Usted está aquí: aquellos tiempos noticiero de la isla noticias de ayer
noticiero de la isla
carnaval
noticias de ayer
la feria
c.d. san fernando
contamos contigo
taxis y transportes
industrias de la isla
las callijuelas

el disco fonogram | los cementerios de la Isla  

el abanico

Ahora es normal ver colgados en las fachadas de los bloques y viviendas un aparato que, indiferente de afear, los gobiernos municipales están pensando el imponer un impuesto por ocupación indebida de espacio que puede conllevar el pago de arbitrio é incrementar las arcas municipales que tan necesitadas están siempre, al igual que ocurrieran en aquellos tiempos.

Estos aparatos tan generalizados en los hogares de hoy en día se tratan nada más y nada menos que del “aire acondicionado”. Aire fresquito que ya se colocan en todas las habitaciones de la morada excepto –lo más normal-, que no se encuentre en el cuarto de baño. En dos palabras, en el retrete o vater. Aquí de momento no es usual pero, tiempo al tiempo.

El auge de estos aparatos es debido por una parte al cambio climatológico que se está produciendo por no saber hacer bien las cosas y la falta de instrucción que hemos tenido en respetar el medio ambiente; El bajo precio que nos ofrecen ahora por la necesidad de eliminación próximamente del gas y componentes que dañan un poco más. También hay que considerar la financiación con el dinero de plástico.
Resulta que tan solo hace treinta años, era muy raro ver en algunas de las casas de la Isla que tuviese instalado el aire refrigerado. Disfrutaban del aire los más pudientes económicamente –que no eran muchos-, y aquellos que, sus instalaciones y consumo eran pagadas con cargo al presupuesto de la nación.

En “Aquellos tiempos” los veranos también eran calurosos y tenían más días de calor que los de hoy. Nuestros paisanos acudían a las playas de Cañoherrera o la Casería para apagar los calores insoportables, y en las tardes noches, a la fresquita, se reunían en los patios de vecinos o en las casapuertas. Sentados en la puerta de la calle, los vecinos se apiñaban y conversaban entre ellos y los paseantes. Tenían que salir al exterior por no poder soportar el fuego que retenía durante el día y que al atardecer noche, desprendía los muros y ladrillos de los altos techos de las casas. Agitaban con rápidos movimientos y crear alrededor de la cara y cuello una corriente de aire continua con los populares abanicos que le hiciera más llevadero los sofocos y, en ocasiones, se utilizaba de quitasol.

El uso del abanico es antiquísimo. Se conoce que cuanto al menos, en el Egipto de los faraones, aunque en versión de plumas de aves – avestruz, faisán o pavo real- , ya se refrescaban con este ingenio. Con los abanicos ocurrió al igual que con el aire acondicionado. Al comienzo, cuando llegaron aquellos de Oriente, sólo lo usaban las mujeres de alta alcurnia hasta que se popularizó. El abanico siempre iba con la mujer. En el bolso, en la mano, al hablar e incluso se abanicaba estando rezando o arrodillada en las Iglesias. De vez en cuando, al dejar de abanicar, se dejaba cerrar por completo y con un golpe de mano, volvía nuevamente a abrir y abanicar.


Postal de La Isla años 20 Los jóvenes lozanas acudían a la Alameda, lugar donde se podía acercar -lo más lejo posible - los pretendientes y novios a escondidas de las carabinas. www.elguichidecarlos.com

Los movimientos dados intencionadamente a los abanicos, no se sabe desde cuando, alecciono una manera de hablar que se transmitía de madres a hijas. Cuentan que las jovencitas de los Siglos XVII y XVIII siempre se hallaban acompañadas por algún familiar o persona de servicio –las llamadas carabinas- que las mantenía a cuidados de que se le acercase algún joven. Las lozanas al no permitirlas que se le arrimarse muchacho alguno, se idearon un lenguaje peculiar utilizando el abanico que, como se ha comentado anteriormente, siempre lo llevaba consigo.
De esta acción, nació una manera seductora de comunicarse entre novios, pretendientes, amores prohibidos o pesados de turnos. Aquellos que aprendieron a hablar, leer e interpretar el lenguaje –nada fácil de conseguir-, se formaron en la interpretación de una lengua secreta que, como ocurre en el hablado, cada localidad o provincia, poseía sus peculiares definiciones no entendibles por persona de otros lugares. Los caballeros solían utilizar un pequeño abanico que al no usarse era guardado en sus levitas, pero, al no ser el pequeño abanico usado por todos los caballeros, éstos, adecuaron el movimiento de bastón a la lengua.


