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el escenario

La iglesia, todas las iglesias, ha generado una teoría del espacio, sacro frente al profano e intenta en momentos de crisis ocupar este último.
La iglesia contrarreformista se propuso dominar el tejido urbano, multiplicando, por un lado, el número de templos y conventos, lugares cerrados de culto y por otro, sacando a la calle determinadas celebraciones. El ubicar la procesión en el espacio ciudadano tenía una intención fundamental: su sacralización.
Las procesiones formaban parte de un amplio sistema sígnico como las cruces, capillas abiertas, autos de fe, rogativas públicas y prácticas devocionales diversas. Todos estos elementos conferían a la ciudad barroca una fisonomía peculiar en la que la presencia del poder de la iglesia se definía frente al secular.
Aunque el desarrollo de zonas públicas fue muy restringido y las principales modificaciones vinieron dadas por la necesidad de espacios abiertos capaces de albergar a un público amplio durante los actos civiles y religiosos, la visión de muros y tapias asimétricas, de aspecto cerrado y monótono se combinaba con las cruces, altares y los muladares en los que muchas zonas se habían convertido.
Los desfiles procesionales son la fiesta de la ciudad y es indispensable que transcurran en su núcleo geográfico y simbólico, el centro histórico. El engalanar balcones, escaparates y locales para la celebración, incluso fuera de la Carrera Oficial, es prueba del carácter de festejo cívico alcanzado.

De los imprescindibles hachones de cera que iluminaban las procesiones en calles oscuras como boca de lobo hasta el siglo XIX, hemos pasado a los cortes de luz en muchas calles para resaltar la iluminación propia del paso.
La suspensión del tráfico rodado en gran parte del centro, la acotación de la Carrera Oficial con palcos y silla y, sobre todo, la multiplicación de puntos de especial efectismo.
Junto a la Carrera Oficial, otro marco urbano caracteriza a la procesión actual: el barrio. El camino hacia éste se hace siguiendo la pauta señalada de transitar por lugares que aumentan la teatralidad, al tiempo que el tono goza o se hace mayor conforme se aproxima a la parroquia o capilla de residencia. De hecho es habitual que se recorra parte de la feligresía. La vinculación de las cofradías a los barrios aporta una nueva dimensión al escenario, es allí donde la representación adquiere su máximo valor sentimental, el punto donde se intensifican los elementos que individualizan a la cofradía.
El carácter de fiesta callejera hace de la meteorología un factor de especial significación.
El tiempo es ahora, al igual que antes, una eventualidad que se convierte en tópico de conversación como elemento de riesgo real dada la naturaleza de la exhibición.
Tanto la fragilidad de las imágenes madera policromada como de los enseres bordados y orfebrería hace inviable la procesión bajo la lluvia.

Antonio Armario Muñoz
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Carrera oficial antes de la ampliación. Foto autor desconocido.Incluida en trabajo "Pasión Cofrade" de Antonio Armario Muñoz

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