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cines de verano e invierno

E L   C I N E   E N   S A N   F E R N A N D O 

Con esta imagen encontrada en la web, muy parecida a la que en su día, pudo haber sido del Cine Marqués de Varela, en la calle Lezo, o del Cine Florida en el Callejón de los alambres, (c/Ramón y Cajal), ésta, si fuera del Cine Florida, estaría tomada desde la valla que cercaba el desaparecido Colegio de Huérfanos de la Armada , que lindaba con el Cine San Carlos.
Es por aquí, por donde voy a empezar a hablar de los Cines de San Fernando, tanto de los locales de verano como de las salas, más sofisticadas, de Cine de invierno, primero por ser la zona más al norte de la ciudad, en donde estaban situados estos dos locales de cine veraniego, y segundo, porque por algún sitio hay que empezar


 

Callejon de los Alambres La calle Ramón y Cajal como indica su nomenclator oficial fue muy transitada en los veranos de La Isla de aquellos tiempos con los cines de verano.



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E L   C I N E   F L O R I D A 

Partiendo de la Estación de RENFE, como lugar de inicio, al norte de esta ciudad, y precisamente enfrente, haciendo esquina con la Carretera de la Estación , hoy Avenida de Carlos III, y bordeando la valla de lo que fue el Colegio de Huérfanos de la Armada , se llegaba al  popular Callejón de los Alambres, hoy llamado c/ Ramón y Cajal. Este callejón dividía a los dos cines, uno en cada acera; El Cine Florida que estaba al principio del callejón formando esquina, llegaba hasta la mitad más o menos de la calle, en cuyo extremo se encontraba la puerta de acceso a gradas y su gran pantalla de proyecciones. Se dio la circunstancia que en esa localidad de “gradas” se cambiaron las sillas de tijeras, por unos bancos hechos de mampostería, donde los más cercanos a la pantalla salían del cine con “tortícolis”, de tener que mirar tan hacia arriba. La cabina de proyección se encontraba en la propia esquina, que era redondeada, y dicho sea de paso, la pantalla estaba a la altura de la cabina del Cine San Carlos, - a media calle-. En este lugar, se encontraban las puertas de acceso al local del Cine San Carlos.
El Cine Florida fue construido por un afamado y retirado torero al que se le conocía por Curro Rodríguez, que formó su cadena de cines en San Fernando, junto con el cine de verano Marqués de Varela en la c/ Lezo, y el Cine Alameda de Invierno, del cual hablaré más adelante.


 

Mogambo Típica película de los cines de verano en la década de los años 50. ¿Recuerdan los guapísima que era Ava Gardner?



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E L   C I N E   S A N   C A R L O S 

El Cine de verano, llamado de San Carlos, fue creado con mucha modestia, por parte de tres socios particulares, que ponían bastantes buenas películas, y llevaban bastante bien su gestión y explotación, hasta que la empresa rival y vecina, del otro lado de la calle, empezó a establecer la guerra de la competencia, así ocurría que cuando en un cine ponían la película “Los Diez Mandamientos”, en el otro cine se proyectaba “Ben Hur” (por poner un ejemplo).
Fue tanta la rivalidad, más que la competencia, que se hicieron hasta enemigas, las dos empresas, llegando a querer fastidiar la una a la otra, del modo que fuera, así llegaron a subir el volumen de los altavoces, de forma que molestaba tanto a los espectadores, como a los vecinos de los alrededores, el colmo llegó cuando el Cine Florida puso en su Pared, un tubo con un potente foco dirigido hacia la pantalla del cine San Carlos, viéndose obligado los de la empresa de este cine, a levantar la pared que daba a la c/ Ramón y Cajal, cerca de un metro, con lo que el foco ya molestaba en la pantalla solo la mitad. Al verano siguiente estos tres socios abandonaron su empresa, dejándola en manos de la otra empresa rival: La de Zambrano – Ballester, que era la que llevaba la gestión y explotación del resto de los demás cines, de San Fernando, sobre todo de invierno.


 

Los Hermanos Marx Nos hicieron reir en las décadas de los cines de verano.



