Usted está aquí: el güichi
el local
pasatiempo
las mujeres
el bajio
los güichis aguaeros

multa por fraude 1810 | la filepona  

tiendas centenarias y...

güichis con soleras.

Ni luces de neón, ni campañas de mercadotecnia, ni kilométricos pasillos con deslumbrantes pavimentos, ni numeroso personal uniformado, ni pago con tarjeta de crédito, ni tickets con más de cuatro cifras, ni sistemas antirrobo. Ninguno de estos adelantos son notas características de los últimos establecimientos centenarios que quedan en La Isla.

Escuetos toldos con denominación de origen, reducidos y aprovechados espacios donde no hace falta ya encarcelar a los productos elegidos en móviles celdas de aluminio, tenderos y encargados que privilegian el trato personal y posibilitan salir de casa sin la lista de la compra. Carteles escritos a mano en los que se lee «a cuánto está el kilo de peras», comprobantes a tiza sobre papel de estraza y el cambio, algunas veces, en caramelos. Estas, entre otras, son las extravagancias de las que aún se puede disfrutar en algunos pequeños comercios y antiguos locales isleños.


Una señora mayor comprueba el género con sus manos, mientras pregunta al encargado, a quien llama por su nombre, «cómo se llama esa cosa que me llevé ayer. ¡An!, ¿te ha dejado Paca el cupón?»Porque, como asegura el dueño de «Ultramarinos La Castellana», «aquí está uno para todo: igual nos piden los mandaos, que nos encargan los cupones o nos dejan recados para otros clientes». Muchas veces, también, tienen que soportar ver las bolsas repletas de productos de los grandes almacenes sobre sus mostradores cuando algunos consumidores se pasan por estos negocios para comprar la mata de perejil o el pimentón que se les ha olvidado adquirir con anterioridad.
María Dolores Gutiérrez, propietaria de «Ultramarinos El Pino», situado cerca de La Alameda y uno de los más veteranos de la ciudad con más de doscientos años, afirma que «el verano no se está presentando mal del todo, pero el negocio está en decadencia». La mayoría de los propietarios de estos pequeños establecimientos denuncian la competencia de las grandes superficies que, como indica Juan Gallardo, propietario de «La Llave Real», «no podemos competir con los precios que ellos ofrecen».


Ultramarinos El Pino. Mari Loli Guitiérrez, toda una vida en el establecimiento asoma la cara desde el interior del mostrador. Fotografía publicada en Diario de Cádiz.

Francisco Pelayo, dueño desde hace más de 50 años de «La Primera de La Isla», en la calle Real, sentencia que «estos negocios están tocando su fin».
Para los propietarios de bares con solera la situación es diferente.
Manuel Gutiérrez es el dueño de »La Nueva Bahía», un bar con más de 125 años situado en la calle Antonio López, con vigas de madera en el techo, ventiladores eléctricos y vetustas neveras forradas con láminas de color marrón y largos tiradores metálicos. Manuel asegura que «el negocio no va nada mal. Acude mucha gente», no obstante, «lo vamos a tirar. Se van a construir pisos y el negocio irá en la parte baja, pero con otro estilo». Si las condiciones económicas se lo permitieran, a Manuel le «gustaría realizar una reforma con-• forme a la antigüedad que tiene, pero no va a poder ser».


«El Güichi», situado cerca de la Comisaría de Policía, es otro de los bares con el característico olor a añejo que dejan las cosas antiguas. Una nave larga que obliga a la vista a recorrer el lugar desde el principio al fin y apreciar las sillas con sus patas metálicas, las mesas alineadas hasta el fondo y la barra, también extensa y estrecha. Esaú Pérez, hijo del propietario de este negocio, comenta que «sobre todo viene gente del ambulatorio y miembros de la policía a tomar el café, un refresco o lo que se encarte».


Sean bares o ultramarinos, estos establecimientos comparten, además de unas instalaciones centenarias, una tradición familiar que ha ido traspasando los negocios de una generación a otra. Germán Gutiérrez, dueño de «La Cita», ultramarinos ubicado en la calle Real, comenta que «este establecimiento perteneció antes a mi padre, que me lo dejó a mí». Como en el caso de Germán, la mayoría de los propietarios de estos pequeños negocios lo han heredado de generaciones anteriores y se lamentan de no poder hacer ellos lo mismo con sus hijos.



Publicado en Diario de Cádiz 1999

Las grandes centros comerciales, reclamo por excelencia del público multitudinario están condenando a la expiración a los negocios centenarios, especie en peligro de extinción. A pesar de haber sobrevivido a anteriores épocas de crisis, estos pequeños establecimientos están padeciendo en demasía la potencia de los modernos colosos.

Raquel Boy
Diario de Cádiz 1999.




hoy en día...

Tal como anunciaban los industriales María Dolores Gutiérrez del "Ultramarinos El Pino" y, Francisco Pelayo de "La primera de la Isla", en cuatro o cinco años más tardes, ambas industrias cerraron sus puertas.

El edificio donde más de setenta y cinco años estuvo ubicado "El Pino" de Cesáreo Gutíerrez - padre de Mari Loli-, se encuentra hoy durmiendo el sueño de los justos -cerrado totalmente- hasta que sea ¿demolido? o acondicionado totalmente ambas plantas.

Mejor suerte ha tenido el local de "La primera de la Isla" que gracia a la ocupación y traslado de las dependencias del Archivo Municipal de San Fernando por estar el Ayuntamiento en obras -realmente en octubre 2006 no ha comenzado-, y desconociendo los años que permanecera como dependencia municipal, el viejo local del Restaurante "La Primera de la Isla", está en mejores condiciones que el anterior.

El güichi de Carlos.
Ir a el güichi


Indice Actualización y Contácto Noticiario... Aniversarios del güichi !Ultimas Noticias¡
Estadisticas y contadores web gratis
Contadores Gratis