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semana santa 1927 | junta de procesiones. 1914  

pregones con historias cañaíllas.

Pregones y resúmenes de éstos, que en sus locuciones nos relatan historias de la Isla contadas en su día entre el Río Arillo y el Puente de Zuazo. Vivencias que nos han transmitidos y que fueron detalladas por los que participaron en ellas, o quienes las recibieron. Es otra manera de entender lo que ocurría en “aquellos tiempos”.



manolo casal.

"A golpe de llamador se inició una de las más emotivas exaltaciones vividas en San Fernando. Manuel Casal dejó una marcada huella de la historia reciente del mundo de la carga isleña, llena de vivencias y sentimientos que arrancó numerosos aplausos del público asistente.
La "Pasión de Nicolás", daba nombre a una "trepa" llena de vivencias que llegó a lo más hondo del numeroso p;ublico asistente que no pudo contener la emoción..." (Diario de Cádiz, 20-03-94).

"El Periodista Isleño podría ser designado Pregonero de la Semana Santa del próximo año tras el gran éxito obtenido en la "Proclama de la Carga". Manolo Casal realizó un pregón emocionante y memorable ..." (Diario de Cádiz, 01-04-94).Titulares de ésta clase, avalaban el buen hacer de Manolo Casal en la III Proclama de la Carga, celebrada en el Salón de Actos del Colegio La Sa-Ile-Carmen, el día 18-03-94, del que reproducimos, a continuación, un dificultoso resumen debido a la belleza de todo su contenido


1990 cartel Semana Santa Editado por San Fernando información.

la pasión de nicolás.

" A ganchete" os traigo la tercera trepa de palabras dedicada a la cuadrilla de "cargaores" con más raíces de LA ISLA. Será una trepa como yo entiendo, repleta de vivencias en carne viva, de sensaciones íntimas con las que me parto la camisa del alma. Estoy aquí por que me ha llamado la sangre. La presente y la ausente. Llevo casi un mes depurando mis recuerdos, en un esfuerzo al que me obligan las canas del NENE y la necesidad de colaborar en la reinstauración pública de un isleño que se dejó la vida paseando a los Cristos y Vírgenes de nuestro pueblo.
El TÍO NICOLÁS, que es así como me referiré esta noche a NICOLÁS CARRILLO LÓPEZ, era mi padrino. Su hermana, María Carrillo López, cuya marcha reciente me dejó sin respuestas durante varias semanas, era mi abuela. En menos de un lustro, ambos fueron al encuentro de José Casal Carrillo, mi tío el cura, el sobrino que se fue cuando más falta hacía y se convirtió en el guardaespaldas celestial de la familia. A finales de año, mi TÍA LOLA se unió a ellos. DOLORES TINOCO RESPETO, la esposa del capataz eterno de la isla, era un San Nicolás femenino, de importante cabellera blanca y con una sonrisa a la que la barba de varón habría robado el embrujo. A todos les debo estos recuerdos, que son tan míos como suyos, y que espero sean también vuestros a partir de hoy.
Se fueron de la misma manera. Nos robaron su presencia marchándose en silencio, para no molestar, dejándonos el sabor amargo que tienen las cosas inexplicables pero ciertas. Charo García, la mujer del NENE, inquieta pluma sentimental de la familia, lo decía en su carta de cuerpo presente a la TÍA LOLA, a la que incluso garantizaba su continuidad entre nosotros a través de una de las singularidades terrenales más llamativas de su árbol ge-nealógoco:


XXV aniversario de Misericordia (1982) El sábado los componentes del paso de Cristo de la Cuadrilla de Nicolás Carrillo realizó el trayecto de ida a la Iglesia Mayor. El domingo de vuelta hacia la Pastora, el paso fue cargado por los de la Virgen de la Piedad. Fotografía cedida por Paco Comandante.

razones para una cruz.

Hay quien dice que nuestra Semana Santa no tiene tradición. Rechazan la evidencia de que empezamos a salir de nuestra cárcel de agua salada por el movimiento genuino de nuestros pasos. Que el Puente Zuazo, cordón umbilical de nuestra existencia, transmite al menos desde 1.850, la estampa de una imágenes que andan reales sobre los bancoa de niebla del alba. Es la tradición, que se gana a "cardenales", a cruces, a disgustos. La tradición que se construye generación tras generación. Vida sobre vida. La tradición que arrolla hasta llevarse por delante a sus más fieles instigadores.
Y no hay dineros que puedan con ella, a pesar de esa letra de Carnestolendas que regresa a mi memoria cada Cuaresma. Es una letra propia de los charlatanes, que obligados a decir miles de mentiras sueltan alguna vez una verdad brutal. "Por dinero en esta tierra, el honrado se pervierte y el leal sin más te engaña. Por dinero, los humanos empeñamos el corazón. Fíjese usted si es absurdo, que hasta por 30 "moneas" le dieron condena al mejor del mundo".

Y ese fue su Calvario. Por dinero cayó en desgracia mi TÍO NICOLÁS. Por dinero fue repudiado por todos. Por dinero se consumió rodeado sólo por su familia y los demás fieles. En el principio, cuado la gente del "trajín" tenía el orgullo de cargar todos los pasos de LA ISLA, cuando nuestra Semana Santa aspiraba a ser exdusivamente nuestra y no buscaba a toda costa el reconocimiento exterior, cuando las cofradías ayudaban con sus dineros a que se comiera caliente en las humildes casas de los "cargaores", nadie se acordaba de los que iban debajo. Eran incluso repudiados por las clases pudientes.

La carga estaba mal vista. Y aunque, NICOLÁS había conocido ya la experiencia de ceder procesiones a la cuadrilla de profesionales de Pedro Sánchez, que fue en la etapa de cambio político de nuestro país, cuando se forzaron las novedades que provocaron sus heridas. La mejora de las condiciones sociales y la aparición de una clase media mayoritaria, revolucionó el mundo de la carga isleña. Las cofradías advirtieron entonces que era posible arañar ese presupuesto para destinarlo a otros menesteres. Los profesionales se convirtieron en unos interesados a los que había que demostrar que la carga es un acto de fe altruista. Y aquel milagro de los panes y los peces, que durante décadas se repitió a base de sudor, sangre y "fatiguitas" en nuestras andas, se quedó anacrónico.



Penitentes con colas. Década años 40. Procesión de Columna. Fotografía Quijano.

El invento se justificó y se justifica todavía con la importación de la idea sevillana de las cuadrillas de hemanos costaleros. LLegaron a partir de entonces los "cargaores" de aluvión, y el esfuerzo antes para esa especie de apestados sociales que eran los profesionales derivó en una moda para los isleños de proa. Fue la época de los del chandal sudoroso en los bares más concurridos, la sudadera más cara y los prestamistas de trepas que aprovechaban el descanso para pavonearse por las calles. Afortunadamente, ese prototipo de héroe semanasantero ha ido desapareciendo de todas las cuadrillas.

