|
 |
 |
 |
 |
|
la música | patrimonio musical
|
música de cornetas
|
|
|
Desde siempre las Bandas de Cornetas fueron consideradas como algo para chavales, de manera que, cuando estos crecían, las abandonaban porque ya era mayores para estas cosas, o porque algunos muy pocos se dedicaban a la música más de lleno, e ingresaban en Bandas de Música. Evidentemente, esto hacía que, por una parte, las bandas nunca alcanzaran una madurez técnica, y que, por otra, su continuidad no estuviese garantizada. Pero, la tradición, sin embargo, sí lo estaba, puesto que conforme unos iban marchándose, otros más jóvenes iban incorporándose al panorama, ya fuese en las mismas formaciones o en otras que se iban creando. y lo que sí estaba claro era que la forma, el carácter musical de las piezas y su interpretación seguía siendo el mismo. El mismo que llega hasta la década de los setenta, en que la Banda de Cornetas empieza a tomarse más en serio, y se llega a un momento de esplendor. Eran aquellas famosas recogidas del Nazareno, en las que la adulta Banda de Cornetas, que había ido detrás del Cristo, se sumaban a la de música, que tradicionalmente acompañaba a la Virgen, y se fundían en Sublime Estrellas y en magníficas Aguas antes el Himno Nacional. Este esplendor, confirmado con la aparición de la Banda de Medinaceli, es precisamente lo que provoca que, sobre todo ya en los ochenta, las marchas cortas, carentes de solo y con un tema y, a la sumo, una variación, empiecen a parecer poco. Y es el curso normal de las cosas el que hace que la necesaria evolución llegue, y en la Isla llega de la mano de ese gran corneta que es Paco Bermejo, digno sucesor de aquel otro su padre que condujera la hace tiempo inexistente Banda Municipal de Cornetas y Tambores. Con Paco Bermejo, al frente de la desaparecida Banda del Tear, se alcanza el cenit en este terreno músico-procesional. Y con marchas como saeta, en la que ya aparece el solo, en dos ocasiones, y se prolonga prudentemente la duración de la pieza, se desarrollan los inicios de esta etapa evolutiva.
|
|
|
De hecho, esta y otras marchas de corte similar, crean un estilo, en el que empieza a destacar nuevos nombres como los de Gabriel Bermejo o Paco del Río. Pero, inopinadamente, comienza, de repente, una frenética búsqueda de nuevos modelos cuando aún no han sido plenamente desarrollados los recién descubiertos, comienza una evolución que el curso normal de las cosas no está surgiendo, y que, inexplicablemente, están forzando los mismos que llevaron a la música de cornetas a las altas cotas que alcanzó. Y claro está, evolución forzada, no necesaria, ha roto el equilibrio, y ha abocado al extravío. Por ello, se parte de sustituir los repertorios tradicionales por marchas cada vez más largas y monótonas, de elaboración más compleja y de difícil ejecución, pero que, en definitiva, carecen totalmente de aquella energía, de aquella chispa electrizante de las primitivas marchas cortas. Pero, el extravío llega a ser tal que, quienes ante este estado de cosas no se han quedado en el camino, ha reaccionado de formas muy curiosas. Así, unos, ya sin pudor, se han entregado a esta falsa evolución por entero y no bastándoles ya las cornetas, han ampliado sus plantillas instrumentales, dando lugar a la aparición de agrupaciones que, en cierta ocasión, llamamos, por no saber como, híbridas. Otros, en cambio, en un confundido afán por conservar la tradición, persisten en mantener la plantilla pura, pero cubren el hueco con auténticas sinfonías para cornetas, algo totalmente fuera de lugar. En todo caso, lo cierto es que, tanto los unos como los otros han aportado a nuestra Semana Santa unas interminables piezas plagadas de insufribles solos, de insostenibles arritmias y, lo que es pero, de irreconocible procesionalidad. Tanto los unos como los otros, en fin, no han logrado sino hacer desaparecer el carácter genuino de la música procesional de cornetas al menos como la hemos entendido siempre en la isla, que es donde vivimos.
Antonio Armario Muñoz Ir a la música Ir a s emana santa
|
|