Pensemos en una conversación que bien pudo haber dado lugar en nuestra Alameda Moreno de Guerra o en La Glorieta, cuando nuestras ¿abuelas? o madres de éstas, tomaban el fresco sentadas en aquellos “canapés” y próximas a ellas, se encontraba el galán con quién deseaba comunicarse utilizando el abanico para no ser descubierta por su “carabina”

Una chica que posa el abanico sobre sus labios y mira fijamente a un chico, éste sabe que él es el elegido y está recibiendo un beso.
Abanico medio abierto tocándose los labios; “Puedes besarme”.
Abanico abierto ocultando los ojos; “Te quiero”.
Mover abanico alrededor de la mejilla: “Te quiero”.
Abrir solo tres varillas o pasar un dedo: “Te quiero cada vez más”
Tocarse el pelo con el abanico: “Me acuerdo de ti”.
El abanico cerrado tocando el ojo derecho “¿Cuándo podré verte?”.
Abanico abierto dejando cinco varillas a la vista: “A las cinco”.
Abanico cerrado y brazo extendido señalando; “En ése lugar nos vemos”.
Abanico sobre mejilla derecha; “Sí”. Mejilla izquierda; “No”.
Abrir abanico despacio totalmente: “Espérame”.
Colocar el abanico detrás de la cabeza: “Sígueme”.
Abanico en labios inferior: “! Cuidado viene alguien ¡”. “Pueden verte”.
Abanico cubriendo parte de la cara: “Nos vigilan”.
Abanico dando vueltas en la mano izquierda; “Nos están viendo”.


Una guapa joven sentada en una silla tomando el fresco en el balcón que da a la calle Real, ataviada con traje de luto hasta el tobillo y cuello alto con encaje. Detrás de ella, se observa la figura de la madre apoyada sobre la mesa de camilla zurciendo un roto. El padre, -hombre enchaquetado y corbata, camisa blanca que matiza sobre chaleco negro- se encuentra leyendo “La Correspondencia de San Fernando del día 8 de agosto de 1910”. Se hallaban a las cinco de la tarde.

La chica observa a su pretendido en la esquina de la Gran Vía:
Cuenta las varillas del abanico; “Deseo verte”
Abanico en la cien y mirando hacia arriba; “Pienso en ti noche y día”.
Abanico golpeando un objeto; “Estoy impaciente por verte”.
Abanico dejándolo caer; “Soy tuya”.
Abanico contra la ventana; “No me dejan salir”.
Abanicarse y asomarse al balcón; “Ahora bajo”.



Se celebraba un baile en el Casino de San Fernando. Elegantes damas y caballeros uniformados militarmente elogiaban una fiesta social. Los moscones –los que se encuentran morsegando a cualquier mujer- que siempre los ha habido, no dejan de fijar la vista en una y otra damas:

Abanico en movimientos cortos y rápidos sobre el pecho; “Estoy comprometida. Déjeme”.
Abanicarse el pecho lentamente; “Soy soltera, sin compromiso”.
Abanicarse lentamente; “Estoy casada”.
Abanicarse rápidamente; “Tengo novio”
Abanico pasando por los ojos; “Lo siento”.
Mover el abanico amenazante; “No seas imprudente”.
Abanico abierto sujeto con las dos manos; “Olvídeme”
Abanico detrás de la cabeza con el dedo extendido; “Adiós”
Abanico sobre la oreja izquierda; “No quiero nada con Vd”.
Abanico dando vuelta con la mano derecha; “Quiero a otro”.
Abanico de una mano a otra; “Se que estás mirando”.

Para que el cursi militar dejase en paz a la bella dama, ésta tuvo que aparentar un mareo y cubrirse la cara con el abanico. Entonces, toda persona conocedor del leguaje seductor, interpreto que le decía:
“Déjeme en paz, es usted muy feo”.

El güichi de Carlos.
Julio 2007

Ir anoticias de ayer




Indice Actualización y Contácto Noticiario... Aniversarios del güichi !Ultimas Noticias¡
Estadisticas y contadores web gratis
Contadores Gratis