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Voces y vacilaciones:

CANTAR PARA OLVIDAR

Los domingos por las mañanas, día de descanso laboral (prohibido entonces trabajar en fiestas de guardar), en los güichis se encontraban normalmente los vecinos del barrio y familiares de estos que se visitaban en días de fiestas; las mujeres con sus quehaceres quedaban en las casas.

Camisas blancas como la sal, relucidas con perborato de cuellos almidonados, hacía más morena la piel curtida de los salineros, albañiles y gente de doce horas diarias expuestas a los rayos del sol que tanto nos alumbra en nuestras costas.

Encontrándonos en tierra de buenos cantes, los más resaltados se arrancaban al son de las palmas y “quejío” de la guitarra. Todo ello, a pesar del reglamentario cartelito oficial que decía " Se prohíbe el cante”.

Alegrías, seguiriyas fandangos y soleá que de vez en cuando, entre líneas, se cantaban con segundas intenciones como protesta hacia el poder político, y era interrumpído por la voz entrecortada y temblante del chicuco que decía:

" ¡ Quillo !, ¡ cállate!, que van a venir los municipales y me van a buscar un disgusto !¡ picha ! ".




ORDAGO

En el güichi, los juegos del dominó y las partidas de cartas acompañados de vacilaciones y mentiras, de guiños y señales entre compañeros, hacían cantar
¡ órdago¡ ; que según con el tono de voz emitido " acojonaba " al contrario.

El vividor de la partida, como premio de la misma, se conseguía cuantas chiquitas fueran posibles a costa del perdedor. En parejas se jugaban el coste de la “media limeta” (botella de vino) que alcanzaba más una ronda para los cuatro.

Las deudas correspondientes al finalizar las partidas, se dejaban impresionadas con tiza en la vieja pizarra del Güichi a la vista de todos los parroquianos que, con toda seguridad, sus nombres estaban incluidos encima de una larga cuenta de números “daleados” (doblados).

El montañés, chicuco, carbonero, tendero en definitiva, quién regentaba el güichi del barrio, financiaba hasta su pago total o parcial normalmente el sábado que era el día de cobro o adelanto de los jornales.

No existían las tarjetas de créditos y los chicucos no cobraban intereses por las deudas.

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