Comienza las mudanzas, las puertas de las iglesias permanecen entre abiertas a horas desusadas, en su interior se limpiará la plata, se colocarán los varales en su punto de flexión exacto para que luego obedezcan, serán fijadas la candelería, ajustados los respiraderos, afianzados los guardabrisas, aseguradas las flores etc. A todos los cofrades curtidos con años de almacén y parroquia, que están vistiendo el hábito nazareno desde que eran pequeños, se lo llevarán para cubrir el último y supremo itinerario desde esta vida, a todos ellos se le chisporrotearán en los ojos esas formas de sentir innominadas y que los mantendrán con un sin vivir ante la inminencia de la hora en que los Sagrados Titulares harán Estación de Penitencia y habrá que vertebrar toda la rigurosa organización de la cofradía en la calle. Por los almacenes cofradieros llegan algún rezagado solicitando una túnica, los chiquillos se reúnen en la calle Real para contemplar con júbilo el montaje de las tribunas por los barrios alguna procesión infantil se adelanta a los acontecimientos. Durante toda esta semana se podrán contar por miles las miradas que se alzarán al cielo de poniente, a las veletas de la iglesia mayor.
Antonio Armario Muñoz Ir a Semana Santa Ir a historias de semana santa
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