Bar San Diego

El Bar San Diego se hallaba situado en la esquina de la Calle Real con San Diego de Alcalá. Justamente donde hoy se sitúa “confecciones emma”. Poseía varias entradas por la calle San Diego independientemente de la única que ostentaba por la calle Real. Entrando por esta puerta, un largo mostrador situado a la izquierda de la misma, llegaba hasta el final del establecimiento.

Bar San Diego década de los cincuenta.
Por el total de empleados se deduce el trabajo que generaban los bares de la calle Real. Manolo, Rafa, Alfredo, La Chata; Rubio, Joselito; Pepe Huelva. Fotografía cedida por Alfredo Gómez Artero a www.elguichidecarlos.com

En el hueco de paso de los camareros, un tabique hacía la división entre la cocina –que se franqueaba por dentro del mostrador-, y de los reservados que tenía el bar para un público más selecto o juerguista.

En el centro de este tabique mencionado, el viejo teléfono negro de vaquelita de marcador circular con su característico sonido giratorio. Posteriormente, se sustituyó el “aparato telefónico” por uno más moderno de fichas que se adquirían en el bar al precio de una peseta.

El Bar San Diego estuvo regentado por diversos arrendatarios durante su larga trayectoria. Un local donde sus parroquianos estaban diariamente bebiendo su exquisita manzanilla de barril. Entre los vinos y las tapas de buenos mariscos de la Isla, los domingos por la mañana era imposible coger un sitio en su mostrador. Las mesas situadas en la acera de la calle Real siempre estaban ocupadas. La cocina de San Diego merecía la pena saborear.

Tomar el sol los domingos por las mañanas después de misa –cuando los cañaíllas paseaban entre la Alameda y la Mallorquina -, sentado en viejas sillas de hierro pintadas de colores llamativos, se convertía en un constante saludo a los conocidos que calle Real arriba, y calle Real abajo, pasaban una y otra vez. Al paso de las señoras, por supuesto, se saludaban levantándose de la silla, besando la mano, o simplemente haciendo un intento de quitar el sombrero, gorra o boína con ligera inclinación del cuerpo hacia delante, como señal de respeto.

Tanta fue la fama que procedía de años de la manzanilla que producía los barriles o botas del Bar San Diego que, en 1902, en un largo viaje desde Cádiz a Puerto Real con la intención de presenciar los toros que debían ser lidiados en la capital, los toreros Francisco Ortega “el Cuco” y “Agualimpia”, en un breck tirado por cuatro caballos realizaron una parada “especial” en el Bar San Diego para trasegar su exquisita manzanilla con buenos camarones de la tierra. El Bar San Diego tuvo tradición en el mundo de los Toros a través de la venta de entradas. Se conoce que en 1892 ya se vendían las entradas en dicho local

Bar San Diego década de los sesentaEn los años 60, en su puerta era habitual ver sentado a dos personajes de la Isla de aquellos tiempos; un betunero con su caja de utensilio, y el vendedor clandestino de los “condones y tabaco rubio”. San Diego cerraba sus puertas a altas horas de la madruga –sobre las tres horas-, y se convirtió en el lugar de reunión y última copa para los “juerguistas” de “aquellos tiempos”, y uno de los lugares donde el sereno se refugiaba de las malas noches del invierno.

¡¡Cuantas historias guardarían silencio entre las cuatro paredes de los reservados¡¡ Historias de amor, amistad, celebraciones, cantes y, en alguna que otra ocasión, de cariz político contra el régimen existente, y por supuesto, de aquellas Copas de Europa conseguidas por el Real Madrid..

Cerró sus puertas y por lo tanto dejó de existir allá por el comienzo de la década de los años ochenta.

Varios de los empleados del Bar San Diego decidieron abrir sus propios negocios de hostelería. Uno de ellos, Alfredo Gómez Artero quién ha colaborado con el güichi de Carlos tiene desde entonces la Cantina de la Plaza de San Antonio.

El güichi de Carlos