Fueron establecidas para recoger la cera desprendida de los cirios y hachas, así como para que cuidasen de las luces o alumbrados de los acompañantes. Originariamente la función de éstas era, también, recoger limosnas en el curso de la procesión una costumbre que se suprimió a principio del siglo XiX. Se sitúan entre dos insignias y son unas cestitas pequeñas, por lo general de mimbre, que no presentan particularidades reseñables. Pueden ir forradas de tela con el escudo de la hermandad o de terciopelo con incrustaciones de plata. En su interior se lleva cerillas y una mecha de algodón encerado para encender los cirios a los penitentes. En vez de la canastilla se puede llevar bastón de madera de forma cilíndrica, y a veces, canastilla y bastón.
Antonio Armario Muñoz Ir a la procesión Ir a semana santa
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