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E L   C I N E   C A R R A C A 

Siguiendo por la parte norte de nuestra ciudad, pero yéndonos un poco, hacia el Este geográfico, nos situamos ahora en la calle Cofradía del Huerto, muy cerca del puente del Gran poder, a la espalda de donde hubo una gran ferretería, llamada ISAFE, existió otro cine de verano que funcionó muy bien, durante la etapa de los años 1960 - hasta mediados de los 80 - la puesta en marcha de los cines de invierno con aire acondicionado fue la causa de la pérdida de estos grandes locales veraniegos.
Al Cine Carraca se accedía por el primer tramo de la c/ Carraca, donde actualmente se encuentra la Peña de los Cazadores, en la actual Calle Cofradía del Huerto, donde aún queda parte del edificio de tres plantas que formaba lo que por la parte del cine era pantalla y por el otro lado era de viviendas. Actualmente, todavía se conserva ese bloque de viviendas que está justo donde se estrecha la calle quedando como estrangulada por esa pantalla con pisos.
El Cine Carraca, era considerado como el hermano menor de otro cine veraniego de los de San Fernando, este era el Gran Cinema Madariaga, del cual ya hablaré en su momento. Pero era este cine (el Carraca) un rectángulo aproximadamente del mismo tamaño que el del Cine San Carlos, o el del apartado “sillas de Centro” del Madariaga , también a igualdad con éste tenía el suelo enlosado, cuando el resto de los cines era de albero y había que regarlo antes de que se abriera diariamente al público. Para los días de llenazo, habían amontonadas en el hueco de debajo de la cabina de proyección, unas 200 o 300 sillas plegables, de las llamadas de tijera, que se disputaban la gente el cogerla para no tener que ver las proyecciones de pié.


 

Las películas españolas. Y las de "policiacas" son las que nos entretenían en aquellos tiempos en los cines de La Isla. Al menos nos reíamos y sólo sufríamos cuando "echaban" Dracula.



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E L   C I N E M A   C A S T I L L O 

Y de aquí, andando por la c/ Carraca, hasta el final, y cruzando la Plazoleta de las Vacas (Sánchez de la Campa ), se llegaba a otro señero local, dedicado a la proyección cinematográfica, éste era el Cinema Castillo, llamado al principio, Gran Cinema, que se le cambió el nombre cuando se inauguró el Madariaga, aunque la gente, nunca le llamó por ninguno de sus nombres oficiales siendo su denominación más popular, la de El cine del Castillo, o cine Castillo o sencillamente el Castillo. La razón de estas denominaciones ya se lo imaginan, pues este cine se construyó en el lateral noroeste del muro del Castillo de San Romualdo, siendo la entrada principal por una puerta que daba a la prolongación de la calle Escaño, donde se encontraba a la espalda del edificio de la “Escuela de Maestría Industrial”, también conocida como “ La Escuela del Trabajo”, y delante de ésta la plaza del bacalao, (Font de Mora). Así mismo a la calle Augusto Miranda tenía dos puertas, una para la zona central del local y otra para el acceso y salida de personas de la zona de gradas.  En este cine, y tal vez influenciado por el decorado  natural de la parte derecha del cine, que estaba adosado al mencionado castillo, la mayoría de las películas que allí se exhibían eran de aquellas clásicas medievales, tales como “Los Caballeros de la Tabla Redonda ”, o “Ricardo corazón de León”, o “ La Corte del Rey Arturo”,  o “ La Manzana de La Discordia ”, por poner algunos ejemplos.
 
    


 

Cinema Castillo Se encontraba ubicado en el lateral del Castillo San Romualdo. Una de las puertas daba hacia la calle La Pastora. En la fotografía se encuentra en estado de total abandono con la puerta de preferencia cerrada. Fotografía publicada en calles de La Isla.



