A los que cargan la Virgen del Carmen.
¡Cargadores de la Isla mecedla con suavidad, que lleváis sobre los hombros a la Reina de la Mar! Cargadores de la Isla esa que vais a sacar es la Virgen marinera que huele a marisco y sal; la que llamaban «señora» y «capitana» al rezar, los abuelos que tenían claras almas de cristal, bajo la recia envoltura de sus capotes de mar; . la que apacienta las olas los días de tempestad; la que esta tarde de Julio el crepúsculo honrará colgando nubes de grana por los balcones del mar. Yo la vi que estaba triste la Señora en el altar; su rostro llenaba de lirio de una palidez mortal. —¿Qué te pasa, mi Señora, capitana de la mar, : - que más que Virgen del Carmen parece de la piedad?
— Tres años hace, tres años, que me estoy sin ver la mar, sin oler las algas verdes y sin ver la claridad ¡mis hijos los de La Isla ya no me quieren sacar!
—No llores Señora mía, que dice un viejo refrán, que la fortuna y el sol igual vuelven que se van. ¡Cargadores de la Isla marineros de la mar! La señora estaba triste: si la queréis consolar, cuando la saquéis, mecedla de esa manera especial, hecha de tango y ternura y de vaivenes de mar, como se mecen los santos desde los Puertos a acá, ¡como no saben mecerlas en ninguna parte más! Tú cargador, que no sabes rezar la Salve quizás, si cuando la saques, meces . el paso con buen compás, aunque no sepas la Salve Dios te lo perdonará... ¡que mecer así a la Virgen, ya es un modo de rezar! José María Pemán
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