La cantera

En estos inicios de la temporada futbolística se habla mucho del once titular y se piensa, por muchos aficionados, que nuestro equipo no es el soñado para lanzarse con ganas de triunfo hacia la tan deseada segunda división; pero no se habla de la tan traída y llevada por la prensa especializada, cantera local. ¿Por qué? No lo sabemos, pero desde luego si vale el consejo, no estaría de más que los descubridores de valores futbolísticos se diesen una vuelta por los barrios de nuestra ciudad en la seguridad de que en cualquier momento, principalmente por la tarde, encontrarán niños o muchachos (de los que ya fuman), disputándose un encuentro de fútbol en medio de la calzada. Y les proponemos que para empezar se dirijan a la calle Bonifaz, junto al Mercado de la Paz, zona dominada por un grupo de mozalbetes que sin respeto alguno a los que van y vienen (señoras con niños chicos, muchachas, ancianos y ciudadanos corrientes y molientes), se dedican al fútbol y con hermosos balones de cuero y todo.
Aquí, quizás, entre estos muchachos que, por ejemplo, hace unos días estaban jugando al fútbol a las diez de la noche, es muy posible que aparezca el futbolista capaz de dar un nuevo aire a nuestro fútbol, porque es ya demasiada afición, jugar incansablemente hasta altas horas de la noche.

Uno, al ver a estos muchachos quemando despiadadamente su tiempo, se imagina que deben estar en edad escolar, y también piensa que poco tiempo deben dedicar al estudio cuando tanto invierte en sus ocios.

De todas maneras creemos que la calle no es el sitio apropiado para jugar al fútbol y menos con la peligrosidad que lo hacen estos muchachos de potentes piernas y endiablada salud.

Recuerdo que cuando era chico, la presen cia de un guardia en las cercanías de una calle era más que suficiente para que en las pañi Has de chicos que jugaban a la pelota se produjera la huida, ahora no se lo que ocurrir pero también me atrevo a pedir que a la vez que los cazadores de talentos futbolísticos, deberían darse una vuelta por la citada calle algún que otro guardia municipal, no de uniforme que esto produce las naturales inhibidles, sino de paisano.

Y tampoco estaría de más que pusieran sustanciosas multas para evitar que esto si repitiéndose con las molestias naturales para el vecindario y peatones.
Comentando este problema con algunas per- sonas, me han dicho que esto se da con mucha frecuencia en muchos lugares de la ciudad; Razón de más para que se tomen las medidas precisas para que esta plaga no se extiem Porque entendemos que ha de educarse a la juventud de tal manera que comprendan cuales son sus derechos y deberes y con plena conciencia, adopten la actitud conveniente para que su conducta no moleste a cada dudada! Máxime cuando no se les puede llamar la atención porque enseguida brota el gamberro y la cosa se complica.
Comprendemos perfectamente que los niños y los jóvenes necesitan del ejercicio físico.

Es el momento de saber encauzar estas ganas de derrochar energías que como jóvenes tienen hacia la práctica del deporte de un modo racional. Hay mucho problema en esto.

Publicado en Boletín “Isla” año 1969.