Allá por los años 30 (siglo pasado), una compañía de medio pelo, acudió al Teatro a representar el puntual Tenorio. Por razones económicas, era habitual service de aficionados o personas en precario, de la propia localidad, para cubrir los “extras” de la función. Y en esta ocasión, para la conocida escena del cementerio, y como estatuas de los mauseolos, se contratar0n a cuatro individuos, uno de los cuales, el “Corruco”, era popularísimo en la Isla. Llegado el momento, los enfundaron en una especie de “monos” de arpillera blanca, le pusieron guantes del mismo color y cara y pelo se lo embadurnaron de crema y talco.
Subidos en sus pedestales estáticos, y abierto el telón, el público “guasón” del “gallinero” reconoció de inmediato al “Corruco” que le asaetaba sin cesar tirándole castañas y gritándole improperios… Hasta que el “Corruco” no pudo más y, sin inmutarse, gritó con todas sus fuerzas ¡¡ Yo me voy a jiñá en tó tus muertos, cabrón!!. El alboroto fue mayúsculo y los tramoyistas se vieron obligados a echar el telón. Ante el escándalo, el empresario con amenazas, obligó al “Corruco” a salir al proscenio a disculparse ante el auditorio, que luego de otra bronca, escuchó atónito al improvisado actor:
“Respetable público, quiero pedir perdón por lo que he dicho…pero es que no sé, ¡no sé¡ cómo habiendo tantos hijos de puta aquí, tuve que acordarme de los del cementerio.
J. González Barba Publicado en Diario de Cádiz.
Ir a día de los difuntos. Ir a la isla en fiesta.
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