Los evangelios no explicitan que el Salvador aún portara la corona de espinas en el momento de la crucifixión aunque así lo afirmaban Orígenes, Tertuliano y el evangelio de Nicodemo. La pintura primitiva no cultivó este motivo y el arte románico introdujo la corona real. A pesar de que en los siglos XVI y XVII su utilización se impuso como atributo regular, los artistas sevillanos labraron sus crucificados con o sin ella, pero siempre se pintaron las heridas producidas por las espinas.
La corona puede tallarse formando un bloque único con la cabeza o, según la moda del siglo XVII, superponerse.
Antonio Armario Muñoz Ir a sobre cofradias Ir a s emana santa
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