Nadie cuestionó en aquel momento la necesidad de ese cambio, de esa reconversión de "carga remunerada" a "carga neo-creyente". Había sólo que dialogar, limpiar, convencer, transferir, pero como manda la universidad de la calle, había que hacerlo con el arte del respeto y el saber estar. Dando a cada parte su sitio y poniendo mucho corazón. Pero el cariño, los esfuerzos compartidos durante décadas, los compromisos, se olvidaron bruscamente. Y si muchas veces el camino más corto necesita un rodeo, se optó por el atajo y el bisturí, abriendo heridas donde no se ven. Heridas que, por tanto, no se pueden cenar.


1991 Cartel Semana Santa Editado por San Fernando Información.

el calvario de mi capataz.

Aquella época de decadencia interna y externa de la cuadrilla de NICOLÁS encontró su punto de inflexión con la pérdida de confianza de la Hermandad del NAZARENO, en los primeros años ochenta. La decisión sirvió de espoleta a la bomba de desprestigio en la que muchos trabajaban desde hacía años. Se desató entonces, en el resto de cofradías, una febril carrera por desprenderse cuanto antes de la cuadrilla, que terminó siendo vejada y humillada en los ambientes cofrades. Caridad y Afligidos, el paso mimado del NENE con su conocido mito del "carnet", encabezaron el rosario de quienes les rechazaron como ovejas negras de la carga, sin siquierauna palabra de agradecimiento por los servicios prestados.Los hombres de CARRILLO se convirtieron en proscritos, y más de uno borró de su curriculum la pertenencia alguna vez a la cuadrilla. Así, compitieron con el creador de la IGLESIA a la hora de negar tres veces, y las que hiciera falta, a aquel que se portó como un verdadero padre con todos. Las hermandades que, como ECCE HOMO y hasta finales de la pasada década MISERICORDIA, mantuvieron el tipo, acabaron formando parte de la trama. En algo más de 10 años, LA ISLA había borrado no sólo la exclusiva de NICOLÁS, sino a la cuadrilla que garantizaba el estilo más rancio y primitivo de llevar pasos en nuestra tierra. El tiempo, que da y quita razones, ha empezado ya a deshacer el entuerto.

Y en ese SOLO ANTE EL MUNDO, mi TÍO NICOLÁS demostró que era un hombre cabal. Su integridad le llevó a dar toda una lección de vergüenza y honradez a los suyos. Hasta tal punto, que su sentido del bien y del mal derivó en la división de la cuadrilla cuando el NAZARENO intentó alcanzar un acuerdo secreto para pagarle sus servicios como capataz con la condidón de ahorrarse el jornal para sus hombres. Nicolás no lo dudó. Se acordó de aquellas 30 "moneas" bíblicas y rechazó el papel de JUDAS que se le proponía entonces por 30.000 ptas. Algunos "cargaores" enmudecieron ante el gesto y puestos a elegir, decidieron quedarse a salvar la barca aún a costa de perder para siempre al VIEJO. Otros no puedieron soportar esa idea y le abandonaron.






Cuadrilla del Nazareno. Década de los 80. Ultimos años de Ncolás Carrillo (de pié segundo por la izquierda con chaqueta gris) en el NAzareno. De la colección de fotografías de la Cuadrilla "Nicolás Carrillo". Publicada en Boletín "Medio Ganchete" año 1998.

la resureción de un apellido.

"Si no hay un CARRILLO delante no salen los pasos". Esta frase de Paco EL COMANDANTE, uno de los puntales de la cuadrilla y de la peña, resume a la perfección vuestros sentimientos hacia el hombre que guió durante más de 35 años y en los momentos más difíciles los destinos de este grupo humano. Cuando la oí me quedé "colgao" de ella, como el NENE de chiquillo en los pasos más altos. De entrada es agradecida, honda, celosa, íntima, anhelante y emblemática. Para enmarcarla en vuestro local. Pero también es áspera, incisiva, abrumadora, provocativa, penetrante y sobre todo caótica. Porque después de ella sólo cabe el abismo.

Es evidente, la frase histórica de los leales, aquellos que casi en la clandestinidad habéis luchado contra la corriente para procurar la resurrección de un apellido cuya sola mención significaba el destierro en algunos círculos. Bajo el liderazgo del NENE, el apoyo de sus hermanos PACO EL MORO, RAFAEL Y MANOLO, cabeza gacha y el silencio por bandera, habéis vuelto a empezar de cero y hoy estáis ya camino del infinito. El futuro valorará adecuadamente esta misión ilusionante de recuperar vuestras más viejas tradiciones "cargaoras". El genio y la personalidad de JOSÉ CARRILLO TINOCO, el soñador de Semanas Santas según EL COMANDANTE, os ha llevado a redoblar esfuerzos por ofrecer una imagen de la cuadrilla que no existía ni en los mejores tiempos de MARÍN, TINOCO o CARRILLO.

Y ahí está vuestra fuerza. Con ese apellido mantenéis la llama más honda de los "mecíos" isleños, y con una visión renovadora de los valores de la carga, enseñáis a quien tenga ojos para ver, seriedad, experiencia y aunten-ticidad en esta nueva etapa. Con ese apellido en vuestra peña y vuestra cuadrilla, garantizáis el reconocimiento histórico y la conversión a mito dela tradición de la carga isleña de un hombre que se fue sintiéndose culpable. Pero se puede hacer más y se que estáis en ello. Soñáis con que algún día los representantes del pueblo reconozcan sus méritos, su liderazgo en una etapa muy dura de nuestra Semana Santa, y en esa línea de ensalzar lo más nuestro estampen su nombre en una de las calles de la ciudad. Sería sin duda, un gesto con el que sanar las heridas que se lo llevaron. CALLE NICOLÁS CARRILLO, el hombre que murió víctima de dos épocas del pueblo profundo que luchaba por comer "tó" los días y el que aplaude el exceso de ornamentación de nuestros desfiles procesionales olvidándose de los casi 4 millones de parados, de los caídos en BAZAN y SAN CARLOS, o de los dos millones de pobres que viven en Andalucía, la miseria que regala Marruecos en sus pateras y los camiones de ayuda humanitaria para BOSNIA o SOMALIA.




Niño Félix y Paco Comandante. Delante del paso de Columna antes de la carga. Fotografía cedida por Paco Rodríguez..

"domingo de ramos".

