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los güichis aguaeros:

En la Isla antigua y en la de hoy, los cargadores han necesitado en su itinerario procesional de un pequeño descanso, un refrigerio que obsequiaban las Hermandades y Cofradías isleñas para estirar los cuerpos, picar alguna que otra cosa para reponer fuerzas, cambiar opiniones y para solucionar posibles imprevistos de la noche.
La palabra “refrigerio” (procedente de la jerga del cargador), fue la voz más generalizada popularmente por las Hermandades, aunque en el amplio abanico de palabras se les denominaba con otros sinónimos como “Surtidor”, “La conviá”, Aguaero” (este último más utilizado por los cargadores).
Según el itirenario de las Cofradías, el Capataz concertaba con los dueños de los “aguaeros” el día estipulado.
Algunos de los lugares que acostumbraban acoger esta ceremonia en distintas épocas fueron: Casa Juanito (Afligidos, Caridad y Silencio) en c/ Colón esquina a Calatrava; El Sotanillo (Afligidos) en c/Churruca; La Bahía (Silencio, Medinaceli) en c/Antonio López; Casa Gabino “El Chato” (la noche del Nazareno en la esquina del Gordo); La alegría de los serios(Silencio); casa Arsenio (casi todas las Hermandades) en c/San Diego; Casa Facio Afligidos, Vera-Cruz, Perdón) en c/San Rafael; La tienda del Correo (Silencio); casa Servando en c/San Rafael esquina con Ancha; y así hasta totalizar cerca de 30 “surtidores” que carectizaron una estampa en los tiempos de Marín, Tinoco y Nicolás.
Del tiempo del Capataz Marín se puden recoger dos grandes “Casas de comidas”, una en el castillo de San Romualdo y otra que se llamaba “Los Suare". Las Hermandades obsequiaban a los cargadores con comidas antes de las salidas procesionales, generalmente sobre las cuatro y media el día de la “maéra”, Esta tradición se mantuvo hasta la época de Nicolás. Cuando los cargadores terminaban de almorzar se iban par la iglesia, una vez allí y por asignación del capataz de cada época del paso correspondiente se amarraba la “almohá”.


Publicación en Medio Ganchete de la "Cuadrilla de Nicolás Carrillo" en 1994

Ya más modernas a la época de Marín existieron otras “casa de comidas” tales como “La Cepa Gallega”, “El Pálido”, “Casa Barón”, “El Patio Maestro Luís”, “Casa Naca” “Las Camelias” entre otras muchas.
En “Casa Arsenio” Aguaero típico durante muchos años y de casi todas las Hermandades, nos cuenta una de sus hijas que abrió sus puertas allá por el año 1946 y nos constaba que en sus recuerdos tenía aquel bullicio típico cuando una avalancha de cerca de 70 personas pedía la copa a la vez, pero que predominaba ante todo el saber estar de aquellas personas. También nos recordaba que el refrigerio de Vera-Cruz era más prolongado que los demás, puesto que aquí se hacia el cambio de las baterías del paso. Otro recuerdo suyo era que desde allí y casi todos los años cantaba sus saetas “El Compare”.
De los innumerables “surtidores” que han servido para aliviar tantos sudores derrochados, sería injusto no nombrarlos aunque sea de pasada. Aquí señalamos casi todos los restantes como: “Falange”, “El 44”, “El 45”, “La Mirandilla” (de Sinforiano Gutiérrez), “Casa Casimiro” (El Gordo), “Casa Pupo”, “Casa Gonzalo”, “ La Parada “, “La Plata” (en tiempos de Marín), “La Gran Vía” “Royalty”, “La Tienda Chica”….
Algo típico en aquellas comidas, donde comían muchas familias necesitadas, era la presencia de los hijos pequeños de los cargadores, que talega en mano se disponía arrebañar el manjar para sus casas. El “Menú” más frecuente, para los cargadores de aquellas épocas, estaba compuesto de los alimentos típicos de nuestra Isla; los chícharos y alcahuciles del tiempo, los pucheros, potajes variados, pescaíto frito de nuestra tierra; todo esto regado con ½ litro de vino para 2 personas y gaseosa “de bolita”..
La dispersión de estos lugares se debía exclusivamente a las exigencias requeridas por los iterinarios de las Hermandades y Cofradías, La mayoría permanecieron fijos durante muchos años, sin embargo otros se perdieron por los cambios en los recorridos. En la trastienda de aquellos “Güichis” característicos, con olores a vinos de la tierra, se construían auténticas novelas, grandes reuniones y tarde de tertulias con algunas “comviá” apuntadas como de costumbre, con rayas de tiza en los frío mostradores de mármol.
Al terminas este artículo no queremos olvidarnos de nuestro actual “Aguaero “, en el que llevamos parando los tres años consecutivos con Columna. “Casa Manolo Brenes” en la c/Jazmin, el cual mantiene un cierto aroma de nostalgia de aquella época.



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1994 Medio Ganchete

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