1810. Comienza el requisimiento de viviendas en la Isla para residencias de políticos y militares que llegan a la ciudad. Las monjas que conviven en el Convento de la Compañía de María, lo tienen que abandonar para establecer la residencia de los Regentes. Durante los dos años y medios que duró el asedio francés, se estableció los dormitorios de sus eminencias.