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San Fernando definió en aquellos tiempos sus fiestas mayores no como Feria sino como: “La Velada de la Virgen del Carmen Coronada”. “La Velada de la Virgen del Carmen y La Sal”, o “Velada de Nuestra Señora del Carmen”, pero en definitiva, para todos fue “La Velá” o “La Feria”.
La Isla nunca fue feria de ganado, pero algún que otro año, cuando las huertas y salinas se servían de mulos y borricos, en cierto lugares a veces ajeno a la Velá, se hacían intercambio y negocios de animales. La última a la que hacen referencia los medios de comunicación fue siendo Alcalde de la ciudad D. Rafael Granados en 1947, celebró en terrenos de Madariaga una feria de ganado. Los días de “la velá” era alegría en La Isla.


1953 foto Quijano cedida por el Museo Histórico Municipal.

Desde los primeros años del Siglo XIX (década de los veinte), la celebración de la Velada se instaló en la plaza del General Pidal (1821 a 1834); posteriormente en la Plaza Rodríguez de Arias (1850). A la Plaza del Rey llegó allá por 1888, llegándose incluso con el paso de los años ampliar a todo lo largo de la calle Real, Plaza de la Iglesia y Font de Mora; calle Rosario y Paseo General Lobo (La Glorieta)


1953 foto Quijano cedida por el Museo Histórico Municipal

Las celebraciones y festejos fueron variados: conciertos de bandas en las principales Plazas; regatas desde el caño del Zaporito al Puente Zuazo; las cucañas en el parque y marítima en el Zaporito; corridas de toros; casetas; cacharros infantiles; Para finalizar, los clásicos fuegos artificiales que tanto gustan. Un año, en los terrenos de San Carlos hubo hasta un hipódromo.
Ahora nos vamos a centrar en las Ferias de las décadas de los cincuenta a los setenta del siglo pasado. Aquellas que comenzaron en 1953 en el entonces Parque Almirante Lahulé (popularmente llamado “Parque de los Patos”), eclipsando el apellido de todo un Almirante de la Armada Española. Los terrenos de la vieja huerta de Caramé fueron adquiridos por el Ayuntamiento siendo Alcalde D. Francisco García Ráez, quién luchó y consiguió para la ciudad, el primer y gran parque que podía disfrutar los cañaíllas. Esta huerta, desde un principio tenía buen abono para sus árboles y plantas. Sobre sus terrenos, desde la compra a finales de 1951, se fueron depositando los sedimentos de la limpieza de las pozas que entonces tenían las casas de La Isla. El servicio de limpieza de pozas fue conocido como “la privá”. Era realizado con unas bidonetas o vagonetas que transportadas al hombro mediante unos palos sobre los hombros, y al mismo paso, en evitación de mancharse y apestá una hartá.


1962 programa oficial.

Aquellos años los festejos venían a durar entre quince y diez días, (incluía 2 domingos). La Velada consistía en una fiesta religiosa, cultural, popular, deportiva y disfrute de los cañaíllas. El comienzo oficial se producía en el atrio del Ayuntamiento. Sobre las diez de la noche, se coronaba a la Reina de la Feria y Fiestas del Carmen y de la Sal, y la proclamación de Damas. Entonces, todo el edificio del Ayuntamiento era iluminado. Seguidamente, las calles Isaac Peral y en menor esplendor, la de Hermanos Laulhé. Las bombillas iluminándose parecían correr hasta llegar al Real de la Feria en el Parque. Los cacharros desde horas antes ya funcionaban, eran más baratos.
En la Casa de la Cultura, en el Colegio de La Salle –calle Real- y en “el Instituto” –hoy Colegio Laulhé-, Centro Obrero las inauguraciones de las exposiciones de pinturas, fotografías y actos culturales se celebraban. A destacar las exposiciones de Fotografía y Diapositivas en color de los isleños Quijano y Guillén y la Asociación Fotógrafos Isleños (AFI) celebraba sus exposiciones y premios “Cañaílla de Oro”.


1962 los cacharros de la feria. Foto Quijano cedida por el Museo Histórico Municipal.

