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cofradía o hermandad | 25 años virgen de las estrellas.
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iconografía de una dolorosa
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Son muchas y muy variadas las representaciones iconográficas que han tenido como tema central a la Virgen María en su vertiente Dolorosa, comenzando por aquéllas en las que aparece junto al Niño Jesús, que duerme ajeno al futuro doloroso que le aguarda. Observamos como en estas obras siempre está presente la Cruz, principal símbolo de la Pasión, a la que el Niño se abraza, mientras que María lo observa con expresión patética. En otras representaciones, protagonizadas igualmente por María y el Niño, el tema más usual va a ser la atención que Jesús va a dedicar a la Cruz, desdeñando el ofrecimiento que su Madre le hace aún del pecho materno. Esta plasmación obedece a la idea de ilustrar la afirmación de Santo Tomás de Aquino, según la cual, en el momento de su concepción el primer pensamiento de Cristo fue sobre su Cruz.
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la piedad
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Aquí el gesto dolorido de la Virgen se repetirá como en los casos anteriores, pero ya su Hijo no está dormido, sino muerto. Cristo aparece representado, no ya en su infancia, sino tras su crucifixión. En España hay imágenes que se remontan al siglo XIV, dedicadas a este tema, conociéndose con distintos nombres: Piedad, Piedad de la Virgen o Nuestras Señora del Traspaso.
Hay representaciones primitivas de la Piedad, en las que el cuerpo de Cristo aparece desproporcionadamente pequeño, simbolizando el recuerdo que la Madre tiene de la infancia de su Hijo, cuando lo contemplaba dormido sobre su regazo. Escultores y pintores trataron con profusión el tema de la Piedad, que va a ver modificadas sus representaciones en los albores del Renacimiento, por influencia de San Buenaventura, que en sus Meditaciones afirma que Jesús estaba tendido en el suelo, con sus hombros y cabeza apoyados en el regazo de su Madre. Anteriormente todo el cuerpo de Cristo descansaba sobre el de la Virgen, como si fuera el cuerpo de un niño.
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ña virgen de los dolores y la soledad
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En este caso, la Virgen está sola, y en muchas ocasiones aparecerá representada junto a un número variable de espadas, que casi siempre están clavadas en su corazón, y que simbolizan los Dolores padecidos por la Madre de Dios. La colocación de estas espadas en el corazón de María se hacía bien de forma simétrica, distribuyéndose en grupos de tres o cuatro a cada lado del mismo, o bien de un modo asimétrico, llegando al hacer más patético el aspecto de la Virgen. Sobre los Dolores de la Virgen, aunque no hubo unanimidad en cuanto a fijar su número, ni los pasajes de las vidas de Cristo y de María a que corresponden, prevaleció el grupo de los Siete Dolores que figuran en la liturgia romana: La Profecía de Simeón, la huida a Egipto; Jesús perdido a los doce años; encuentro de María y Jesús en el Calvario; la Crucifixión; el Descendimiento de la Cruz y la Sepultura de Jesús. Teniendo en cuenta que el sentimiento popular se dirigía especialmente hacia los Dolores de María, tras crear la iconografía de la Piedad y de la Virgen de los Dolores, representó también, el de la Soledad. María, completamente sola, se ve acosada por el recuerdo de los principales momentos de su vida, ahora, sin su Hijo, son otras tantas penas que le afligen. En las tallas andaluzas, y como una efusión sentimental tardía, a partir del siglo XVII se va a representar el llanto de la Virgen, con torrentes de lágrimas surcando sus mejillas, que coadyuvan a incrementar el semblante doloroso de la Madre de Dios.
Antonio Armario Muñoz Ir a sobre cofradias Ir a s emana santa
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