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¿nazareno o penitente? | aquel terrible incendio  

semana santa 1970

Comenzaba la década de los años setenta del siglo pasado. Los únicos medios de comunicación existentes entonces, y las gentes de La Isla, desde el mes de enero preparaban la Semana Santa que, en aquel año coincidía también en celebrarse en el mes de marzo, concretamente, el Domingo de Ramos fue 23 de marzo.
Un año antes, la recién creada Junta Oficial de Cofradías había tomado posesión pero aún no había comenzado con la planificación de actos y celebraciones que el mundo cofrade –denominado en la prensa como capillitas-, reclamaba desde tiempos atrás para que nuestra Semana Santa tuviese el auge y divulgación más allá del Puente de Zuazo.
Las Cofradías, en bocas de sus Hermanos de Juntas solían reclamar generalmente varias cuestiones que se palpaban entre los cofrades de La Isla de “aquellos tiempos” y, que deseaban que por parte Junta Oficial de Cofradía, comenzara a tomar decisiones y canalizar ciertas gestiones que había creado desunión de cofrades y rivalidad entre algunas Cofradías.
Las catorce Procesiones que entonces salían a la calle se quejaban de casi todo. Al hacer algunas referencias a las reclamaciones obtenemos: la falta de apoyo por parte del municipio y la colaboración en los desfiles procesionales por las calles del itinerario; de los comercios: la baja recaudación que obtenían en la postulación; sobre el público: la falta de aportación económica, principalmente de la gente pudiente, el murmullo y bullicio existente al paso de la procesión, y la falta de calor popular y sentido espiritual durante la carrera procesional por algunas calles; referente las Cofradías: eliminación de los niños pequeños que salen de penitentes excepto en “Borriquita” y “los Estudiantes” por razones obvias de edad y simbología de los niños en ambas Cofradía.

La Junta Oficial de Cofradías tenía entonces una serie de problemas creados entre Hermandades que debería solucionar, claro está, no siempre a gusto de todos. Existían problemas de itinerarios, de horarios por la Carrera Oficial, algunas Cofradías hacía esperar a otras a su paso o cruce de calles; Cofradías que no deseaban dejar de procesional por la calle Real y otras que sí. Pero todas unánimemente coincidían en que la Junta Oficial de Cofradía debía buscar las cuantías económicas para sufragar los gastos de cada una de ellas en la calle.

En el mundo cofrade también existe periodos cíclico de la vida, en “aquellos tiempos”, comenzaba también la incorporación de los jóvenes en las Cofradías que, como siempre, vienen aportando cambios sustanciales a los existentes, conocidos o tradicionales. Los cofrades más veteranos –no todos-, vieron como la Semana Santa ya no era tan fervorosa y religiosa como la de mediados del siglo, pero, por devoción o religiosidad, los fieles continuaban persignándose y rezando al paso de la “sanda” del Cristo o la Virgen.






Cristo del Perdón año 1970 Fotografía de El Mirador de San Fernando.

En los años setenta, las Cofradías comenzaron a incrementar el número de hermanos y túnicas. Los niños menores cada vez más, se apuntaban en la Cofradía del barrio y pagaban el derecho de salida que costaba 25,00 pesetas, presentando justificante de haber pagado el último recibido de la cuota anual, retiraban la túnica que, a veces, llevaba remiendo hasta en el capirote, amén de los dobladillos ya recogidos anteriormente. Eso sí, olían a alcanfort que era un gusto.

La Semana Santa de La Isla comenzaba una nueva etapa evolucionando al realce con el total respeto de lo típico y tradicional de San Fernando. Se hablaba, comentaba, decía que, a pesar de que los pasos llevaban llamativos adornos florales no eran comparables con la riqueza de los sevillanos –ya había quién deseaba calcar el exterior-, pero la riqueza en imágenes era grande, a pesar de que los misterios no eran tan populosos en imágenes como los que hoy tenemos. Comienza el esplendor y la mejor organización de alguna que otra Cofradía en la calle, y no faltaron las críticas de que el pueblo olvidaba el recogimiento demostrado en décadas anteriores.

