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el nazareno de camarón | cosas del nazareno
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no siempre fue así
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Cuando dan las dos de la madrugada del Viernes Santo, las luces se apagan y el chorro de luz busca con desesperación abrazarse con la bendita cara de Jesús, nos parece que una vez más se ha producido el milagro anual del encuentro de Jesús Nazareno con su pueblo, pero gracias a mis largas conversaciones con D. José Pece, descubrí que no siempre fue así.Me puse a buscar en viejos periódicos isleños, de cabeceras ya desaparecidas y fui reconstruyendo poco a poco como se fue configurando la forma actual de procesionar la hermandad nazarena Es muy frecuente, en nuestra tierra y sobre todo en el mundo cofrade, confundir «lo de siempre» con la posguerra. Todos se olvidan que cuando desgraciadamente se produjo la guerra civil, ya había hermandades que llevaban más de dos siglos de vida. Dada la carencia de documentos conocidos, es difícil saber como se desarrollaba la Noche de Jesús en el siglo XVIII, aunque por los indicios que hay, se asemejaba bastante a como desarrolla su procesión los Servitas eso si, precedidos por un cohetero que de trecho en trecho ejercía su oficio tratando de reproducir con sus cohetes la tormenta que precedió al rasgado del velo del Templo de Jerusalén cuando Cristo espiró.
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La primera descripción completa de una procesión del Nazareno la encontramos, a principios de siglo, en el ya desaparecido Heraldo de San Fernando.
En sus páginas, el entonces Hermano Mayor D. Manuel Pece Casas, daba puntual cuenta de quien, como y cuantos tomarían parte en la procesión. Veamos como se distribuía el cortejo a principios de siglo: abría el cortejo un escuadrón de batidores de la Guardia Civil en traje de gala, tras ellos la madera tallada, siendo acompañada por dos monumentales faroles de madera y cristal, que daban paso a 10 ó 15 parejas de penitentes portando cirios de vela algo más pequeños que los actuales. Como únicos atributos se portaban el Senatus de tela bordada y la bandera. En la presidencia iban los representantes de las otras hermandades y la Junta de Gobierno. El pertiguero de la Iglesia Mayor y los monaguillos precedían al paso de Jesús, que era de reducidas dimensiones e iba iluminado con varios brazos de candelabro de guardabrisas. El señor Marín mandaba a una cuadrilla de cargadores, que el día anterior se habían encargado de buscar las flores por huertas y jardines y de colocarlas en el paso. Se cargaba al cuello sobre unas tiras de lona cocidas a maromas. Alrededor del paso iban seis faroles de grandes dimensiones pero menores que los acompañantes de la cruz de guía. Tras el paso iba la cruz parroquial conocida por «la manguilla», portada por el sacristán y escoltada por dos monaguillos con sendos ciriales. La banda de música era la de la Infantería de Marina acompañada por un tiquete de soldados del mismo cuerpo, luego procesionaban tres parigüelas portando a San Juan, la Magdalena y la Verónica, alrededor de cada una iban otros seis faroles del mismo tipo de las del paso del Cristo oero de menores dimensiones.
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Un estandarte, semejante en forma y dimensiones al actual, abría la sección de la Virgen constituida por 10 ó 15 parejas de penitentes con túnicas carmín y negras como las actuales pero con cola y de capirote más bajo que los actuales.
Un paso de templete en madera tallada y dorada, portaba a la Virgen de los Dolores, que usaba un juego de manos unidas, en lugar de las separadas actuales. También llevaba alrededor seis faroles parejos a los del Cristo.
Todos los atributos y faroles eran portados por personal retribuido, vestidos con túnicas moradas y antifaz de gato, aunque tampoco era raro verlos con túnicas blancas o de otros colores. Este personal solía reclutarse entre los bolicheros de la funeraria del señor Ruiz.
Cerraba el cortejo la banda de música del colegio de los salesianos de Cádiz que habían llegado en un tranvía especial puesto por la Compañía de Tranvía para la ocasión.
Así se desarrolló la procesión del Nazareno, con poquísimos cambios hasta que la guerra civil rompió los esquemas clásicos isleños, y nació lo que muchos se empeñan en llamar tradiciones.
Salvador Caldelas Boletín Jesús Nazareno año 2000 Ir a historias de semana santa Ir a Semana Santa
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