá”.

No existía entierro en San Francisco que los acompañantes no tomasen en La Tienda Chica la copa de vino por aquello de “quién no bebe vino….”;, con la tapa de “papas aliñá, carne guisá, o cualquier otra delicia de su cocina”.

La Tienda Chica ya cerrada en 2004. Junto con fachada de azulejos color azul, el Freidor de San Francisco. Una parte del freidor, en aquellos años era el despacho del zapatero Meco. La casa siguiente fue el domicilio de los padres del maestro Rafael Orteg

Del cercano Sindicato Vertical que se encontraba junto a la Casa de Lazaga -edificio que en su parte más alta está fechado en el año del nacimiento de la Real Villa de León 1766, recién remodelado últimamente y que se llevó varias décadas en estado deplorable- acudían a cobrar el “sindicato” (paro obrero) las personas que no tenían trabajo. Por supuesto que, con las pesetas en la mano –el paro se cobraba en efectivo-, acudían a “tomarse y pagar” unas chiquitas de vino chiclanero de Vélez, Reguera o la sanluqueña manzanilla de Zuleta a La Tienda Chica. Con la misma ocurría en los güichis de barrios. Estos días suponía la cobranza instantánea del “empleo” en vino del parroquiano. Las próximas ya serían apuntadas.

Por la Tienda Chica han pasado bastantes empleados en su largo historial. Uno de ellos, Francisco Miranda Sánchez, es quién más tiempo ha permanecido con la familia Espinosa Rodríguez, “despachando” y haciendo amigos y parroquianos que, tal como comenta Cervera Pery, la penetración de distintas condiciones sociales de la ciudad constituyeron grandes tertulias y conocimiento de la Isla cultural a la conocedora de caños, esteros, sabores cañaíllas y viceversa. Tampoco faltaba en la Tienda Chica el personal de tropa de Camposoto que, de camino al Cuartel, tragaban los platos y bocadillos que le proporcionaba las energías suficientes para que al día siguiente, con aquellas bastas botas reglamentarias, levantasen el polvo del camino con la instrucción.

Desde el cierre de la legendaria Tienda Chica, Paco regenta un local de comidas situado en la confluencia del Callejón del Callao y Lanuza.

Pedro Sánchez y Paco Miranda. Empleados de la Tienda Chica. Se observa que el grifo de la cerveza es de la gaditana SKOL. Fotografía cedida por Francisco Miranda Sánchez a www.elguichidecarlos.com

Respondiendo a la pregunta que se hace Cervera Pery sobre la edificación del inmueble, hoy en día – trece años después – el solar se encuentra libre de edificación. Eso sí, anuncia una promoción particular que, al parecer, será trasladada la actual farmacia existente en la Alameda. Responderemos con el tiempo.

El güichi de Carlos
Mayo 2007.