Esta es tu hora "cargaor". Llega ya tu tercer DOMINGO DE RAMOS después de una noche de vigilia, de un año de síndrome de abstinencia del palo que es tu vida. Liberarás la última hoja del almanaque sufriente que es tu espejo y sacarás del ropero los atributos vitales de antiguos sudores. Con la "almona", la faja, las zapatillas y el pañuelo, buscarás la guita con la que amarrarte a la "maera" del tiempo doliente que llega. Este es tu día "cargaor". La atmósfera familiar será distinta, más espesa. Tu espacio vital se verá reducido por la premonición de que vendrán horas de estrechez.
Saldrás a la calle. Una vuelta por la peña o al encontrarte con algún compañero de "levantas" te dará alas para sentirte capaz. Un remolino de aire de LA ISLA te envolverá. El silencio te llamará a meditar, pero no habrá tiempo. No sabrás que comer. El pellizco interior demostrará que no hay sitio para tu apetito. Llevarte algo a la boca sería un formulismo de acidez. Tu mente confiará en los "refrigerios". Recordaras las "conviás" de NICOLÁS cuando se encontraba con los suyos en algún bar. Un año más el güichi de LA HERRAN servirá para calentar corazones y despedir adrenalinas. Algún viejo te contará como CARRILLO, acuciado por los que cargaban de promesa y conocedor de las necesidades económicas de sus hombres, exigía el jornal de aquellos que tenía que dejar fuera para no dañar más sus escasos bolsillos. Por que, él nunca se quedó con un duro de nadie.
Pero no habrá más tiempo para muchas anécdotas. A falta de minutos, temblarás. Serás tiovivo en el ritual de la faja. En un abrir y cerrar de ojos te verás en la iglesia. El murmullo de la calle se intensificará distorsionado por las voces de los hermanos que toman posiciones en el interior del templo. Una música lejana denunciará la llegada de la banda.
Con un cántaro listo, como antes hicieron EL QUIQUI, EL NIÑO Y EL PULGA, Carlos EL MORO hará de psicólogo de la cuadrilla, de masajista mental de aquellos que pedirán sus favores de "aguaó" a lo largo del recorrido. Repetirá la lección de "to los años". El "vaso a nivel está garantizao". Y se romperá la garganta dando gritos de ánimo. Con una mirada, el capataz dará la orden y entrarás como reo en el "cuarto oscuro" de LA PASIÓN, según LA ISLA. Te sentirás en la "celda de castigo" de la penitenciaría en que redimes tus culpas cada Semana Santa y las caídas esconderán decenas de sonrisas nerviosas. Llegará la primera "levanta". Como siempre por Nicolás, sin olvidarse este año de LOLA. OLE MIS NIÑOS. Y sin parar de mecerlo. Digo bien, SIN PARAR DE MECERLO, como sólo lo hace esta cuadrilla, el paso superará el pórtico de la Iglesia Mayor sin un arañon. Dueños ya de la calle, la piel te disfrazará de erizo y el pueblo romperá en el primer aplauso de la tarde más deseada del año.




1973 cartel de Semana Santa. Editado por San Fernando Información.

retorno al futuro.

NICOLÁS encontró en MISERICORDIA la "maera" que sirvió para continuar adelante, y el NENE se ha agarrado a COLUMNA para evitar que zozobre el "candray" que se mueve por las 4 esquinas del incienso de LA ISLA, al ritmo auténtico que marcan las mareas. Ignacio Bermejo, Hermano Mayor de Columna, reconocía el año pasado en el boletín que se acercó a esta cuadrilla con alguna reticencia inicial, superada ya por la certeza de contar con la única y gran cátedra de la carga isleña. Por eso, hoy quiero daros las gracias en nombre del pueblo. Gracias por saber esperar con vuestra unidad la llegada del presente. Sabéis que los ciclos vitales se repiten, y otra vez vendrán a buscaros aquellos que un día os dieron la espalda. Si seguís confiando ciegamente en LOS CARRILLOS, no tenéis más que continuar bebiendo de la fuente del NENE, andar el camino que os enseña y esperar que llamen a vuestra puerta. Pero sin prisas.
Por que, el futuro está en vuestras manos. Cientos de niños de LA ISLA disfrutan ya con las primeras lecciones de esa genial iniciativa que es la ESCUELA DE CARGAORES que lleva el nombre de TINOCO. Que las voces del COMANDANTE, NIÑO FÉLIX, MAJANILLO Y JUAN EL GASOLINA, enseñen a otras voces. Que los "cargaores" viejos traspasen a los niños los secretos del MEDIO GANCHETE, con esa arrogancia del cargaor isleño en un oblicuo de 45 grados venerables, mano derecha abajo de vuestro palo, mano izquierda apoyada en el de delante, para enseñarle al mundo como andan nuestros Cristos y Marías.
Que no falten los hombros para hacer carreras oficiales de 8 horas. Que no falten los motes, signo equívoco de que estamos en familia. CACHITO, PRIMACHO, EL LOCO, NIÑO JOAQUÍN, EL LEVI, EL CALLAO, EL CHATO O LOS MORENOS, CHICO, JESÚS Y JOSÉ en su banda izquierda. Ha-cedió por todos los que amarraron alguna vez con NICOLÁS, que sus hijos ya se encargarán de que no falte nunca un CARRILLO que marque el rumbo santo de vuestros pasos ni la jerga que los sustente. No tenéis más que responder a la llamada de la sangre "canaula" que corre por vuestras venas, para completar el rito de HACER LA MAERA, de caminar a MEDIO GANCHETE, de picarlo hacia las bandas de los TIBURONES Y MARRAJOS, otra expresión del NENE, reencarnado en Aníbal cartaginés que cruza con sus elefantes LA ISLA de marismas y vinagrillos que conoce como nadie. Y TOS POR IGUA, con los TIBURRAJOS de enmedio que padecen cada año la curva central del piso de nuestra CALLE REAL. CABEZA A LA DERECHA, COLA A LA IZQUIERDA, OLE QUE BONITO VA. Y después de comerse el mundo, aire, que el FONDO no sea un naufragio "cargaor", sino el descanso acompañado de los guerreros de CRISTO.

MANOLO CASAL
Pregonero en la "Proclama de la Carga " de la "Cuadrilla Nicolás Carrillo". Semana Santa de 1994



Jesús de la Misericordia. Fotografía de www.elguichidecarlos.com

josé mª hurtado egea.

El acto de la IV Proclama de la Carga, del pasado año, estuvo en manos del conocido isleño José María Hurtado. El amor por la historia y el costumbrismo de su pueblo se vio patente el día de su intervención.

La frase de Eugenio D'Ors que afirma: "Todo lo que no es tradición es plagio", justifica la filosofía de su pregón, donde abogaba por la conservación de las costumbres y tradiciones de nuestra Semana Santa.
En este apartado reproducimos una pequeña parte de su proclama:

"(...) Todo mi sentimiento lo voy a resumir en el remedo de una frase de Eugenio D'ors, que desde que la descubrí se ha convertido en una forma de ser y que dice esto: TODO W QUE NO ES TRADICIÓN ES PLAGIO."

"(...) Sería rayano en la absurdez traer de nuevo los capirotes cortos o cucuruchos o capuz, que al fin y al cabo fue la consecuencia de una época escasa en recursos, pero no costaría trabajo volver a oír la matraca de la Iglesia Mayor cuando sale el Nazareno.
Pero sí abogo y ya lo escribí el pasado año en el Diario de Cádiz, por conservar las voces de penitente sobre nazareno; de escolta pasos por la de maniguetero; Virgen por señora y cargador por costalero, si bien, he de dar marcha atrás ante la voz de nazareno, que en unas ordenanzas para la Ciudad de San Fernando de 1879, se especifica claramente... todo aquel cofrade, penitente o nazareno..."

