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saetas | profeta en otras tierras
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un trueno vestido de nazareno
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Los locos también tenemos líderes, pero que nadie se engañe, pues no todo aquel que se sale de lo corriente es un líder para nosotros. No basta con llevar un pendiente en la oreja, ni es suficiente vestir raro, ni mucho menos es definitivo hablar en plan macarra. Pues bien, de entre todos los líderes aquí del que más se habla estos días es de un loco de Nazaret, pequeña población judía del quinto pino que no para de salir en los papeles. Por supuesto que en nuestros ratos libres los locos leemos de todo, incluso la Biblia. En el Nuevo Testamento hay una escena llamativa en que ese tal Jesús, el más loco de todos los líderes, se echa la manta a la cabeza, coge unas correas y empieza a dar leña a los hipócritas que estaban como siempre rezando, por decir algo, en el templo. Ya sé que se prefiere ese otro Jesús que aparece indefenso en la cruz con el pelo caído hacia el lateral y muy propio para la foto o para el cuadro de Dalí, pero las posturas quedan muy bonitas solamente para enmarcarlas. Sin embargo la escenita del templo en la que Jesús se pone a dar latigazos por un tubo no tiene desperdicio. Para que usted vea que no todo es poner cara de santo y tragar con lo que nos echen. Por eso no lo puedo remediar y, cuando salgo a la calle en plena Semana Santa, veo, observo, callo y aprendo. Después escribo. La Isla saca sus ricos pasos, el personal se tira a la calle disfrazado de primavera y los bares se ponen de bote en bote, como si hubiera algo que celebrar con la que está cayendo. Colores, incienso, luces, pértigas y demás parafernalia se nos meten por los sentidos. Salvando a los que se tengan que salvar, hay que darse cuenta de lo hipócritas que son algunos. Los ves con esas caritas de circunstancias mirando el Cristo, rezando no sé qué cosas, meditando no sé qué pamplinas, cavilando no sé qué filigranas y por mi madre que dan ganas de decirles cuatro cosas. Esos señores en sus vidas normales son agrios con la gente, injustos, egoístas, impresentables, pero después mirando el paso da gloria verlos. El prójimo les suena extraño, sueñan con su exclusivo mundo y no tienen más meta que servirse a ellos mismos. Han leído del Evangelio lo que les interesa y lo que les tranquiliza, no lo que les pincha por dentro. No son ejemplo de nada, viven perdonando la vida de sus semejantes, pero, eso sí, te quedas con la boquita abierta al contemplar sus gestos, sus andares, sus rezos, su señorío y su poquísima vergüenza. Yo no sé si estos hipócritas se salvarán el día de mañana, porque mayores cosas se han visto, pero, si esa gente se salva, aquí hay algo que no funciona como debiera. Nadie ha escrito nada sobre lo que puede pensar el Cristo que las pasó canutas y que por cierto nunca anduvo sobre las flores, aunque sí sobre la mar. No estaría del todo mal que algún día ese Cristo o la Virgen dijera en voz alta lo que piensa de todo esto. Más de uno iba a salir corriendo calle Real abajo pidiendo perdón y prometiendo cambiar ya mismo. ¡Las cosas que hay que ver! Un trueno vestido de nazareno, porque algunos le echan una cara impresionante. Hágame caso, déjese de pasos, vayase a su casa, limpie su conciencia y métase en la cabeza que el único Cristo que existe es ese con el que usted es injusto y cruel. Lo demás son ganas de aparentar y de hacer ver lo que no es. Me da miedo pensar que algún día pudiera yo recobrar la razón.
Paco Melero El loco de la salina Publicado en San Fernando Información. abril 2006 Ir a protagonistas de la semana santa Ir a semana santa
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