Llegó el Pregón y en aquella ocasión se celebró en el Cine Alameda, no se llenó el local como era de esperar, pero, resulta que el pueblo no era invitado y ni tan siquiera mostraba interés en acudir. El pregón a cargo del poeta gaditano José M. García Gómez como era de esperar fue clasificado como de emotivo. En el escenario del Cine Alameda, una gran Cruz con sudario y nueve banderas adornaba el acto. Con fuerte olor a incienso, y bajo los acordes de marcha de Semana Santa, entraron las autoridades y representaciones de todos los estamentos de la ciudad, así como la Junta Oficial de Cofradía y Hermanos Mayores de las mismas tomando asiento en el escenario. El pregonero quién ya fue galardonado en 1969 con la flor natural de los III Juegos Florales de la Sal, enumeró y cantó la historia de la Semana Santa Isleña entre piropos y versos. Finalizó con un canto a los cargadores –gentes rudas que solo visitaban las Iglesias para sacar los pasos- ya que éstos eran el corazón y la plasticidad de nuestra Semana Mayor. Al comienzo del acto, la Banda de música de la “Cruz Roja” estrenó la magnífica marcha compuesta por su director, don Agripino García Lozano, a Nuestro Padre Jesús de la Misericordia. Finalizó con el himno nacional que todos los asistentes puestos de pié aplaudían sin cesar al pregonero.
Ese mismo domingo, por la noche en el patio principal del Colegio de La Salle de la calle Real, don Joaquín Quijano, glosó la Pasión en la Semana Santa de San Fernando a través de sus diapositivas que fueron proyectadas sobre un telón. Expresó lo que es la religiosidad en la Semana Santa y lo que debe ser por lo que representa, a través de las diapositivas en llamativos colores.

Llegó el Domingo de Ramos, la calle Real ya no presentaba aquellos adoquines y desniveles existentes para la correntía de las aguas de lluvia que, por “aquellos tiempos”, si que llovía. El asfalto había sepultado a los adoquines días antes. Las babuchas y alpargatas de los cargadores dejarían de sentir por las suelas, a veces rotas, el desnivel del adoquinado. Los pasos andarían más derechos en piso firme. Pero entonces, una de las diferencias habidas entre Cofradías era el ocupar o dejar libre la calle Real con los itinerarios. La calle Real consistía un tramo de la carretera nacional IV y, lógicamente, toda interrupción del tráfico originaba un gran atasco en la ciudad, a pesar de que los pocos Guardias Municipales en plantilla desviaban el tráfico por la calle San Marcos hasta el Callejón Nuevo, o por el Camino de la Diputación –carretera a La Carraca-. Otra novedad y sorpresa del Ayuntamiento consistió en la rotulación del nomenclator de las calles con azulejos que incorporaba el escudo de la ciudad.
A las nueve y media de la mañana del domingo, en la Iglesia Mayor Parroquial se celebró al igual que en el resto de las iglesias, la bendición de palmas. La Corporación Municipal asistió a la función que la ofició el arcipreste de la ciudad.




La vevantá cuando se oye !toca¡ Fotografía de www.elguichidecarlos.com

La Borriquita abría la Semana Santa de La Isla a las cuatro de la tarde desde la Capilla del Colegio hacia la calle Losada, Gral. Valdés, Plaza del Rey , Las Cortes, Gral García de La Herrán, Antonio López, González Hontoria en busca de la Carrera Oficial en calle Calvo Sotelo (Rosario), Colón, Cardenal Spínola, Diego de Alvear y Avenida de la Marina. Como quiera que esta Cofradía era de las que colaboraban en no ocupar la calle Real, aquel año, por vez primera, decide en lugar de subir Real arriba, entrar por la calle del Cañón o de La Llave (nombres populares) que no es otra que la de Almirante Cervera, continuar por San Servando, José A. Primo de Rivera (San Nicolás), Pérez Galdós, Santiago saliendo a Avd. General Varela (Real) y retornar a la Capilla para su recogida. En “aquellos tiempos”, la Borriquita sólo contaba con el paso de Cristo Rey y aún le quedaba bastantes años para entrar en “las siete revueltas”.

