Diego de Alvear, Héroe de las Cortes

Diego de Alvear y Ponce de León.

La Real Villa de la Isla de León ha celebrado hace unos días el acto institucional conmemorativo de las Cortes Generales y Extraordinarias de 1810, en los actos de preparación del Bicentenarío del 2010 que presidieron los Príncipes de Asturias. En dicha jornada se entregó el Premio Cortes de la Isla de León 1810 a los Valores Constitucionales y Defensa de las Libertades Democráticas al pueblo del Madrid.

Dichas Cortes elaborarían, como bien es sabido por todos, la primera Constitución española que recogía decretos relativos a la Soberanía Nacional, la inviolabilidad de los diputados y la libertad de imprenta, entre otros, y que conformarían los cimientos del Estado de Derecho, Constitucional y Democrático contemporáneo.

Por otra parte, me alegra conocer el trabajo y generosidad con la que se está tratando los actos promovidos por el Consorcio para la Conmemoración del Bicentenarío de la Constitución de 1812. Es de bien nacidos ser agradecidos y con este lema me presento como descendiente de un militar, Diego de Alvear y Ponce de León, que gracias a su pericia, honradez, visión de combate y servicio a los intereses de España salvó a La Isla de León, a Cádiz y a España de la amenaza francesa.

El 16 de agosto de 1807, dos años después de regresar a Madrid de su internamiento en Londres (ya se sabe tras la perdida de su mujer y siete hijos en la tragedia de “Las Mercedes”) Diego de Alvear es destinado al departamento de Cádiz, como Comisario Provincial de Artillería y Comandante del Cuerpo de Brigadas de Artillería, cargo del que tomó posesión del 15 de septiembre, iniciando inmediatamente la reorganización del Arma.

Diego de Alvear
Diego de Alvear y Ponce de León

Poco llevaba en su labor, cuando se inicia la patriótica lucha contra los invasores franceses, llevándole a tomar parte activa de inmediato, organizando las baterías del Trocadero, Arsenal de La Carraca, Casería de Osio, y disponiendo la mejora de diversos puntos sobre el litoral, especialmente la parte relativa al canal de Sancti Petri, dotando también las cañoneras de sus fuerzas sutiles, para que ya desde el 9 de junio, y hasta la rendición de la flota internada de Rosselly.

Voluntarios distinguidos de Cádiz
Voluntarios Distinguidos. Oficial de Batallones de Voluntarios Distinguidos de Cádiz.Por los colores del uniforme fueron conocidos popularmente como “Los Guacamayos”. Publicado en “Uniformes Españoles de la Guerra de la Independencia”

Finalizada esta etapa, Diego de Alvear constituyó el que se denominó Cuerpo de Voluntarios Distinguidos de Cádiz integrado por cuatro batallones, con unos 2.000 hombres a su mando que enseguida se dotaron de un vistoso uniforme integrado por una Casaca Roja envueltos y solapas verdes y botones plateados entre otras prendas.

No por esta ocupación, dejó Alvear la principal, ya que incansable ordena la construcción de nuevas baterías defensivas en Puente Suazo, en cuya línea llega a asentar cien piezas de grande y diverso calibre, continuando la linea por el Portazgo, Salinas, Gallinera, Sancti Petri, Batibac, Cerro de los Mártires y Campo Soto, cerrando sobre el mar.

Este ilustre capitán de navio, viejo y experimentado marino curtido en mil batallas, mandaba por aquel entonces las tropas de la artillería de las defensas isleñas. A la Isla llegaron tiempo después 11.000 hombres, a cuyo mando estaba el Duque de Alburquerque, que se apresuraron a cubrir la línea, intentando contener a las fuerzas galas. Cuando las vanguardias del Mariscal Víctor llegaron a las proximidades del fuerte del Portazgo-, fueron recibidas con un intenso fuego de artillería dirigido por los hombres de Alvear.