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E L   C I N E   A V E N I D A 

Dejando este cine del Castillo, y cruzando la c/ Real, y metiéndonos por el Callejón del Calabocillo, (c/ Nicola) llegábamos a otro cine que estaba montado en la Plaza de Toros, éste era el rimbombante Cine Avenida, lo de rimbombante es más que nada por el nombre, ya que la Plaza de Toros de San Fernando, no estaba situada en ninguna avenida de la cual tomara el cine ese nombre, pero sí se puede decir que era el mejor cine que había en San Fernando para los días de mucho levante, ya que los altos muros que conformaban el perímetro exterior, protegían al público que disfrutaba de ver una película. En cuyo caso, el peor era el Madariaga, por lo grande que era y la altura poco elevada de sus muros perimetrales.
Era este cine de la Plaza de Toros, un cine de tipología atípica, debido a su configuración, pues en todos los cines, el espacio dedicado a patio de butacas, siempre era el más alejado de la pantalla, el de la máxima categoría, a este espacio se le llamaba Preferencia, y era la localidad que costaba más cara su entrada, siendo las gradas las más cercanas a la pantalla y el tíket o entrada siempre era el más barato, por la incomodidad de ver la película casi borrosa y por lo de la “tortícolis”.
En cambio, la situación de este cine Avenida era lo contrario, o sea, que las gradas, que la formaban los escalones de cemento de media localidad, (la correspondiente al tendido de sombra) era la que el gran público prefería puesto que en los escalones de las gradas taurinas se veía la película mejor que en el patio de butacas, que se ubicaba en el platillo del ruedo, entre otras cosas por la altura en que estaba enclavada la pantalla que era formada de un marco de tubos de hierro a la que se sujetaba una gran superficie de lona blanca, los altavoces se colocaban detrás, y cuando había corrida de toros, se tenía que desmontar todo, no habiendo ese día cine, ni el anterior.
La programación, casi siempre era de doble sesión; dos películas y el NO DO, esto del nodo era como un telediario pero visto en el cine, y era más que nada una revista cinematográfica, cuyas noticias se centraban en mostrar los avances desarrollados en la España de los tiempos franquistas. Las películas eran siempre las mismas que ponían en el “cine del Castillo”, pero con orden invertido, de forma que cuando terminaba una en un cine, “el niño de la bicicleta”, que a la manera de llevar hoy en las motos la caja de telepizza, así llevaba los rollos de películas, y dependía de su llegada, el tiempo intermedio entre película y nodo, o entre nodo y la siguiente película, las faltas de puntualidad se tapaban con los anuncios, que a modo de diapositivas, entretenían al público. Esto de los anuncios a veces eran artesanales, consistían en unos cristalitos pintados a mano con pinturas corrientes en los que un texto podría ser como sigue: “COMPRE SU RADIO EN LA CASA DE LA RADIO , ESTABLCIMIENTOS RADIO Y LUZ, EN LA CALLE SAN RAFAEL NUM…”  u otro: “COMA BIEN, SUS COMIDAS CASERAS EN EL SOL DE ANDALUCÍA, ESPECIALIDAD EN MENUDO HECHO DEL DÍA, C/SAN MARCOS, NÚM… “. A veces ocurría que uno de los cristales se ponía al revés y el operador se daba cuenta por las pitadas y el abucheo del respetable, que se calmaba cuando se volvía a poner bien ese cristalito



 

El Cine Avenida Otras de las características de este cine fueron los intensos olores a zotal de los pasillos y que, cuando hacía levante, la pantalla solía moverse disvirtuando a veces las caras.Fotografía publicada en San Fernando Información y comentada por El Güichi de Carlos.



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E L   G R A N   C I N E M A   M A D A R I A G A 