En la Plaza del Rey los conciertos de la Banda de Infantería de Marina deleitaban a los concurrentes amantes de la música antes de subir al Ferial.
La Reina y sus Damas, una vez recibida la recepción oficial en el Palacio Municipal, acudían en coches –descapotables y siempre cedido por un vecino- a la Feria para que en la Caseta Municipal abrieran el Baile y, por lo tanto, quedaba abierta oficialmente el Real. Las Reinas y Damas de aquellos tiempos, guardarán bonitos recuerdos de aquellos actos. Normalmente, siempre eran de familias respetables de la ciudad vinculadas con las autoridades civiles y, dado el carácter militar que tenía entonces, el primer Departamento Marítima de España, el nuestro, aquí en La Isla, era normal que hijas de Capitanes Generales y Almirantes de La Carraca, también tuvieron el honor de ser, por unos días, Reina de todos los isleños.


1963 concierto Foto Quijano, cedida por el Museo Histórico Municipal.

El Parque llegó a ser cómodo con tan solo dos calles –anchas- que hacía el Real. Los cacharritos se instalaban en el centro y, a ambos lados, las tómbolas, puestos de turrones y algodón y nada más. Las casetas particulares eran tres; Los Grupos de Empresa de La Bazán y San Carlos eran prácticamente las únicas que se instalaban en la parte de en medio del Parque, también la del Comercio é Industria. Estas casetas ofrecían la colaboración al Ayuntamiento y marcaron un hito en la convivencia de sus empleados y en la Velada.


1962 puestos turrones. Foto Quijano cedida por el Museo Histórico Municiapl.

La tirada de Pichón en el ventorrillo “El Inesperado”. El concurso popular de pesca marítima en el Puente Zuazo organizado por “La Corchuela”; Los partidos de baloncesto en el “Campo de la Bazán” y los de Jockey Sala en el “Pablo Negre”, cuyos representantes de la Isla entonces eran el Sagrada Familia y San Fernando O.J.E.
La “Elevación de globos y fantoches”; Los sorteos con premios entre las chicas de 18 años de un magnifico mantón de Manila, o bolsa de caramelos para los niños que se presentasen ataviados con el traje popular. Las carreras de ciclismo en circuito urbano. Las de sacos que tanto nos reíamos con las caídas de los corredores. Las de cintas en bicicletas; Carrera de lentitud en bicicletas y por supuesto, de “Burros Flojos”, aquellos animales que con su trabajo tanto trabajaron para ayudar en el sustento diario a las gentes de las huertas y salinas.


carrera de bicicletas. Foto cedida por la familia Vicente Garcés.

Por fin llegaba el día grande. El día de la Patrona y todas las Carmelas de la Isla. La Banda de Cornetas y Tambores de la Policía Municipal dirigida por el guardia Florencio Bermejo, a las siete de la mañana del día indicado, recorrían tocando una “Diana Floreada” desde el Parque o La Glorieta a las principales calles y barrios de la Isla. Los Municipales –que no eran todos-, finalizaban después de varias horas de concierto callejero aproximadamente a las 10 horas en la Plaza del Rey. La Isla se había despertado. Otros años, cuando ya desapareció la popular Banda de Bermejo, fue sustituida por la de la Cruz Roja, la del Tercio de Armada o Cuartel de Instrucción de Marinería.
La Reina y las Damas acudían por la mañana al Convento a realizar la ofrenda de productos de la tierra y sal. Los actos religiosos en el Carmen reflejaban galones, estrellas y vistosos uniformes blancos de los oficiales de la Armada.


1953 inauguración fuente iluminada Foto Quijano cedida por el Museo Histórico Municipal.

El color caqui del Ejército de Tierra, y el verde de la Guardia Civil con tricornio de charol. Las Autoridades civiles con levitas. Los de la Hermandad del Carmen con oscuros ternos de los domingos. Los carmelitas entonaban la Salve Marinera. En la calle, Soldados, Infantes, Marineros y Suboficiales. La plazoleta del Carmen y la calle Real se encontraba ocupada por los militares. Por supuesto, que también se encontraban “los cerillitos”.


1953 primer alumbrado en el parque. Foto Quijano cedida por el Museo Histórico Municipal.