"(...) La proliferación de cofradías ha traído mayor cantidad de caprichosos y por ello, la destrucción de muchas de nuestras tradiciones y de entre ellas, ninguna se ha resentido más que la CARGA."
"(...) La tradición del cargador de la Isla es tan señera que ya José Ma Pemán en el 1935 escribía en la Guía Anuario del ínclito Gaspar Fernández de León, Gasparito, aquel romance dedicado a ellos en exclusivay debido a la clausura obligada de la Virgen del Carmen en su convento."

" (...) Yefectivamente, no se mecen a los Santos mejor que en la Isla, porque es esa barquilla fondeada en la Casería o en el muelle de Gallineras cuando la marea está creciente y los toletes parecen que quieren mojarse entre los saltos de los serranillos y las lechuguetas que arrastra el agua. Esa es la imagen externa que conservo de los pasos de la Isla. La suavidad del meció y la repajolera gracia del sonar de los caireles que sin oírlos, te deja sin respiración."





Encuentro de Columna. Año 1995 De la colección de fotografías de la Cuadrilla "Nicolás Carrillo". Publicada en Boletín "Medio Ganchete" año 1996.

"(...) Que pintoresco era este mundo que tanto nos gusta plasmar a los costumbristas, pero que pena más grande vivir de esa manera, que miserable vida la del pobre, cuando todo el mundo era pobre."

"(...) Toda la experiencia acumulada por tantos hombres, que no me quiero olvidar desde Paco "San-gretoro", Juan "El Cantero", Mariano "El Barquero", Paco "Rascanabo", "Rufino" hasta la generación actual, de esos chavales que debajo de su propia maera para las prácticas hacen honor a la Escuela del Medio Ganchete. Toda esa experiencia, decía, dio como resultado una manera de cargar los pasos, denominada "medio ganchete", que es la manera de aliviarse sin menoscabo, de sublimar la carga y de darle la magestuosidad requerida a la Majestad que se lleva arriba."

"(...) Repito, el profesional tenía que echar mano a mil recursos para poder cubrir los dos frentes, la faena normal y la extra, o sea los pasos. Se inventó el medio ganchete que podía haberse llamado como quisieran, pero ante la acuciante necesidad de llevar los pasos de una manera cómoda, que no agotase e incluso, podría permitir meter en los palos agente nueva, que cubiertos y amparados por la veteranía, lograse una carga correcta y sin perjuicios de cara al exterior."

" (...) Por fuerza y aunque ha hecho lo posible para evitar comparaciones, que siempre fueron odiosas y, dentro de mi particular respeto, en este caso concreto, la tradición puede convertirse en plagio por mera ignorancia, pero también puede convertirse en snobismo, sencillamente, por puro esnobismo, por nadar contracorriente o por mirar demasiado hacia Sevilla, que la Semana Santa en Sevilla, pero la de la Isla es la de la Isla, la que siempre vimos desde chiquillos y la que no nos gusta que nos la cambien, esnobistas o noveleros, que les llamaríamos por aquí..."
José María Hurtado cerraba su "perorata", no sin antes, hacer un intento de acabar algunos pregones, con un romance de cómo vé una procesión en la calle y lo que piensa a su paso.

José Mª Hurtado.
Pregonero de la "Proclama de la Carga" de la "Cuadrilla Nicolás Carrillo". Año 1995.





1975 cartel Semana Santa Editado por San Fernando Información.

tradición

En el mundo cofrade se habla mucho de tradición. La propia Semana Santa es una tradición que en un pueblo tan sensible como el andaluz tiene una penetración y un sentido difícil de explicar en otras latitudes. He vivido -como sin duda muchos de ustedes- semanas santas en Zamora, en Segovia, en pueblos de Castilla La Vieja: son otra historia. Y conste que no identifico la sobriedad con la religiosidad, la austeridad con el recogimiento, pero sí se advierte en esos actos penitenciales una mayor similitud con el origen mismo de tales manifestaciones de culto externo, es decir, una más exacta forma de perpetuar, año tras año, la tradición, si por tradición se entiende la transmisión, de generación en generación, de unos usos, unas costumbres, un lenguaje, para conservarlo de la misma forma que fueron. De-la-misma-forma-que- fueron. Dice Antonio Burgos, refiriéndose al "sevillanismo" de la Semana Santa, que su secreto consiste en ser una copia hiperbólica de tópicos, pero
que lo sevillano, por lo general, late en otros pulsos. Quiero decir con esto que, aparte del asombro que el mundo cofrade me produce, tengo la duda razonable de que, además, pudiera estar corriendo el riesgo de considerar como tradición algo que singularmente no lo fuera, y que ésta, como las malas fotocopias, terminara por hacer irreconocible el original.
Parece oportuno señalar aquí, y ahora, este matiz; puesto que este riesgo no he podido advertirlo, en los hombres que forman esta Cuadrilla "Nicolás Carrillo". Ellos, a fuerza de sencillez, me han demostrado que sí tienen la tradición como supremo objetivo. Ellos, como tantos otros grupos del mundo cofrade, podían haber cedido a las tentaciones foráneas y que, como podemos comprobar, no afectan solo al arte floral o a cuál es la última novedad en tocas o rostrillos de vírgenes, las modas importadas afectan tanto a la forma como al fondo y también -ustedes lo saben- también están llamando con insistencia a la peculiar forma isleña de llevar los pasos, ese patrimonio que descansa en la tradición, y que fue, no debemos olvidarlo, el argumento singular para que nuestra Semana Santa transcendiera más allá y por encima de la riqueza -que no tenía-,la espectacularidad o el recogimiento mucho mis notorio en otros lugares.
Pero más que mis palabras, más allá de lo que no dejan de ser reflexiones en voz alta sobre la fenomenología y el maquillaje religioso que advierto en untas actitudes, sin duda el propio cartel que hoy presentamos, su misma sobriedad, sea más elocuente, más evocador, más certero al definir la tradición que entiende el pueblo llano, esa tradición que no necesita engolamiento ni lirismo de oropel para cantarla. Por eso pido a quien corresponda, que tenga a bien descubrirlo para que nos sirva de apoyo a nuestra meditación final.Por favor...En primer lugar debo decir que el documento gráfico que figura en este cartel está sacado de una fotografía de no más de seis por cinco centímetros; una vieja fotografía que por su deterioro físico ha debido estar guardada como una reliquia en la cartera de alguno de sus protagonistas. Siempre me han causado admiración y respeto estas fotos entrañables, guardadas y conservadas de esa manera tan íntima juntos a otras que el tiempo ha ido borrando a medida que las ha ido grabando en el corazón de su dueño.
A partir de este sentimiento, que tantos compartimos, me parece digno de destacar que este año, como el anterior, el testimonio gráfico de una forma de ser se convierta en alma de un mensaje, de una llamada, que esto es lo que en definitiva debe ser un cartel.Para ello me gustaría que me acompañaran a penetrar en las propias imágenes de la fotografía, que nos codeáramos con esos hombres, en ese momento:Corre uno de los primeros años de los cincuenta. Lj Isla vive una sumisa "precariedad" de cortos jornales y muchas carencias. Todavía flotan-en el aire secuelas tristes del hambre sin paliativos, de actitudes sin nombre. Ha habido, hay aún, una epidemia de tifus sin reconocimiento oficial. Los "pasos" de Semana Santa llevan coronas de muertos, de hermanos muertos cuyas familias pueden pagar coronas. Las iglesias se llenan de fieles. Las iglesias son coartadas perfectas para hacer olvidar pasadas tibiezas. Las iglesias, por las mañanas, están llenas de beatas rezadoras, coleccionistas de misas y de estampas; por la tarde, de señoritas bien intencionadas que enseñan la doctrina a niños pobres, cuya asistencia y aplicación se premiarán con vales para un jersey, un pantalón, un abrigo. En Semana Santa, los Oficios Divinos son seguidos por una feligresía que canta el Lauda Jerusalem el Domingo de Ramos y asiste sobrecogida a los Oficios de Tinieblas del Miércoles Santo; por la noche, en las tardes-noches de la Isla, las puertas de las iglesias se abren para vomitar penitentes con túnicas remendadas, cirios de madera y llamas de petróleo. El pueblo se agolpa para contemplar los pasos con las imágenes veneradas, pasos cuyas maderas relucen de nogalina y barnices frescos para restañar, para disimular, las viejas heridas. Pasos de misterio iluminados con acetileno, pasos de palio sin la cera necesaria y con luces eléctricas espectrales. La Caridad lleva una nube de crisófilas blancas. El Nazareno, un monte de heléchos, amapolas y lirios silvestres. El penitente que lleva la pesada cruz de guía del Santo Entierro recibe dos duros como gratificación porque ningún hermano de filas está dispuesto a soportar tamaña carga. Los que no se quejan por cargar son los que necesitan el jornal y van debajo de los pasos: todos los días, con el cansancio de la peonada a cuestas, con la herida en el hombro abierta por la madera y el esfuerzo; cuarenta pesetas, sesenta pesetas, según la hermandad, según se incluya o no la comida; nadie se queja aunque la carne se resienta. Cargadores de la Isla, todavía sin folklore literario, sin poéticos cantores amanerados. La carga es la carga sin literatura, el andar vacilante, el paso estremecido, no es, todavía, un canon estético, sino una realidad física, una dura realidad como las fuerzas que flaquean y el hambre antigua.