Y así, saliendo de la Plaza de toros, y cogiendo la calle San Marcos, casi al final, en la barriada de la Coronación , se encontraba otro cine y en la C / Lezo otro, pero esos van a esperar porque antes están otros más cercanos.
Se trata ahora de la parte oeste de la ciudad, donde se ubicaba al final de la C / Ancha, uno de los cines de verano, más grandes de Andalucía, solo había otro, casi de las mismas dimensiones y características, en Sanlucar de Barrameda, y casualmente pertenecía también a la misma empresa de San Fernando, Zambrano-Ballester.
Se trata del Gran Cinema Madariaga, ese local totalmente enlosado y con cómodas sillas de brazos, en las zonas de Preferencia y las de una zona intermedia llamada Sillas de Centro, que siempre estaban abarrotadas de público por ser de la misma comodidad que las de Preferencia, pero se notaba en el precio, pues si sillas de Preferencia costaba tres pesetas, sillas de Centro costaban la entrada 1,50 pesetas. Pero lo más curioso es que las localidades de las gradas costaban tan solo 50 ctm. O sea dos reales, la mitad de una peseta. Estamos hablando de los años 60 – 70, cuando una entrada para ver una película en un cine de invierno costaba 6 pesetas, solo costaba la mitad en los domingos y festivos en las sesiones infantiles, que empezaban a las 14,30.       
Se daban en este cine casos que no se daban nunca en otros, por ejemplo como las entradas costaban muy baratas y cabían tanta gente, pues se formaban unas descomunales colas en las taquillas que se enrarecía más el ambiente, cuando alguien detectaba a otro alguien que se había colado o se pretendía colar, momento en que llegaba Bermejo el guardia y se acababa toda la historia, a veces el guardia municipal Bermejo no intervenía por estar todo en orden, y la juventud , para provocarlo se ponían a gritar eheheheheh a la cola a la cola, y ya estaba el lío armado, en otras ocasiones se simulaba una pelea, por ejemplo en sillas de centro, y cuando se disponía a intervenir el mencionado agente se le tiraban hasta sillas contra su persona y tenía que salirse de allí como se pudiera, estas y otras acciones parecidas conformaban el anecdotario de este cine, donde en verdad transcurría más bien que mal, su dilatada travesía cada año en cada temporada de verano.


 

Gran Cinema Madariaga. La fotografía publicada en Calles de La Isla comenta que es la noche de la inauguración. Cualquier día de cualquier verano el cine presentaba este llenazo. Era lo que había para distraerse en aquellos tiempos.Recordar el anuncio de Iberia en el lateral de la pantalla.



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E L   C I N E   C H A M O R R O 

Y ahora viniéndonos más hacia el centro, en la C / Colón esquina a C/ Churruca, y vuelta por C/ Gravina, lugar este que era un domicilio particular, una casa de las de gran tamaño y con jardín trasero, se daban muchas veces proyecciones de películas que de forma casi privada se reunían varias familias a disfrutar de la /las proyecciones que el dueño de la finca deseara proyectar, este ”local de cine de tipo familiar” , en el que a veces entraban otras personas, sobre todo mayores, a las que se le cobraba cierta cantidad de dinero, y cuando no lo llevaban encima se le “fiaba” la entrada bajo palabra de que en otra proyección lo pagaría. Este cine aunque no era de los clásicos locales comerciales, era bastante concurrido y se le conocía con el nombre de Cine Chamorro


 

Marcelino Pan y Vino. Una película que nos enseñó ciertos valores humanos que debíamos tener todos.