La procesión marítima discurría según el horario de la marea. En muy pocas ocasiones, se ha celebrado por la mañana pero, si ha ocurrido. “La Carmela” recorría los caños de La Isla seguida de las embarcaciones de pesca y los pocos faluchos que quedaban. Los pescadores de gallinera celebraban ese día de convivencia y almuerzo preparando la procesión marítima. La Marina llevaba en una de sus embarcaciones a la Patrona y autoridades. Al llegar a Gallineras de regreso, la procesión enfilaba la albina para subir, acompañado de un impresionante gentío la calle del Carmen En las Callijuelas, los vecinos en los patios, balcones, azoteas y casapuertas, adornaban con colchas y sus mejores prendas para recibir a “La Callejolera”. Este era el momento que el pueblo disfrutaba de su Patrona. Muy poco por cierto pero, esta Hermandad ha estado siempre más pendiente a los mandos, que a la gente de boina y alpargatas.
Por la tarde, corrida de toros con los matadores afamados del momento. En la caseta Municipal por la noche, se celebraba la Fiesta de la Prensa, donde se repartían regalos ofrecidos por el comercio y nombramiento de la “Señorita Prensa y Radio” a la que concurría buena parte de la entonces llamada “sociedad isleña”.
Por la caseta Municipal actuaron buenos solistas de aquellos tiempos. Basilio, Karina, Formula V, Mike Kennedy, Enrique Montoya entre otros. Los conjuntos que amenizaban fueron Los Pippers, Tony Zonty, Los Selenitas etc.


1961 procesión marítima. fotografía Quijano, cedida por el Museo Histórico Municipal.

La cabalgata de Gigantes y Cabezudos que se construían en los talleres de San Carlos y que tantos y tantos años duraron. Aquellos grandullones muñecos que corrían hacía los niños y lloraban en lugar de reír. El ratón Micky, Mini y el conejo de la suerte, posteriormente fueron, como la vida en sí, relegados por las modernidades de la abeja Maya, Heidi y otros más. La Comisión de Fiestas del Ayuntamiento, como se ha comentado anteriormente, estaba atento dónde podían localizar un vehículo descapotable para la Reina y las Damas. Se utilizaron cuantos había en La Isla, e incluso se trajo algún que otro de Cádiz. El problema era que en uno o dos años, debían buscar otro coche ante la negativa del propietario al no recibir compensación económica alguna en los gastos por parte del municipio. Otros los cedían gratuitamente. Las personas de la Comisión de Fiestas eran como los gigantes y cabezudos, todos los años eran los mismos y, gracias al trabajo de tantos y tantos, tuvimos cabalgatas en Feria. Por citar algunos, Manolo Olmo, los Pizones, etc.


1962.El látigo no faltó ningún año. Paco Pérez Fdez, Juana Mari Andrade Fdez, junto con los primos Jesús, Carlos y Paco Rodríguez Fdez. Foto cedida por la familia Rodríguez Roldán

Todos los días el edificio del Ayuntamiento y la Plaza del Rey se encontraban totalmente iluminada. El gentío subía y bajaba principalmente por las calle Isaac Peral y Hermanos Laulhé (calles oficiales de la Feria, que incluían los característicos olores de la pescadería y posadas del barrio), En las calles de Cecilio Pujazón, San Diego y Saturnino Montojo existía algo de iluminación. Los vecinos, sentados en sillas de nea con abanicos parlantes según el movimiento característico que infundía su dueña, que por supuesto, daba el correspondiente golpe en el pecho para descansar. Estas personas se reunían en las “casapuertas” a veces con el papelón de “pescao frito” hasta las tantas de la noche –total con el ruido no se podía dormir- en amenas conversaciones y a veces, observando a todo aquel que pasaba por delante. “El Patio Felipa” en la calle Isaac Peral era una aglomeración de gentes sentadas en la gran casapuerta que tenía.


1962 iluminación Ayuntamiento. Foto Quijano, cedida por el Museo Histórico Municipal.

Al entrar en el Parque por la calle Isaac Peral, el primer edifico que se encontraba eran los “servicios” también llamados “evacuatorios”. En la puerta se encontraba para mantenerlo siempre limpio Luisa la del Patio Felipa, la mujer del Monje. Mujer de moño negro y blanco delantal, mantenía con cierto olor a zotal la limpieza y desinfección de los urinarios. Todo, por la propina que daban al desahogarse. A continuación ya se encontraban los puestos de turrón – del blando o del duro -, el de coco, y el aceite hirviendo de “las porras o buñuelos” que los daban sujetos a través de sus agujeros por una hojita fina de palma. Las “papas fritas”; El falso moro de los pinchitos. El fotógrafo con el caballito de cartón; globos de colores; las tómbolas con las tablillas que nunca tocan y el feriante “pejiguera y jartible” con voz ronca y pañuelo blanco cubriendo el micrófono que nos daba “coba” constantemente. Los regalos de las tómbolas estaban enfocados principalmente al hogar. Juegos de cacerolas, sartenes, mantas. Había en aquellos tiempos, mucha necesidad.