A las ocho de la tarde con un clima primaveral, los sones de la Banda de “Cornetas y Tambores” de la Cruz Roja de San Fernando, anunciaba que desde la Iglesia Mayor salía Las Columnas, con sobriedad y pasos de buen gusto, que era acompañada por la Banda de “Cornetas y Tambores” de la Policía Armada de Cádiz. A La Virgen, le acompañaba la Banda musical de la Cruz Roja. En la Presidencia, el Arcipreste de la ciudad Padre Pérez Alcedo y del preste el Padre Anelo Fecho, muy querido y entrañable en La Isla. Esta Cofradía si tomaba en su itinerario la calle Real hasta Losada, continuando directo por Las Cortes hasta Gral. García de la Herrán y Calvo Sotelo, Colón, Cardenal Spínola, Diego de Alvear y por la Avd. de la Marina hasta la Plaza del Ejército (Plaza Iglesia) a su templo.

Aproximadamente, treinta minutos (20.30 horas) más tarde, cuando La Virgen de Lágrimas ya se encontraba en el recién estrenado asfalto, asomaba por el dintel de la Iglesia Parroquial la Cruz de Guía, y los dos faroles que estrenaban el Medinaceli. Abría la procesión la Banda de “Cornetas y Tambores” de la Cruz Roja chiclanera. La seriedad que imprimía esta Cofradía, la cantidad de penitentes, la devoción y gran penitencia siempre detrás del Cristo, hacía que esta procesión fuera muy querida en La Isla. En la Presidencia junto a la Junta de Gobierno, el coadjutor de la Iglesia Parroquial, el cañaílla Padre Casal Carrillo. Cerraba el cortejo la Banda de “Cornetas y Tambores” del C.I.R. nº 16 (Camposoto). El itinerario lo hacía detrás de Columna hasta la calle Gral. Valdés que, subiendo por Sánchez Cerquero, Calderón de la Barca, Hermanos Laulhé, Antonio López, González Hontoria y al llegar a Calvo Sotelo (Rosario) se unía con Columna, continuando ambas procesiones juntas hasta la recogida que, primero entró en la Iglesia la Virgen de Lágrimas, a continuación Medinaceli y en último lugar el Cristo de Columna. Un acontecimiento poco visto según la prensa local.

La misma prensa califica a las procesiones que salen en el Lunes Santo como “del más puro estilo sevillano” por lo dorado de los pasos. Ecce-Homo estrena nueva “sanda” (paso) en madera aún. A las siete de la tarde desde la Pastora subiendo por Marconi, Santo Domingo, Colón, Manuel Roldán, Ancha, Falange Española (San Rafael), Colón, Carrera Oficial (entrada cuarenta y cinco minutos desde la salida), Gral. García de la Herrán, Las Cortes, Gral. Valdés, Losada, Avd. de la Marina, Diego de Alvear, Santo Domingo y Marconi a su templo. El desfile procesional de ésta Cofradía era siempre esperado ya que en ella, el Gobernador Civil de la provincia desfilaba en representación del Caudillo.








Cristo de la Casería. Fotografía de www.elguichidecarlos.com

Los Afligidos desde el Cristo viejo comienza su procesional desfile por Bazán, Méndez Núñez, Churruca, Maestro Pórtela (Ancha), Manuel Roldán, Colón, Cardenal Spínola, Diego de Alvear, Real, Las Cortes, Gral. García de la Herrán, Calvo Sotelo, Colón, Falange Española, Méndez Núñez y Bazán de nuevo para la plazoleta que siempre se encontraba llena de fieles para ver la recogida.