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E L   C I N E   S A L Ó N 

Más hacia el centro, y torciendo por el Callejón de las Ánimas, procedente de  la C / Colón, y entrando en la C / Vicario, o Requetés de España, en otros tiempos, y Vicario también hoy, había, al final de la calle, un cine en una plazoleta de forma rectangular que llamaban de la Privadilla , o de San Antonio, tal vez por la antigua parroquia, que con ese nombre, había en los medios de esta calle.
Pero hablemos del cine;  En esos terrenos que formaba la plazoleta de la Privadilla , y que era de propiedad municipal, y que fue cedido por un periodo de 40 años, al solicitar D. Diego Ruiz Muñiz la concesión de esos terrenos para construir un salón dedicado a cine y teatro, por su cuenta, siendo modificada la cláusula de la sesión del pleno municipal de noviembre de 1926, en el sentido de que la dicha concesión duraría 30 años, y no los 40 solicitados, por lo que pasado este periodo de tiempo esa construcción pasaría a revertirse en propiedad municipal.
Dejando al margen todos esos datos históricos de protocolo, municipal diré tan solo, que se terminó de construir el edificio en el plazo pactado de un año, siendo inaugurado en 1928, como salón-cine, aunque tenía un escenario con 8 metros de fondo, muy capaz para desarrollar en él, funciones de teatro. Su denominación le viene dada por que desde el principio solo se hablaba de un “salón de cine”, y “la vox pópuli” que es a menudo, quién pone los nombres a las cosas, puso en este edificio el nombre de Cine Salón.
Se dio la especial circunstancia, que fue en este cine donde se puso en pantalla, en noviembre de 1938, por primera vez en toda la provincia, incluso antes que en la capital gaditana, una película del entonces muy incipiente cine sonoro, iniciándose así una nueva etapa de progreso tecnológico: El cine sonoro, abandonándose, poco a poco, las anteriores y ya anticuadas películas, del cine mudo.
Más modernamente, y ya en 1958, siendo Alcalde de esta ciudad, el recientemente fallecido D. Francisco García Ráez, se revisan los contratos, dándose cuenta, de que a este edificio le había caducado el plazo que se acordó antes de la inauguración, e inicia una serie de diligencias para lograr en 1959, la inclusión del edificio del Cine Salón, al patrimonio municipal, suspendiendo, por tanto las funciones a la que estaba dedicado, produciéndose así la “muerte” del edificio, cuyo cometido como cine, desempeñaba a las mil maravillas.
En 1959, después de una serie de vicisitudes, tales como el cambio de titularidad de la propiedad, que pasó a nombre del señor Ballester Fernández, que se lo cambió al Ayto. por el entonces campo de futbol Madariaga, y los terrenos anexos, con la expresa condición de que el Ayto. y sucesivos propietarios, no podía dedicarlo a otras funciones que no fueran las deportivas. En 1968, pasa el local de cine, a manos de su nuevo propietario, el Señor D. Ramón Díaz (“Ramón 3 chicas”) quién como propietario de un comercio de muebles y electrodomésticos, lo convierte en almacén.
En 1973 cesa este edificio como almacén y es vendido a D. Enríquez Enciso, quién después de varios pleitos con el Ayto. Consigue al fin los permisos para derribarlo, y es en febrero de 1995, cuando de verdad se derriba, terminando así, su corta vida cinematográfica, y demás usos.
Como podrán observar por lo aquí expuesto, el Cine Salón, tuvo solamente 30 y algunos años, de funcionamiento, aquellos en que una vez que se cumplió el plazo pactado, estuvo mientras se dilucidaba qué se debía hacer hasta pasarlo a su reversión municipal, dio tiempo solamente para que dos generaciones vieran cine en su pantalla, son pocas gente dos generaciones, pero son las suficiente para acordarse de Él, son pocas para sentir la nostalgia de su recuerdo, pero son también gentes suficiente para que se piense en que se podía haber hecho mucho mejor.


 

Cine Salón. En los años que permaneció cerrado al público, de vez en cuando, solía abrir y ofrecer un día de cine a los niños de los Hermanitos en el día de San Juan Bautista de La Salle. Fotografía de San Fernando Información y comentada por El Güichi de Carlos.



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E L   C I N E   P U C H E R O 

Y así, con este mal recuerdo, nos acercamos a la Plaza de la Iglesia , donde había un cine que no era tampoco de los de tipo comercial es que no era ni siquiera una sala dedicada a esa función, pues en el sitio que ahora ocupa el Hotel Sal y Mar, hubo un edificio de dos plantas, que tenía en su fachada, una montura de hierro y cristal, a manera de porche, y que sostenido por cuatro columnas de hierro servía de protección contra lluvias inesperadas a las mesas y sillones de mimbre que debajo habían. Esta fachada con esta estructura correspondía al edificio que fue el Casino de San Fernando, y más recientemente se dedicó a casa de la Falange y Auxilio Social, y era ahí en ese sitio donde los fines de semana se proyectaban películas con objeto de que acudieran la gente humilde (los más pobres y necesitados), el motivo era que se les facilitaba un plato de puchero después de presenciar la película, por lo que la gente le llamó a ese local, por tal motivo, el “Cine Puchero”.    
 


 

El Cine Puchero o Pucherito Con ambos nombres fue conocido este singular cine que se ubicó en la plaza de la Iglesia. Fotografía de Quijano.