1953 evacuatorios. Foto Quijano cedida por el Museo Histórico Municipal.

“Los coches de choque”, “el látigo”, “las cunitas”, “los caballitos sube y baja”, “el badén”, “el pulpo”, “el viaje a la luna”, “Los Espejos que era dónde nos reíamos de otros”, “Las Caseta de las latas” que por tres pesetas intentábamos ganar; “El Tren de los escobazos”; “La pesca del patito amarillo”, y por supuesto, en ninguna feria faltaba “ El Levante de nuestra Tierra”, aquel que adelantaba la Sal y nos ponía los ojos llenos de la tierra del Parque


Juan Martin y Felisa Rivas Juanito el de la Argentina.

Como quiera que dos días más tarde de la festividad de la Virgen del Carmen se “solemnizara una fecha para olvidar”, aquellos días, se solicitaba en mesas petitorias un donativo para la Cruz Roja. Mesas por las que “debían pasar” todo aquel que deseaba ser considerado. El Ayuntamiento oficialmente se valía la Feria y la fecha del llamado “alzamiento” para difundir las mejoras y obras del Estado, Provincia o Municipio habidas en la ciudad –como ocurre ahora en elecciones-, arreglo de calles; Inauguraciones de la Clínica y Piscina Municipal entre otras, con asistencia de autoridades civiles, militares y eclesiásticas.


1951 entrega 24 viviendas en la calle alsedo. Foto Quijano cedida por el Museo Histórico Municipal.

Los vecinos de las Callijuelas, Casería, Pastora, Cristo, Patio de San Francisco, Gallineras y Bazán. Los empleados en la Constructora, la Bazán, La Carraca, la Maestranza, el Ayuntamiento, la Fábrica de Paquiqui, la Ladrillera, los de la Plaza y La Pescadería, los de los refinos y comercios, los militares activos y los licenciados. Los salineros y pescaores. Los del Lapero y basureros, los de las huertas, los que tenían economatos; TODOS con sus familias numerosas iban a la Feria. Vestían de estrenos o simplemente se ponían los trajes de los entierros, aunque fueran negros, no importaban ya que la Feria de La Isla siempre ha sido desde el atardecer a la noche. A la fresca.


Petición de donativos para la Cruz Roja. Foto Franzón.

Los zapatos nuevos se notaban por los ligeros y pronunciados cojeos que producían las “cebauras”. De regreso a casa, cansados de tanto andar por el Parque y con la molestia de los zapatos, las familias pudientes, “cogían” un taxi cuya parada de feria se encontraban en la parte alta del Parque en la calle Concepción Arenal, junto a la llamada “casa amarilla o casa de la música”, esquina a Hermanos Laulhé. La mayoría, los que se habían gastado en los cacharritos para los niños las pesetas de mañana, debían hacer una larga caminata con los pequeños a cuesta hasta los barrios periféricos de aquella Isla de casas bajas que el ruido de la feria se oía por todo el camino de regreso.




1953 caseta municipal. Foto Quijano, cedida por el Museo Histórico Municiapl.

Las mocitas con sus primeras minifaldas al estilo Ye-Ye, y otras con las faldas tableadas sobre las rodillas, ligeramente cubiertas con las rebequitas de hilo sobre los hombros “pá el relente de la noche”, y que no se notasen los pronunciados y erguidos senos. Las pibas eran acompañadas normalmente por los chavales del mismo barrio, que algunos pasos más atrás, se atrevían a piropear a la que más le gustaba. Esta época era propicia para declararse –en aquellos tiempos- el hombre a la mujer. ¡Cuantos noviazgos se formalizaron los días de la Feria en La Isla.¡


1963 los llenos del parque. Foto Quijano, cedida por el Museo Histórico Municipal.

Por supuesto no podemos olvidar a los Marineros e Infantes de Marina que daban un color inmaculado con sus guerreras y uniformes al Parque. Los pelones de Camposoto eran otra imagen, el Ejército siempre vistió peor que la Armada. Los colores y las fachas de los quintos era un desastre, a todos les quedaba grande el uniforme. Para ellos, no existían las tallas. A las “tatas”, esas mujeres identificadas con uniforme y delantal blanco como la sal, que trabajaban en casa de “los señoritos” y que fueron queridas y encubridoras de los chiquillos. Eran frecuentes verlas acompañadas por algún militar sin mando. Y a unas gentes muy especiales y queridas por mi, a los Municipales de aquellos tiempos que, siendo tan reducido el número de guardias, mantenían la seguridad del recinto ferial con un cuerpo de guardia incluido, compartido con los de la Cruz Roja. Los guardias entonces no cobraban horas extraordinarias y fueron felicitados y reconocidos oficialmente por el equipo de Gobierno Municipal.


