Confitería y Pastelería El Arqueño

Mi padre Juan Romero Barroso nace en 1936 y al poco muere su madre, es criado por sus hermanas, que son tres. A los 17 años, muere su padre y él al ser el único hombre deja los estudios y empieza a trabajar. Su primer trabajo, en una pastelería de ayudante.

Con 25 años, después de haber pasado por varias pastelerías cambiaba constantemente al ofrecerles otros un puesto superior, ya que destacaba en esas labores, se encontraba trabajando en Puerto Real. A la vuelta de trabajar cierto día, Quevedo actual dueño de El Arqueño, por el año 1961, busca para su obrador un maestro pastelero, y Vicente el propietario del ultramarinos que se encontraba en la calle Rosario, le hablo del buen hacer de mi padre, ya que había trabajado para el en un obrador que tenia este, lo esperó en la puerta de la pastelería porque le habían dicho que Juan pasaba de vuelta de trabajar. Lo paró y le ofreció el puesto de maestro pastelero. Mi padre le dijo que lo consultaría con mi madre, y al ofrecerle más sueldo y la mejor cercanía de la casa, acepta.

Fachada de la pastelería el Arqueño junto al Mesón del Duque
En la fotografía aparece el local situado en la calle Real esquina a Diego de Alvear. Fotografía cedida por Juan M. Romero Benítez. Cedida a El Güichi de Carlos.

En 1965 se casa con María Luisa Benítez Rueda, un año después Quevedo decide montar el obrador por las torres, ofreciéndole a mi padre El Arqueño, y el 21 de junio de 1966 (yo nazco en el 67) abre por primera vez como propietario. Como innovador que siempre le ha gustado ser empieza a introducir gran cantidad de variedad de pasteles que nunca se habían visto en la Isla, como las carmelas, (bollo relleno de crema), milhojas, (tanques de merengue), tocinillos de cielo, bizcochos borrachos, merengas, pastelería fina, y sobre todo las tartas de merengues, rellenas de sidra (cabello de ángel) y coco, por lo que pronto se hizo muy conocido.

Recuerdo que el local era enorme, lo que mas el obrador (allí aprendí a montar en bicicleta, te puedes imaginar) tenía el suelo de piedra de Tarifa, unas lozas enormes de grandes que podían medir 1 metro de largo por medio de ancho y un grosor de más de 50 cm.

El local del viejo Arqueño. El despacho tenía dos niveles, un gran escalón donde estaban colocados los mostradores, eso dejaba al publico más bajo que estos, Lo que le daba un aspecto más grande aun al local. Junto al despacho había una trastienda donde se almacenaban los pasteles, era bastante grande, casi la mitad del despacho. Detrás del despacho había una sala de descanso, que llamábamos la salita, con una mesa camilla, con su brasero, un sofá, varias sillas y la tele. Detrás de la salita se abría al obrador, que era enorme.

Tenía varias maquinas, una laminadora para hacer la hoja, una batidora para los bizcochos y el merengue, etc., una cortadora de masa, un horno eléctrico, que antes era de gasoil, yo no lo conocí, o era muy pequeño, cuatro mesas grandes con las tapas de mármol, altas para trabajar los pasteles de pie delante de ellas, y un almacén donde se guardaban los materiales. Recuerdo que detrás del horno había en la pared, ya en desuso, un horno de leña muy antiguo y un cuarto de leña en el que no entraba, era el cuarto oscuro, jaja. Junto a este un lavadero, un cuarto grande con un lebrillo de barro de casi 2m de diámetro que se llenaba de agua cuando anunciaban el corte de este suministro. Y un cuarto de baño con una placa de ducha.

Plantilla de trabajadores de El Arqueño
Personal en la Alameda. Personal en la inauguración del local frente a la Alameda. De izquierdda a derecha; Salador, Jesús, Julio Romero, Juan Romero y Maria Luisa Benitez (los Jefes), desconocida y Mariluz. Fotografía cedida por Juan M. Romero Benítez a

Del despacho se ocupaba mi madre y siempre había contratada una chica para despachar. En el obrador había a veces hasta 4 ó 5 personas junto a mi padre. A mí me gustaba ayudar a repartir las tartas a domicilio, por la propina que daba la gente por aquella época, se pillaba un dinerillo bueno, sobre todo cuando llegaban las comuniones.

Por aquella época la carretera Nacional IV pasaba por la puerta del Arqueño, y los domingos quedaban vacías las estanterías de los pasteles, ya que al pasar mucha gente de vuelta hacia Cádiz, en esas largas caravanas que se formaban, se llevaban los papelones.

En Semana Santa se vendían toneladas de roscos, que nos poníamos a hacer toda la familia, ayudaban muchos familiares, todos repartidos por todas las mesas que habían, en recompensa se llevaban una buena bolsa de roscos que mis padres le regalaban.

Mas adelante introdujo las tartas de nata y las de trufas, cosa que no se conocía por aquí. En

Para finalizar, te comento que los precios de los dulces cuando mi padre se hace cargo de la Pastelería y Confitería El Arqueño era de 1 peseta.

El Arqueño se traslada también en la misma calle Real pero en esta ocasón frente a la Alameda Moreno de Guerra. Ello ocurre en el año de 1988 y permanece abierta hasta la jubilación de mi padre en el año 2001. Como curiosidad de precios, en el año 88 un dulce costaba 25 pesetas y al cerrar ya pasó a 55 pesetas.

El Arqueño frente la Alameda Moreno de Guerra
La confitería frente a la Alameda. Nueva ubicación del negocio en la calle Real. Fotografía cedida por Juan M. Romero Beítez a El Güichi de Carlos.

El viejo edificio del Arqueño junto al Mesón del Duque, cuando se realizaban obras en su interior se encontraba totalmente vacío al aire libre. Sólo la fachada permanecía en pié porque había que respetarla. Una noche de lluvia y viento del mes de octubre de 1988, se vio abajo provocando un desgraciado accidente al caer sus piedras sobre los vehículos que se encontraban en la calle Diego de Alvear.

Juan M. Romero Benítez.
Para El Güichi de Carlos.
Diciembre 2009.

1810-2010.- 24 de Septiembre. Bicentenario de Las Cortes. Comienzo de la deliberación y aprobación de los decretos de la primera Constitución española de 1812 (La Pepa), en la Villa de la Real Isla de León.