Las fuerzas francesas, imposibilitadas para desplegarse, hubieron de caminar en formación cerrada a lo largo del arrecife o carretera Puerto Real a San Fernando, por lo que fueron fácilmente machacadas por el intenso fuego artillero de los fuertes isleños, y para prevenir un posible ataque de la caballería napoleónica contra estos fuertes, el Duque de Alburquerque dispuso que un nutrido contingente de sus hombres se apostase entre las piezas de los reductos artilleros, haciendo intenso fuego de fusilería. Sin embargo, su presencia en los fuertes interrumpía de manera importante los movimientos de servidores de las piezas, que necesitaban tal espacio para sus maniobras de recarga.

Ello suscitó una agria discusión entre Alburquerque y Arvear, movidos ambos por su inconmensurable amor y lealtad a los intereses de la patria y su deseo común de rechazar a los franceses.

Este último, Diego de Alvear, pidió insistentemente al duque que retirará sus hombres de los reductos y Alburquerque muy contrariado le replicó:

“Bueno, voy a retirar las tropas, pero usted será responsable de lo que ocurra”

A ello contestó Alvear:

“Respondo de lo que ocurra”.

Alburquerque, posiblemente fuera de sí, dijo:

“¡Pues sobre su cabeza va!”

y Alvear concluyó con firmeza:

“Sobre mi cabeza venga “.

No es ningún secreto que con un nutrido y certero fuego artillero, Alvear barrió el campo enemigo y salvó a La Isla y a Cádiz de la amenaza francesa. El ilustre marino, mi antepasado fue nombrado por aclamación general del pueblo  -2 de enero de 1810- vocal de la Junta de Gobierno y Defensa de Cádiz, y por R.O. del 6 de marzo Gobernador Político Militar de la Isla; Corregidor presidente del Ayuntamiento, de la Junta de Gobierno y Defensa, así como Coronel del Regimiento de “Milicias honradas” y “Compañías de Salineros y Cazadores”, y “Comandante de Escopeteros”.

Fue por tanto, Diego de Alvear y Ponce de León quien se encargó de buscar el lugar de ubicar las Cortes Generales y Extraordinarias de la Isla de León, teniendo también que asentar el Consejo de Regencia con sus dependientes. Se instala el primer hemiciclo en el edificio del Teatro Cómico de San Fernando. Durante la peligrosa fiebre amarilla que asoló los escaños de las Cortes y a la misma ciudad, Diego de Alvear fue el encargado de dictar las extraordinarias medidas sanítarias que lograron controlar la misma, y las Cortes se trasladan al Oratorio de San Felipe en Cádiz, en busca, a su vez, de mayores recursos y comodidades para la vida y acrecentar el prestigio de la institución con el aumento de espectadores y aplausos que le proporcionaría aquella populosa ciudad.

En fin. Esto no lo dice el que escribe estas lineas sino que se halla en las hemerotecas Real Academia de la Historia, en el Museo Naval y es sabido por sabios historiadores y amantes de la verdad. Ahora, en este tiempo de preparativos para conmemorar el Bicentenario de las Cortes de Cádiz (1812) no estaría de más honrar la memoria de un distinguido, noble y leal marino que luchó por la defensa de Cádiz y, por ende, la libertad de España.

A quienes guardan memoria y a los responsables municipales de La Isla y de Cádiz, a los que tienen responsabilidades en el Consorcio para la Conmemoración del Bicentenario de la Constitución de 1812, recordarán que hace años se alzaba una lápida desaparecida, fijada en los muros del recinto de entrada en el puente de Suazo en la que se recordaba este notable hecho de armas. Con ocasión del Bicentenario de tan notable acontecimiento, sería de agradecer se honrase la memoria de aquel ilustre marino que dió su vida por la defensa de La Isla, de Cádiz y de España cumpliendo sus tareas y responsabilidades encomendadas por la Corona y a la patria con una lealtad inquebrantable.

José María Moncasi de Alvear
Publicado en Diario de Cádiz 13 de octubre de 2008