La Misericordia, desde la Pastora salía inmediatamente detrás del Ecce-Homo a las ocho de la tarde. Ese año, la Cofradía sacaba a la calle una bandera bordada en oro sin terminar. Marconi, Santo Domingo, Cardenal Spínola, Diego de Alvear, Avd. de la Marina, Plaza del Ejército, Avd. Gral. Franco, San Diego de Alcalá, Cortes, Gral. García de la Herrán, Calvo Sotelo a las 10,15 aproximadamente, Colón, Falange Española, Maestro Portela, Manuel Roldán, Santo Domingo y Marconi a su templo.

Martes Santo, como siempre con amenaza de lluvia pero, en 1970, el cielo quiso dejar que la Cofradía de La Caridad –La Virgen más cañaíllas de cuantas había entonces- saliera a la calle para estrenar un nuevo paso de plata repujada sobre armazón metálico en la canastilla y respiraderos, en el cubre andas incrustaciones en relieve de la Pasión de Cristo. La Caridad ha contado siempre con numerosas saetas en la calle. Tan sólo al salir, de la garganta quebrajada del “Compadre” sale las siguientes estrofas cantadas “De La Isla tus cargadores/isleño es tú escultor/ y éste humilde saetero/ que por cantarte mejor/ lo hace siempre el primero/. La calle Real y los callejones de entrada a los patios del Pino y San Francisco, así como las azoteas de “la Tienda Chica”, Freidor de Bey, la casa de Rafael Ortega, la del Sindicato o casa de Lazaga, se encontraban llenas de gentes observando el primer paso plateado de La Isla.
Caridad bajó por la calle Real hasta la Plaza de la Iglesia para entrar en la Carrera Oficial aproximadamente en una hora y media desde la salida. Colón, Falange Española, Maestro Portela, Manuel Roldán, Cardenal Spínola, Diego de Alvear, Escaño, Avd. de la Marina, Plaza del Ejército y General Franco a su templo. La Caridad siempre contaba con la participación de la Banda de “Cornetas y Tambores” del Cuartel de Instrucción. (marinería). Este año también estrenaron dos secciones con túnicas de raso.

A las siete de la tarde, la pastoreña iglesia abría sus puertas para que La Oración en el Huerto comenzara su desfile procesional por las calles del barrio: Marconi, Santo Domingo, Cardenal Spínola, Diego de Alvear, Avd. de la Marina, Calvo Sotelo (20,15 horas), Colón, Churruca, Juan de Austria, Falange Española, Maestro Pórtela, Mariana de Pineda, y bajar por Santa Rosalía y Marconi a paso lento acompañada de bandas de “Cornetas y Tambores” de la Cruz Roja.

Miércoles Santo, la alegría demostradas en los días anteriores por las procesiones en la calle, cambió por el silencio y recogimiento que impera en el Cristo de la Vera Cruz, que desde la entonces Iglesia del Cristo comienza a desfilar por Bazán, Méndez Núñez, Churruca, Maestro Pórtela, Manuel Roldán, Escaño, Avd. de la Marina, Avd. Gral. Franco, San Diego de Alcalá, Las Cortes, García de la Herrán, Calvo Sotelo, Colón, Falange Española, Méndez Núñez y Bazán hacia su Iglesia.


El diálogo del penitente y el niño. Fotografía de www.elguichidecarlos.com

Jueves Santo, festivo a partir de las tres de la tarde, las Iglesias eran visitadas por hombres con sus mejores ternos y corbata enlutada, y las mujeres de traje negro y mantilla, las que no podían vestir con la tradición, con sus mejores vestimentas en colores acordes con la festividad que, por supuesto, debían llevar velo sobre la cabeza, faldas y mangas largas. En www.elguichidecarlos.com se habla de lo que fue la tradición de la mantilla que, por cierto, en 1970 la Junta de Gobierno de la Borriquita fomentó la presencia detrás del paso del Cristo de mujeres embellecidas con la tradicional mantilla. Esa tarde y la mañana del Viernes Santo los vehículos militares de color gris, y el SEAT 1500 del Alcalde, recorría las Iglesias de La Isla en visita de las autoridades a los Santos Sagrarios. Al menos había que visitar siete Templos o, quién no podía andar tanto, entrando y saliendo del mismo tantas veces le faltare para completar el número de rezos.