1994 Paco Carrillo ante la salida de Columna. De izquierda a derecha: Jesús Rodríguez -capataz Cristo-.- Niño Juaqui.- Joselito.- Juan Monje.- Paco Carrillo -pregonero Medio Ganchete 1993- Rafael Molina.- José Moreno.- Paco Comandante.- Belín y Chico Urréjola. Fotografía cedida por Francisco Rodríguez Fernández.

La Semana Santa, de Domingo de Ramos a Viernes Santo, es un calvario para los cargadores, un alivio de dinero extra en una economía de subsistencia. Pero llega la madrugada del viernes. Las cicatrices se han abierto y se han cerrado sin dejar la madera. La semana del dolor está tocando a su fin. El Nazareno de la Isla ya ha llegado a la plaza de su iglesia. Ya ha cubierto su recorrido, ya le han rezado, ya le han pedido para que las calenturas de la niña, la tos del marido no sean del fantasma que todos temen. Solo queda por salir la Soledad; al Santo Entierro no hay que cargarlo porque lleva ruedas. En esta mañana serena de Viernes Santo sólo falta que llegue la Virgen a la plaza, la Virgen de los Dolores que viene subiendo la cuesta de Capitanía, la Virgen que viene por el Deán acompañada del gentío. A los cargadores del Nazareno sólo les queda la última "trepa", mecerlo suavemente ante los ojos doloridos de la Madre, enfilar la rampa de madera y entrar -sin querer- en la obscuridad de la iglesia. Los cargadores del Nazareno se sienten liberados, ligeros, casi optimistas por haber terminado la semana. Ahí están "El Pavo", "El Tremendo", Mariano "El Barquero", Paco "El Largo", Conino el capataz, hijo de José Tinoco, Yesa el saetero, todos junto a la banda de Bermejo que les ha hecho marcar el paso durante toda la noche. Todavía no hay ningún usía, ningún don como ahora, entre las camisas remangadas, los pañuelos anudados y las boinas; nadie, ninguno de los que están ahí cargan por sentimiento estético, lo hacen por la necesidad del pobre, con la honradez del pobre, con la dignidad del pobre, sin saber siquiera que están haciendo historia, que están creando escuela, que están sembrando tradición regándola con sudores, que la están abonando con su desamparo y su sangre.

Éste es el cartel. Éste es el grito, sin colorines ni purpurina. Ésta es la llamada: sin poesías ni retóricas, sin sensiblerías ni coartadas místicas. Ésta es la tradición sin maquillaje mal que les pese a muchos, amarga y real como son todas las verdades a contrapelo, como lo son las que no necesitan a Cristo como pretexto, las que no invocan en vano Su santo nombre, como son las que no necesitan justificarse entre pliegues de terciopelo ni en las ramplonas rimas consonantes. Ésta es la Isla profunda que reza sin altavoces ni intermediarios.
Benditos sean estos hombres que hicieron posible una Isla auténtica, una Isla honesta. Benditos ellos, los que amarrados a la "maera" de la vida, viviendo en silencio el peso de mucha injusticia, hacían una "levanta" cada mañana para ahuyentar el hambre; los que para
rezar lo hacían cargando, o mirando limpiamente las caras de los cristos, para decirles con la voz del alma, ""Jezú", afloja, no aprietes tanto, que no "pueo ma"". Que no puedo más, Virgen del Carmen.
Benditos todos los que hicieron el futuro sin saberlo, los que sembra ron en sus hijos la hombría, la dignidad, la casta que sigue siendo el sedimento de esta Isla entera y honda que tanto queremos.
¡Bendita sea esta Isla eterna!"

Francisco Carrillo Mora.-
Publicado en Boletín "Medio Ganchete" de la Cuadrilla "Nicolás Carrillo" año 1994..




1976 cartel Semana Santa Editado por San Fernando Información.

cargadores de nicolás.

“…Es el Señor de la Isla, es el diapasón que hace vibrar a toda la Ciudad, en el buque insignia de los buenos cargadores de la Isla. ¡Qué buen personal ha pasado bajo sus palos! Desde Marín a Tinoco y de éste a Nicolás y ahora con sus hermanos Nazarenos.

Ojalá pudiera contar lo que, en tantas madrugadas y en tantas mañanas en la recogías, le ha hablado, le ha rezado, el cargador que va en esa pata de la cabeza, que manda el Paso con su voz. ¡¿Quién nos iba a decir que vendría el arte de Holanda?! para que así andase el Nazareno y esa sombra de Jesús por las fachadas, que son dosel para cada pasito de Dios. A cada pasito de Dios

A cada pasito de Dios
nace del alma un ¡olé!
Con un ¡Quieto! del corazón
se mece el Paso, cairel,
y anda con el cargador
cuando dice ¡Vámonos!

A cada pasito de Dios
El Nazareno una y otra vez,
en un requiebro de Fe,
en una sola oración,
llena el alma de emoción
a cada pasito de Dios.