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E L   C I N E   A L M I R A N T E 

Ahora y siguiendo casi en la plaza de la Iglesia les hablaré de otro cine que también tuvo su historia, se trata del Cine Almirante.
Este cine, catalogado como de invierno, nació –se inauguró- en el año de 1946, corresponde a la época de la post guerra, al año “lajambre” como se decía entonces, por lo que nació con rasgos modernos, y marcó una pauta en cuanto al atrevido diseño.
La fachada de este edificio fue diseñada sobre el modernista estilo del Racionalismo, por el arquitecto gaditano D. Antonio Sánchez Esteve, nacido en Cádiz en1897, y falleció en 1977, dejando tras sí una importante cantidad de obras por él realizadas, obras como, el relleno de los glacis de Puerta de Tierra, después de la explosión de 1947. Son de factura Racionalista obras de gran importancia arquitectónica como, el proyecto y construcción del Cine Andalucía, Edificio Trocadero, Cine Imperial en La Línea de la Concepción , Cine Capitol en Ubrique. Fue artífice de otros grandes proyectos y su construcción, pero valgan los aquí expuestos a modo de ejemplo.  He tomado prestada esta foto de Ángel López Para ilustrar este trabajo, que por ser una magnifica foto-documento-histórico, me viene muy bien.
El antiguo Cine Almirante fue construido en los años 1944-46 por este arquitecto gaditano, el más importante arquitecto racionalista andaluz de la época. El edificio pertenece al estilo arquitectónico racionalista moderno con cierto toque de futurista, pues hoy día no se ve anticuado, radicando sus principales valores en la tipología de cine de la época siendo actualmente, uno de los mejores conservados de toda Andalucía, dentro de los de este tipo de construcciones racionalistas. Las escaleras de acceso a la planta superior, son de pretil de fábrica curva, y el vestíbulo superior se mantiene en su estado primitivo, ya con la nueva remodelación efectuada para ser convertido en Centro de Congresos, conservando interesantes elementos ornamentales de estilo “Decó”. La fachada, que se mantiene intacta,  fue construida con un atrevido voladizo sobre la calle, con esquinas redondeadas, que disimula la parte de voladizo, propio del estilo de construcción habitual en la arquitectura moderna y de signo expresionista. Por esa importancia arquitectónica, los técnicos del Peprich municipal valoraron tanto ese valor arquitectónico, como la ubicación del edificio en pleno centro de la ciudad, así como su posible uso como equipamiento alternativo al Teatro de Las Cortes. Fue cerrado para el uso como salas de cine (tenía dos, en la última reparación y remodelación) en 1992.              


 

Cine Almirante Edificio en construcción en los años cuarenta. La imagen es parecida a la que llevamos años viendo para el Centro de Congresos. Fotografía cedida por Angel López.



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E L   T E A T R O   L A S   C O R T E S 

Y ya que he nombrado al Hoy Real Teatro de Las Cortes y como continuación a este “escaneador” barrido por la ciudad, de norte a sur, corresponde ahora hablar del Teatro “Las Cortes”, como se decía antes.
De este edificio, cuya historia se ha visto ya reflejada en muchos escritos, que hablan mayormente de la utilización como hemiciclo de las sesiones de las Cortes de la Isla de León en 1810, que fueron ya tropecientas veces narradas, yo no voy a hacer relatos históricos de este edificio sino que me voy a limitar a su uso como cine, como Sala de cine.
Una vez concluidos los históricos acontecimientos políticos, en el año de 1812, este edificio volvió a su uso como teatro de comedias, pero en 1910, se celebró el primer centenario de Las Cortes y el Ayuntamiento respaldado por el comercio volvió a poner el teatro casi como estuvo preparado en 1810. En esas fechas, ya el Ayto., había intentado comprar el edificio, y hacerlo patrimonio municipal, cosa que no logró. En los años 30, este teatro era explotado por D. José Tobarra Ortega, que fue el iniciador de ofrecer películas del cine de aquellos tiempos, anunciando “Grandes Proyecciones Cinematográficas”, y así con el apogeo del cine y sus avances tecnológicos, llegamos a los años 50 y 60, cuyo aforo se vio lleno constantemente de espectadores, que en cómodas butacas de terciopelo rojo disfrutaron de las programaciones cinematográficas, estos llenazos incluían también los palcos y las plateas, dándose las circunstancias anecdóticas, de que en aquellos tiempos, se iba frecuentemente el alumbrado eléctrico, encendiéndose entonces el de emergencias, que consistían en unos candelabros con velas que colgaban en las barandas de las plateas.
Y así llegamos a los años 70, que se suspendió toda actividad tanto de cine como de teatro, y en julio de 1980, se reinauguraba este local, pero incomprensiblemente, acondicionado para sala de bingo, dependiente del Círculo de Artes y Oficios. Años después el bingo pasaría al Cine Alameda.
Hay que decir como final, que por fin se adquirió el teatro, por parte del municipio, siendo alcalde D. Avelino Arias, fallecido recientemente, D.E.P. siendo interviniente por parte de la Diputación de Cádiz el Sr. D. Alfonso perales, y por la parte vendedora el Sr. Empresario del cine, y dueño del edificio del teatro D. José Luís Ballester Almadana.