A las ocho de la noche, desde la Parroquia de La Casería, el Cristo del Perdón comienza su Vía Crucis teniendo ya instadas sobre catorces cierros o balcones de la Isla el lugar elegido con una Cruz iluminada. Penitentes sin cirios portando una Cruz negra de madera, pequeño paso que hacía más grande en tamaño al Cristo de Antonio Bey. Camino de la recogida se observaba –si había buena luna- estampas del paisaje cañaílla ya perdido: el desaparecido Puente de piedra de la Casería, el reflejo de las aguas de la bahía, y sobre las huertas se divisaba el Observatorio y el Panteón de Marinos Ilustres, atraía ir a ver pasar al Cristo que, por el camino de la Cruz prácticamente iba solo con los cofrades y los hortelanos del lugar que le acompañaba marcando el paso de los dos tambores de los marineros, a oscura, tan solo encendido los velones del paso si el airecito de la bahía lo permitía. Pero al salir por la tarde, el itinerario lo comenzaba por San Roque, Juan S. Elcano, Dulce Nombre de María, Joly Velasco, cruzaba el paso a nivel de la estación entrando a la Glorieta (General Lobo), 18 de Julio, Falange Española, Maestro Pórtela, Calatrava, San José y San Antonio camino del puente ya comentado anteriormente. Aún no llegaba esta procesión a la Carrera Oficial.

Treinta minutos más tarde de la hora de salida del Cristo del Perdón, en la Vaticana de San Francisco, el Silencio con tan solo encendido sus cuatro hachones rojos, comienza su caminar con las calles apagadas, sin reflejo alguno de luces de los luminosos o escaparates de los refinos y comercios. Los bares y “güichis” no solían abrir ésa tarde en señal de luto, pero aquellos que tenían a los parroquianos en el interior apagaban las luces o cerraban los contraluces de las puertas en señal de respeto. Real abajo, Calvo Sotelo (22.horas), Colón, Falange Española, Ancha, Manuel Roldán, Cardenal Spínola, Diego de Alvear, Avd. de la Marina, García de la Herrán, Las Cortes, Gral. Valdés, Losada y Real a su Templo.

Viernes Santo, de madrugada, como siempre a las dos horas, las viejas puertas de la Iglesia Mayor abren para dar paso a la Cruz de Guía del Nazareno, los tambores comienzan a sonar y callar al bullicio de gentes que, desde las diez de la noche, ya tomaban sitio para ver mejor al bautizado popularmente como “El Viejo”. Apelativo nacido entre los cargadores. Grandes focos iluminaban la silueta del Nazareno sobre la fachada de la Iglesia que parecía dar el paso como si ya le pesara la Cruz, cuando tan sólo había comenzando por la calle Real hacia Losada, General Valdés, Hermanos Laulhé, Antonio López, Vidal (Glez. Hontoria), Calvo Sotelo, Colón, Falange Española, Maestro Pórtela, Mariana de Pineda, Santo Domingo, Escaño, Real a Plaza de la Iglesia. Con el frío de la mañana y los primeros rayos del sol, los “pasos” se acercan realizando el tradicional “encuentro”. A decir verdad, en “aquellos tiempos” el público que llenaba por completo la Plaza de la Iglesia llegando los últimos hasta el Hotel Roma y Los Gallegos, aplaudían de emoción pero, no se oían silbidos o voces. Nueve de la mañana, nueve y media, y a veces cerca de las diez, cuando ya se recogía entre una y otra marcha que las bandas de “Cornetas y Tambores” tocaban. En la madrugada ya abrían los bares, pastelería y hasta las churrerías y freidores.


Resucitado de Benacazón. Obra del cañaílla Juan Luís castro Bey. Fotografía de Andrés Quijano de Benito.