Cristo de la Redención. Fotografía de www.elguichidecarlos.com

A cada pasito de Dios
va naciendo un clavel
A cada pasito de Dios
se mece el Paso, cairel,
con el corazón del cargador
llevándolo a las bandas
mandando siempre el izquierdo
en los cargadores pies.

A cada pasito de Dios
dibujan medias verónicas
las caídas en el albero
de calles que son la Gloria,
de calles que son un ruedo,
del mecío del cargador
y de lances cofradieros
que lleva el Paso, cairel,
a cada pasito de Dios.

A cada pasito de Dios
con los cuerpos como pinos,
son legionarios de una Fe,
que al oído de una voz,
toda la cuadrilla a la vez,
con ¡Quieto ahí! y ¡vámonos!
harán que el paso de Dios
sea el Pasito holandés.”

Ángel Luis Castro Haro, "Chiqui"
Pregonero de ls Semana Santa 2004. (extracto)


Virgen de la Caridad Fotografía de www.elguichidecarlos.com

extractos del pregón de 1994.

Meditar sobre la Semana Santa Isleña. Isleña: con sus acentos inconfundibles, con sus singularidades, a ser posible con idéntica cadencia a la que andan nuestros pasos de misterio, con el mismo ritmo con que se mecen los palios de nuestras Vírgenes. Meditar juntos, para verificar hasta qué punto aflora en nuestra Semana Santa la Isla de hoy, el alma de la Isla de siempre. Porque, contra lo que pudiera parecer, igual que en su Semana Santa, nada en la historia de nuestra ciudad ha sido improvisado, sino producto de una constancia colectiva, quizás porque al no haber llorado nunca por ninguna cosecha perdida —que cosecha siempre tiene algo de taumaturgia, de magia divina—, la Isla ha sabido encontrar en el trabajo diario, callado, anónimo las más de las veces, su estilo particular lejos de todo histerismo.Su propia articulación escalafonada, gremial —tantas veces criticada— propicia, al decir de muchos, no solo un sistema social, sino el fermento, el fomento y desarrollo de las Hermandades y Cofradías; que puedan constituirse desde .aquélla, humildísima, que en sus Reglas recogía la obligación de darle "luminaria y compaña" a los hermanos fallecidos, hasta aquella otra en la que figuraba la nobleza y que fuera reconvenida por su exceso de lujo bajo apercibimiento de multa y de cárcel para los infractores o sus directos responsables. Es curioso que esa —digamos— aparente atonía isleña, esa su famosa apatía, tenga, precisamente en las Hermandades, este elementó diversificador que rompe su tradicional linealidad; y es que la Isla, lejos de ser monorrítmica, ofrece grandes contrastes como veremos más adelante


Cristo de la Expiración. Cruz bajada al pasar bajo cables eléctricos. Fotografía de www.elguichidecarlos.com

.....Pero este pregonero no es poeta; este pregonero siente no tener el encendido verbo de los que saben soñar una Isla de encajes azules bordados con la sal de sus riberas; este pregonero, de la Isla sólo aspira a quererla sin alardes, a sentirla a través de la mirada limpia de sus gentes, a contarla para el corazón de sus gentes, porque solo en la mirada y en el corazón radican la íntima y profunda verdad de los pueblos, lo demás son o accidentes geográficos o gracia de Dios, que para cantarla sí que se necesitan poetas verdaderos.

Pero no hace falta ser poeta para retener un recuerdo, para guardar una primera imagen, una primera consciencia de casi todas las vivencias, que luego, asimiladas, se convierten en las auténticas experiencias que van enriqueciendo nuestra vida. Así, si retrotraemos la memoria, podríamos situarnos en el momento de nuestra primera gran desilusión: la noticia cierta de los Reyes Magos, o ante el primer cigarrillo, o ante el primer amor; todos, sin necesidad de ser ni poetas ni prosistas, tenemos memoria para vernos, abiertos los ojos a los asombros, reviviendo nuestros días infantiles en aquella casa que vivimos, en aquella calle que jugamos, en aquella Isla en la que crecimos, que es esta misma, pero que era —a nuestros ojos— diferente.

El primer recuerdo que guarda este pregonero de nuestra Semana Santa es una tarde sombría de Viernes Santo; debió ser allá por los años cuarenta y tantos:

Corren por la Isla los tiempos de los escalofríos y los silencios, de las alpargatas, de las toses sospechosas, de las largas colas del hambre y las beneficencias, los años de las altanerías y las cicatrices, de las caridades y las sumisiones; sólo Dios y el sol amanecen para todos.

La Semana Santa más que una tradición, más que una manifestación religiosa es, en aquellos años, una necesidad, un desafío, una oportunidad que se le da a Jesús y a su Madre para hacerse pueblo, para que el Hijo y la Madre vean las heridas del pueblo, la pobreza del pueblo que resiste viviendo con la grandilocuencia de las verdades oficiales.
La Semana Santa de la Isla es tan pobre como ella misma; bajo los pasos no hay más que silencio, dolor y una limosna para aliviar el hambre. Los cargadores de la Isla no saben aún del "pasito holandés" ni del "picaíto a las bandas", los cargadores de la Isla cuando arriman el hombro a la madera tienen aún las manos calientes de las parihuelas salineras, el paso tembloroso por cansancio de la peonada y el compás abierto de guardar el equilibrio en la plancha que va del muelle al candray y del candray al muelle, tantas veces cuantas se puedan soportar, que en la cantidad de idas y venidas está el jornal, y en el jornal: la comida caliente, el jersey del niño, la medicina de la niña... Los cargadores de la Isla no cargan los pasos de su Semana Santa ni por estética ni por su sentido religioso. La religión para ellos es cosa de ricos, que son los que van a misa de once y hablan con los curas en los atrios de las iglesias. La religión es... la religión es la Virgen del Carmen o este Nazareno Viejo que siempre está de guardia a los pies de la iglesia, al que se le dan los buenos días, casi sin querer, mientras se espera el tranvía renqueante, el coche de Meléndez, o antes de iniciar la caminata por la "Cuarta", para la Bazán o la Carraca con la talega del costo.

La Virgen del Carmen y el Nazareno son el principio y el final del trayecto, es la fe sin teología, es la fe en la única justicia en la que hay confianza: «Jesús no aprietes tanto, afloja». Y al día siguiente vienen mejor dadas, y es Él quien ha echado una mano. Es la fe que en Semana Santa se agita porque es bueno que la Virgen pase por tu puerta, que la veas en la calle con cirios encendidos y con flores, que no importa que sean de trapo, porque a la Virgen en la calle se le mira a la cara y sobra lo demás, hasta olvidarlo todo, incluso lo que se le va a pedir con el alma en los labios., Pero en aquella Isla de las verdades oficiales y la grandilocuencia existe


Jesús del Gran Poder. Fotografía de www.elguichidecarlos.com

una procesión oficial; es casi un espectáculo en el que el pueblo sólo es espectador. El cortejo desfila brillante y solemne como corresponde a un acto donde acuden secciones de penitentes de otras Hermandades, donde el clero, el ayuntamiento bajo mazas y los militares de gran gala prestan birretes y manteos, cruces parroquiales y capas pluviales, terciopelos, oros viejos, zapatos con hebillas plateadas, bicornios, bandas, levitas, condecoraciones, sables... La urna del Cristo yacente es de cedro pero ellos no lo saben, la urna es de cedro, que alguna vez doraron con panes de oro fino y que alguna mano torpe, y piadosa, cubrió de purpurina para restañar las heridas del tiempo, para disimular la pobreza de los tiempos. La urna del Cristo yacente está adornada con esparraguera verde de la que nace en macetones en los patios de la Isla. La urna tiene los cristales limpísimos en los que se refleja -multiplicada- la divina imagen. La urna está rematada por una cruz que descansa en una filigrana barroca, en una tapa a la que le falta el cristal superior porque no es necesario.