 

Cine Teatro Las Cortes. Los inviernos a las tres de la tarde solía tener la sección denominada "cine infantil". En sus puertas se consolidó un auténtico mercadillo de intercambio de TBO y novelas usadas. El valor del intercambio consistía en el estado de conservación del tebeo. A veces habían pasado por varias casas con la correspondiente lectura de todos los miembros familiar.



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E L   C I N E   A L A M E D A 

Extendiéndome ahora más al Sur de la ciudad, corresponde hablar de otro cine de invierno, el Cine Alameda, éste construido más recientemente, es el más moderno de la Isla , aunque la empresa “Curro Rodríguez” le quiso dar un cierto aire de estilo racionalista y asemejarlo al de la empresa rival, o sea al Cine Almirante, si nos fijamos bien son muy parecidos, arquitectónicamente hablando, pues los dos parten de una planta baja con grandes puertas de entrada en el centro, un voladizo techillo redondeado como separación de la planta baja a la superior, a la que se accede mediante dos escaleras de pretil en ángulo recto, a diferencia del Almirante, que es redondeado, y un gran vestíbulo con amplias vistas a la calle con gran ventanal de grandes superficies acristaladas, a diferencia también con el otro cine, que se soluciona con ventanales de forma cuadrada y que sirven de adorno para la fachada, en su lugar hay una gran pared lisa, pintada de blanco, y no por seguir la costumbre de las casas isleñas, sino para que sirviera de pantalla de cine en el exterior, con objeto que desde el edificio de enfrente poder proyectar los trailer,s y los avances de la programación de los próximos días. Este detalle nunca se realizó.

Por lo demás este cine no tiene ninguna historia, salvo que duró muy poco su vida de sala de cine. Estuvo funcionando desde los años 50/60, hasta la entrada de la crisis cinematográfica, que hubo en aquella época, tal vez por culpa de “el cine en casa”, que fue la televisión, aunque estos aparatos se veían en blanco y negro, pero la mayoría de las películas y obras de teatro, al igual que todos los programas eran en blanco y negro.
Ya solo decir, que este cine, en algunas ocasiones, hizo de teatro, sirviendo al público alguna que otra obra de este género. Pero lo que parece tener más éxito y tal vez sea hasta rentable, es que desde el año 1987, esta funcionando todavía, pero como sala de Bingo.


 

Cine Alameda. Situado en la Alameda Moreno de Guerra era, entre los Cines que gestionó Curro Rodríguez, el de mayor categoría y comodidad. Postal publicada sobre San Fernando.



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E L   C I N E   S A N   F E R N A N D O 

Con estos relatos, solo queda hablar de otro de los grandes cines de verano; se trata del Cine San Fernando, que es el que estaba más al sur de la ciudad, y como empecé por el norte, ahora lo terminaré por el Sur.
Para hablar del Cine San Fernando, hay que decir que era el que le hacía la competencia al Marqués de Varela de la c/ Lezo. Éste cine estaba situado en la Barriada de la Coronación , que se llamó así porque en el año 1951 acaeció el importante evento de la coronación canónica de la Imagen de la Virgen del Carmen, Patrona de la ciudad y de todas las marinas, que se encuentra canónicamente establecida en la parroquia del mismo nombre, perteneciente a los frailes de la Orden de los Carmelitas Descalzos.