Desde la Iglesia Conventual del Carmen a las diecinueve horas procesionaba el Santo Entierro por la calle Real hacia la Carrera Oficial, Colón, Escaño, Real a su Templo. Pocos penitentes, el Capitán General en representación del Jefe del Estado y muchísimos militares y autoridades civiles que, como todos los años, al pasar por la Tribuna instalada en la Carrera Oficial, desaparecían los militares de mando, que no la tropa, por la calle de Requetés de España (Vicario) hacia arriba y hacia abajo. El paso de rueda que llevaba a Jesús en la urna, era escoltado por Infantes de Marina con el mosquetón en señal de duelo y sólo se oía el pisar de los infantes sobre el asfalto. Daba pena ver el cortejo desde la Alameda hacia el Carmen, prácticamente igual que los hacía El Perdón por el camino de la Cruz. Esta Hermandad no se acercaba al pueblo y éste no acudía –quizás por lo distinta que era de las demás- a presenciar la recogida.

La Soledad constituía la última procesión en la calle. La seriedad y elegancia en el andar de sus pasos marcó un estilo propio de finalizar la Semana Santa de La Isla. La Plaza de la Iglesia volvía a llenarse para ver la última recogida que, por cierto, el año anterior de 1969, protagonizó la Banda de Cornetas y Tambores del cuartel de Camposoto con el público que allí se encontraba presente, un episodio que finalizó en trifulca y batalla campal según se comenta en www.elguichidecarlos.com titulada como “En una recogida de la Soledad”.
Ambos pasos tomaron como itinerario la salida desde la Iglesia buscando Gral. García de la Herrán, Las Cortes, Gral. Valdés, Alameda, Real, Calvo Sotelo, Colón, Falange Española, Maestro Pórtela, Manuel Roldán, Cardenal Spínola, Diego de Alvear, Real y a su Templo.

Finalizó aquella Semana Santa de 1970, no sin antes haber cierta polémica entre las Cofradías por estar algunas de ellas solicitando el cambio de la Carrera Oficial por la calle de Calvo Sotelo (Rosario) ya que ésta no reunía el esplendor que deseaban dar a los desfiles procesionales. Algunas voces apuntaban a que fuese la calle Maestro Pórtela (Ancha) la nueva Carrera Oficial por su desarrollo, ornamentación y ser más cómoda para que el público presenciara el desfile procesional. Curiosamente, excepto las tres procesiones del Domingo de Ramos y la del Santo Entierro, eran las únicas que no incluían en sus itinerarios la calle Ancha pero, ésta calle era la más cercana al centro que procesionaba El Cristo del Perdón.

Pero si analizamos las comparaciones que se puede dar entre la Semana Santa de hace 38 años con la actual, vemos que: Ya existía una Junta Oficial de Cofradías de donde partió el Consejo de Hermandades. Medinaceli celebró sus 25 años.También anunciaban estrenos de atributos. Se incorporó un tipo de túnica no usual y ahora, se quitan las capas y colas de los penitentes que entonces existían. Ecce-Homo sacó el paso en madera sin terminar, y desde varios años atrás, tenemos ahora todas las Semana Santa al menos, un paso en madera tallándose sin finalizar. Caridad estrenó el paso que éste año ya no sale por vez primera, y ahora también inaugura un paso en madera sin finalizar. La calle Real está en todos los itinerarios de ahora.
El pregón se ha paseado por todos los locales posibles. Se impulsó la incorporación de la mujer con mantilla, lo que ahora alguna que otra Hermandad no desea que le acompañe en su cortejo. Seguimos hablando y escuchando las composiciones de Agripino
Se hablaba de “sevillanismo” y continuamos con tendencia de algunos cofrades que prefieren parecerse a otros en lugar de conocer y fomentar los autóctono; Quizás sea que hay mayores publicaciones de Semana Santa del exterior que de la nuestra, y crean que todas deben ser iguales. Puesto a igualar, o copiar, o calcar, ¿deberíamos equiparar también los nombres de Vírgenes?. No, como suele decirse “Al César lo que es del César”.


El recuerdo. Fotografía de www.elguichidecarlos.com a la Virgen de las Estrellas.