Nazareno del Carmen Fotografía de www.elguichidecarlos.com

Todo el Viernes Santo ha estado plomizo; al Nazareno le llovió de madrugada; la Soledad aún no ha salido; lo hará, como siempre, cuando pase el Santo Entierro que ya está llegando a la Plaza de la Iglesia. No cabe un alfiler, toda la Isla se agolpa en las aceras para ver desfilar el cortejo fúnebre en la tarde triste de celaje hosco y viento del sudoeste que empareja las tormentas.
Todos miramos al cielo por donde se entinta la noche ligera. Cuando el paso del Cristo llega a la altura de andamiaje del cine que se teta construyendo, se abren los cielos. En un principio el desconcierto que produce la lluvia parece que se neutraliza con la apertura de paraguas y las primeras carreras. «Escampará», se piensa. Y a pesar de las gotas, gruesas, rotundas, ninguna de las personas que forman el cortejo se mueve de su sitio, y siguen guardando las filas; pero el agua arrecia con ese desconsuelo que tan bien conocemos los isleños. Y comienza la desbandada. Primero se despejan las aceras, y, tras unos instantes de duda, toda la pose ceremonial del cortejo se desvanece, el aguacero parece disolver los portes distinguidos, la solemnidad, la bizarría, pero es tanta la fuerza del agua, tan racheado el viento, que en unos minutos el paso del Señor queda solo, absolutamente solo; la calle, la plaza -abarrotadas momentos antes- quedan vacías por completo. Ni siquiera las casapuertas del entorno ofrecen cobijo seco porque el aire y la lluvia se han hecho dueños de la tarde -noche de pronto- y baten con furia todos los rincones. La urna de Cristo -dramáticamente olvidada- parece un extraño barco en medio de la tempestad. La urna de Cristo empieza a llenarse de agua sin que nadie haga nada por evitarlo, como si de la Isla solemne hubiera nacido de repente una Isla de indiferencia, como si la Isla fervorosa hubiera dejado a Jesús a su suerte, lo hubiera abandonado y condenado de nuevo, pero esta vez a morir ahogado.
Ésta es la primera imagen que este pregonero guarda de la Semana Santa de su tierra. Esta impresión sigue siendo tan fuerte, a pesar de los años transcurridos, que siempre que llueve con ese desconsuelo, la imagen del Santo Entierro solo, anegado, se hace presente; lo mismo le ocurre cuando advierte insolidaridad ; la indiferencia o el desprecio tienen la misma ima-gen desoladora, como si fueran un fantasma o una alarma que el miedo enciende, o el clisé maestro de la soledad y el abandono; en cualquier caso es el paradigma de la Isla que no debiera haber existido, que no debiera existir nunca.



Besapié 2005 Santo Entierro. Esta foto ha sido posible realizarla debido a las obras de reparación que se efecturaron en cúpula de la nave derecha del Convento. Está realizada desde lo más alto de un andamio que tocaba techo. Díficil de repetir y reconocimiento al autor de la misma. Fotografía cedida por JMR Construcciones.

Desde ese primer recuerdo, desde esa primera imagen, el pregonero —el niño que fue— creció hasta que pudo salir en una procesión —de monaguillo carmelitano— precisamente en la misma cofradía de su fantasma. Naveta, cirial, cruz, incensario, fueron en años sucesivos, los atributos, el pretexto para pertenecer al cortejo, para estar cerca de Cristo que seguía en su urna de purpurina entre esparragueras verdes y lirios morados. Ser monaguillo pequeño daba una relativa libertad de movimientos; recorrer la procesión de cruz de guía a cola era poder ver, como en una película rápida, las actitudes del público, el sentir de la Isla, que iba desde la distraída curiosidad al pasar los primeros penitentes, al profundo respeto a medida que se acercaba el paso de Nuestro Señor, el paso del silencioso rodar, roto por el chasquido metálico de las sonoras pisadas de los gastadores de Infantería de Marina que le daban escolta.
Más tarde, al andar de los años y cambiar la sotana carmelitana por la túnica nazarena, esa experiencia inédita de mirar sin ser reconocido que es la primera gran sorpresa de todo penitente, en el que condensamos más magia que contrición, más espíritu maratoniano que penitencial, por estrictas que sean la reglas y dura la disciplina cofrade. Borla de estandarte, bocina, cirio, pértiga, y con ella otra visión de la Hermandad —de las hermandades—, la oportunidad de acompañar las salidas procesionales de otras representando la propia, y admirar en todas la capacidad de sacrificio, la calidad humana de sus gentes.






1979 cartel Semana Santa. Editado por San Fernando Información.

....Pero el Martes Santo hay otro grito dolorido, un grito que recorre nuestras calles estrellándose en las aristas de las almenas, cabalgando en los ecos que se pierden en la bahía. ¿Un grito, o quizás es el silencio que produce la incredulidad y la tragedia? Los únicos que quizá puedan decírnoslo sean los que han tenido un hijo muerto en sus brazos. Grito y silencio; las dos cosas. Grito, como un cuchillo que corta la confianza en Dios. Silencio porque en ese instante parece que Dios no existe. Así recorre la Virgen nuestras calles, con el Hijo irremediable, inexplicablemente muerto en su regazo. Podía haberse llamado Angustias pero le pusieron Caridad, dicen que por la ascendencia cartagenera de su primera Junta de Gobierno, y qué curioso que, al correr del tiempo, Caridad sea una de nuestras Cofradías más isleñas.
Comprenderán que para este pregonero, Caridad forme parte de su melodía familiar, que se vea a él mismo con dieciséis, diecisiete años... «¿Me compra una papeleta para la Virgen de la Caridad?» ¡Cuántas veces repetida esta cantinela! O esta otra: «Buenas tardes, venimos postulando para la Virgen de la Caridad.» Subir escaleras; entrar en los vericuetos de los patios de vecinos; irrumpir, llenos de vergüenza, en aquellos talleres de costura, donde las modistillas ponían todo su empeño en dejar azorado al más lanzado, ¡y vaya si lo conseguían! Llegar a las casas, ser recibidos, en algunas, con mucho misterio; en otras, con toda la confianza, como si nos conocieran de toda la vida... entrar hasta la cocina..., ¡ayudar a pelar un pollo...! Música familiar en el tejido de cáñamo y seda de la Isla, donde a los postulantes hasta nos invitaban a café; y porque siempre llevábamos prisa, que si no hasta café con leche y migóte, o una tacita de caldo del puchero.