1962 calle principal. Foto Quijano cedida por el Museo Histórico Municipal.

La quema de la Caballa como colofón final de la Feria, se celebró durante los finales de los años setenta y primeros de los ochentas del pasado siglo, en los terrenos entonces rellenándose en la Magdalena Alguna que otra vez se tuvo que suspender por que aquellas noches hacía un levantazo de miedo. Algunas barriadas hicieron el intento de quemar su propia caballa pero no prosperó. En los años sesenta, no se quemaba la caballa pero, en el llamado muelle de arena junto al Puente de Zuazo, se hacía una gran fritada de pescaíto frito, al que acudía la Reina y su corte y todo el mundo que quisiese. Era gratis. Imaginaros cómo se ponía el muelle.


Ahora todo es distinto. El Real de la Feria desde 1983 se celebra en la Magdalena, aunque al parecer le queda poco tiempo allí. En el Parque ya no se cabía. El número de casetas pasa de cincuenta, y la de Bazán, aún se instala, aunque, por motivos económicos, cada dos o tres años, cambian el nombre de la empresa. Pero para la gente de la Isla es “La Bazán”. La música melancólica de los Selenitas, no tiene nada que ver con las actuales del éxito del verano. Ya no tenemos la proclamación de la Reina en el atrio, ni la iluminación del Ayuntamiento hasta…(¿), tampoco escuchamos a la Banda de Infantería de Marina. Ya no nos levantamos tempranos para escuchar y ver pasar a la Banda de la Policía Municipal en la Diana Floreada. Bueno, quizás la pudieran ver al recogerse los jóvenes.
Ya no está en la Plaza del Rey el fotógrafo León, ni Juan el Betunero. Para más colmo, éste año no tenemos ni a Paco el de Camay, posterior Camy.
La Reina ya no tiene por que ser hija de alguna autoridad, pero tampoco la vemos en la calle Real regalando saquitos de sal a los conductores junto con sus Damas. Bueno, a veces sí. Los trajes de las Salineras de antes, no son como los de hoy. Yo no he visto nunca, en una salina, una mujer con falda de color azul. Si las habías de negro y gris. Como vestían aquellas salineras.
Las funciones religiosas a celebrar en el Carmen prácticamente son iguales pero, ¡con mucho más sitio¡Ya no vienen los militares. Muy poquitos. Hay más lugar para los que pertenecen a Hermandades, pero para el pueblo, está la Plazuela del Carmen vacía.
La procesión marítima viene a ser igual. Ya no hay faluchos, pero ahora sí tenemos yates, embarcaciones de recreo y neumáticas. El último año, tuvimos una situación que en aquellos tiempos no se había producido. Nuestro Alcalde, incompresiblemente, cayó al Caño de Sancti Petri.


Las familias ya no van andando. Ahora tenemos aparcamientos para cinco mil vehículos y, la Feria de la Isla, se ha convertido en la de la Bahía.
No tenemos cabalgatas, y eso que, afortunadamente aún están entre nosotros muchos de los que componían aquella Comisión de Fiestas. En el centro de la ciudad no hay ni una bombilla, todas están en el Real. Ya no se celebran inauguraciones si no coincide con elecciones municipales.
Ya no se observan a los militares en el Real. Ni las Tatas. Ni tan siquiera aquellos blanqueos de fachadas que los vecinos realizaban para tener la calle bonita y, por que no decirlo, que el Ayuntamiento en esas fechas no cobraba arbitrios municipales de blanqueo. Ahora la Seguridad de la Feria está compuesta por unas sesenta personas entre los Cuerpos de Policías Nacional y Local junto con Protección Civil, Bomberos y Servicios de ambulancias. La Policía Local ahora pueden echar horas extraordinarias (un montón) y pagándoselas.

En definitiva, éstas son historias de “aquellos tiempos” que te las recuerdas www.elguichidecarlos.com.
Para terminar, Felicidades a las Carmelas y Carmelos.
¡Buena Feria de la Isla 2007¡

Carlos Rodríguez.-
El güichi de Carlos.
Julio de 2007



1962 foto Quijano. cedida por el Museo Histórico Municipal.

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