Pero hablando del tema de los cines y volviendo al San Fernando de verano, os diré que era un rectángulo alargado de norte a sur en donde en la parte norte tenía la cabina de proyectores, y en el extremo sur estaba la gran pantalla, donde se proyectaban películas en sistema “cinemascope” y “todao” como se decía antes, que nadie sabía lo que era pero que nos hacía más importantes por saber hablar de esos sistemas tecnológicos.
Mirando a la cabina, (norte), tenemos la pared Este, que daba a una pieza de las marismas, al Sur, detrás de la pantalla, teníamos la Fábrica de conservas de caballa de Paquiqui, ya también desaparecida, y de ahí que se le pusiera al cine el mote por el cual fue muy conocido; El Cine de Paquiqui, la otra pared, la que daba a la parte de la ciudad, era la fachada principal, era la que tenía las taquillas y las puertas de acceso y salida.
En este recinto, y después de pocos años de funcionamiento, este cine se cerró, y a los pocos años se construyó uno de invierno, en la parte Oeste (fachada) y dejando la parte Este con una franja de terreno que se empleó para aparcamiento de los espectadores.
Este cine ya de invierno se caracterizó por su buen sonido, pues tenía el sistema de sonido “Cuadrafónico” y llevaba una serie de altavoces grandes empotrados en los muros Este y Oeste, donde en cualquier sitio del patio de butacas se oía perfectamente todos los sonidos. Pero no se sabe exactamente porqué, dejó de funcionar y estuvo así abandonado hasta que se produjo un incendio y quedó para derribarlo, se dice que el incendio fue provocado, pues por aquellos tiempos se comerciaba por allí con drogas, y que uno de esos “camellos” que habitaba en su interior clandestinamente, fue el causante.
También este cine cerró por falta de público y era tal vez por culpa de un aparato que se descubrió en esos tiempos: La “Tele”. La primera cadena de Tve, única que existía entonces se cargó el negocio del cine que quedó relegado aun tercer plano, el segundo plano lo constituyó el video casette y proliferaron los video clubs, y la gente prefirió ver más cómodo y sin salir de casa la película que deseara. Fue la muerte de todos los cines en toda España.


 

Programa de mano del Cine San Fernando de invierno Cuando llegaba una película a "Todao" sólo sabíamos que se escuchaba mejor por ambos lados.



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E L   C I N E   D E   C U R R O 

Y ya para terminar, hablaré del último de los cines, comerciales de verano, el llamado vulgarmente por el público, el “Cine de Curro” cuyo nombre oficial era el de Cine Marqués de Varela. Éste cine estaba ubicado en la calle Lezo, tenía una gran pantalla, que se veían películas de las llamadas de superproducción y era la competencia al de la barriada Coronación, o Cine “Paquiqui”, (el Cine San Fernando de verano).
En este cine se podían ver películas como Los 10 mandamientos, o Ben Hur, o la del Puente sobre el Río Kuay y tantas de ese tipo que se podían ver por solo 10 pesetas, de los años 60-70 y parte de los 80, en cuanto ya el público dejó de ir, y porque a los cines de invierno les pusieron aire acondicionado, y se estaba mejor acomodado en las clásicas butacas, viendo una película y el Nodo, por 15 pesetas, además de estar muy demasiado fresquito, lo único que se echaba de menos de los cines de verano era la cena a base del típico cartucho de bienmesabe, o de la fiambrera con la tortilla, así como la botella de casera o de célis, que muchas familias se llevaban al cine y allí cenaban mientras disfrutaban de la película, todo eso se perdió, para dar paso al modernísimo Multicines, que el primero que hubo aquí en San Fernando fue el Cine Almirante, para continuar con los de el nuevo Parque de ocio y multicomercio que fue el complejo de Bahía Sur, que acabó con todo el negocio de los cines de San Fernando, pues en un amplio recinto se ubicaban 7 salas de cine. Paradójicamente, a los cines de Bahía Sur se los cargó otro complejo de multicines de nueva construcción en pleno centro de la ciudad, me refiero al Centro Comercial y de ocio, San Fernando Plaza, que últimamente ya se estaba viendo amenazado de cierre.

Para “el Guichi de Carlos”
José Luís Leiva



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