Los “aguaeros” querían quitarlos pero afortunadamente continúan, aunque ya son pocos los güichis que quedan y lo que menos se consume ahora son los vinos. El protagonismo de los cargadores se encontraba bajo los pasos. Por cierto, literalmente la prensa decía de éstos: “Y comienza el lento caminar, el “mecío” o el “baile”. A las voces de ¡Quieto¡ y ¡Vámonos¡, el paso se para, avanza y va de lado a lado, dando la sensación de que Cristo anda, sobre los hombros de sus cargadores. ¡Cargadores de La Isla¡ los auténticos artífices de ése triunfal recorrido de Cristo. Los responsables de ése escalofrío que nos recorre el cuerpo. De ésas lágrimas que enturbian los ojos de hombres y mujeres”
Pero echamos en falta: Que en El Cristo del Perdón sus penitentes ya no portan aquellas cruces de madera. Su vieja “sanda”. Nuestra vista ya no alcanza ver el Puente de la Casería; ni el camino de la Cruz completo; no vemos la Bahía, el Observatorio, el Panteón, ni las huertas con chumberas y pitas. Ya no existe el paso a nivel de la estación del ferrocarril junto a la Glorieta. No tenemos bandas de “cornetas y tambores” que marcaban el paso militar asumido como cañaílla y que, tan bien se cogían aquellos cargadores, hoy son agrupaciones y algunas recorren más de 500 kilómetros para venir a tocar diferentes sones de los que andan nuestros pasos y cargadores. Echamos en falta a aquellos pregones y vendedores de roscos y arropía delante de las procesiones.

Afortunadamente la Semana Santa de San Fernando o de La Isla ya es conocida y divulgada, gracias entre otras acciones a la aportación económicas que ahora reciben las Hermandades. Tenemos mayor número de procesiones en la calle y los misterios sobre los pasos más completos. Composiciones musicales por Hermandad y miles de hermanos de penitentes. Nueva Carrera Oficial y los itinerarios más lógicos que los de 1970. Pero en la Isla los líos de circulación continuaron ya que como hemos leído, algunas procesiones no dejaron de desfilar por la calle Real. Los Guardias Municipales fueron felicitados por la Junta Oficial de Cofradías en reconocimiento a la labor desarrollada tanto en el orden de los cortejos como en la circulación que, en “aquellos tiempos” por la calle Real circulaban diariamente más de 26.000 vehículos, camiones, autobuses, ciclomotores, bicicletas y algún que otros vehículos de tiro animal aún. En la prensa local se anunciaba que ¡Ya es Primavera¡ pero, no era el eslogan de un afamado centro comercial que conocemos, no, lo hacía “Muebles Laysla” que se encontraba en la calle Colón esquina con Falange Española. La imprenta y papelería “La Voz” de los Espejo, se encontraba celebrando la friolera cantidad de 50 años al servicio de los cañaíllas. El C.D. San Fernando militaba en Tercera División y se encontraba clasificado en el lugar número 15º, y el Hércules en la Regional Preferente en el 6º lugar. Pero para los que no éramos profesionales del balón, también habían comenzado el II Campeonato Interparroquial que “lo llevaba el Padre Casal” y que tras el éxito del primer campeonato, se incorporaron los nuevos equipos de San Servando, Aguilas, San Marcos é Iberia a los ya veteranos Saeta, La Pastora, Bazán, San Germán, Leones y Nacional. El malogrado matador de Toros Francisco Ruiz “Paquirri” esos días juró la bandera en el Cuartel de Instrucción y, los primeros cañaíllas que fueron a vivir a la Barriada de Manuel de Falla, disfrutaron de aquellos grandes pisos que les entregaron aún con la calle sin pavimentar y que, al final de la calle San Marcos, todavía estaba en pié la portada de la huerta del Policía.Para todas aquellas personas que son “amante de lo nuestro” y lo divulgan sin modismo alguno.

Carlos Rodríguez.-
“El Güichi de Carlos”
Marzo 2008.


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Cuadrilla cargadores Cristo de Misericordia. El Cristo de la Misericordia procesionó por vez primera el miércoles santo de 1.958. Fotografía de www.elguichidecarlos.com

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