Cáñamo y seda, como sus gentes, su historia, sus calles... que la Isla tiene aún calles recoletas que ni los especuladores contumaces, ni los controvertidos planes urbanísticos han podido matar del todo; pasear por ellas, sobre todo a determinadas horas del día o según en qué épocas, nos transportan a esa otra Isla que este pregonero se empeña en ver latiendo bajo la enfática ciudad de San Fernando. Sin embargo, sí es cierto que existen rincones, vericuetos de calles donde el tiempo se ha quedado prisionero, como en los baúles de los recuerdos.






Paso de la Caridad. Fotografía de www.elguichidecarlos.com

.....El pregonero no puede olvidar que a las plantas de este Cristo —en su iglesia— recibió el sacramento de la confirmación, junto a cientos de niños, de diez, once años, todos atemorizados por la supuesta severidad del obispo, por su mitra blanca, por sus misteriosas gafas de cristales amarillos. Es lógico que ni el tiempo transcurrido haya borrado la imagen de aquellas extrañas gafas ni la expresión de aquel Cristo, su mechón de pelo quieto, la quietud de su muerte reciente. Tampoco es extraño que aquel amarillo obsesivo sea un puente con el amarillo abacá de la faja de los penitentes más severos de la Isla, y la severidad infundada de aquella ceremonia se asocie a la severidad cierta de esta cofradía, anhelo de tantos, espejo de todos. Porque al verla cada año, a los isleños que venimos de lejos se nos despierta la Isla dormida que llevamos dentro.
Era costumbre común en muchos padres considerar ya hombre hecho y derecho al hijo en el instante mismo en el que, alargándole la petaca, compartían juntos el primer cigarrillo. La edad podía oscilar; para unos el momento justo era el abrazo apretado después de la Jura de Bandera; para otros, mucho antes de esa mayoría de edad oficial: la emoción del primer jornal tempranero del hijo, motivo sobrado para compartir el tabaco del padre. Pero aquí, en la Isla, a falta de uno u otro momento, el certificado válido para demostrar que ya se había llegado a hombre era poder salir de hermano de fila en la Vera Cruz; en la Isla era tanto como la prueba de fuego de la hombría: que se podía asumir la disciplina del silencio, del recogimiento, de la penitencia en suma.

Este pregonero recuerda a un amigo en ese trance de ir por primera vez al almacén de la hermandad a recoger su túnica. Fuimos tres o cuatro íntimos a acompañarlo, todos más pequeños, envidiosos, envalentonados y con la seriedad de los que acompañan al que se va a examinar, o al novillero en su debut con picadores. Al llegar a la esquina del almacén, después de un momento de duda, nuestro amigo, armándose de valor, dijo: «Dejadme solo». Cuando volvió con su túnica bajo el brazo, ya era otro, él había demostrado que había llegado a hombre, y aquel año lo seguimos de lejos, como si fuera un héroe de leyenda. ¡Cristo de la Vera Cruz!, crisol de hombres de la Isla.






Virgen de la Salud. Fotografía www.elguichidecarlos.com

...Como esos otros hombres, enteros, curtidos por el trabajo pero alumbrados de la juventud de mil primaveras, que nos traen desde tan lejos a Jesús del Gran Poder y a su madre del Amor, la virgen que tiene palio transparente para que la besen los soles de la tarde.

Dicen los sociólogos tratadistas de la Semana Santa que las cofradías, tradicionalmente, han servido como lanzaderas, como nexos de unión entre los barrios periféricos y el centro de las ciudades. En la Isla, los barrios los tuvimos siempre tan a mano que nunca llegamos a notar este fenómeno. Pero seguro que los tratadistas, al hablar de barrios se refieren a esos mazacotes de edificios, poblados por gentes de mil orígenes que vienen atraídas por los reflejos de las ciudades y que en ellas encuentran trabajo y acomodo, aunque añorando siempre la tierra de donde vinieron. También pueden referirse a esos otros, vecinos de circunstancias, que usan el barrio como solar de dormitorio hasta convertirlos en ghetos insolidarios. La Barriada Bazán no se amasó de ninguna de esas formas. La Isla, un buen día, se cansó de vivir en accesorias, en patios de vecinos, en chabolas de latas encaladas, porque el sudor del trabajo honrado es incompatible con la miseria; así nació la Barriada, que no hace falta añadirle nada más para entendernos. Y ese trozo de Isla nueva, al pasar los años, nos regaló un cristo con nombre de ecos universales. Gran Poder no es un nazareno abatido por el peso de la cruz. Gran Poder es un cristo vertical que soporta todo peso con rictus de tristeza pero sin descomponer la figura, como cualquiera de sus vecinos de Barriada, como todos los que se sacrifican en silencio, como todos lo que quieren vivir con dignidad, como todos los que defienden sus derechos, soportando el peso de la cruz por negarse a ser sobornados, por ser fieles a sus compromisos, leales con la conciencia propia, por estar amasados con la casta de los que no se rinden, de los que van derramando sus vidas en las vidas de los demás, para que los demás florezcan. Cristo del Gran Poder, cristo vertical del Gran Poder que da su vida por defender las verdades que no necesitan ni de intermediarios ni de pregoneros.

La Isla siempre tuvo tres puertas que daban a la mar, tan cerca y tan lejos siempre. La primera a los pies mismos del Ayuntamiento, el Zaporito, abrigado de serrerías, de varaderos con carpinteros de ribera y candráis de saladas bodegas; la segunda, Gallineras, salpicada de casas humildes, como un rosario de miserias y una flota de faluchos para la bajura del palangre; la tercera, en un barrio hecho entre huertas y chumberas, entre la pólvora de Fadricas y la Fábrica del Taller de Torre que bordaba el trabajo artillero: la Casería, la puerta abierta al mar que siempre estuvo cerrado para la Isla, el mar de la bahía, más paisaje de fondo que realidad tangible. Pero la Casería, tan olvidada siempre, nos devuelve un Cristo que viene perdonando, un vía crucis salpicando su camino, reguero de piedad para ir y para volver, para que dos pedazos de Isla puedan abrazarse rezando.








Jesús del Prendimiento. Fotografía de www.elguichidecarlos.com

.....Madrugada de las madrugadas. Calles de la Isla, Viernes Santo de Cristo Nazareno, siguiendo al Cristo Nazareno, roto por los quejidos de las saetas, saetas que no son concesiones de los cantaores meritorios que buscan los aplausos, sino auténtico llanto quebrado, música seca del corazón del pueblo que llora cantando. Madrugada de las madrugadas en los primeros escalofríos de la aurora, cuando el Nazareno remonta la cuesta de Capitanía y la música calienta el sudor de los cargadores, y se disipa el cansancio de la noche, y una pleamar de almas se agita cuando Jesús llega a la plaza. Ya es de día, el primer sol le sirvió de aureola mientras subía y, ahora, en ese fondo frente a su iglesia, le borra las sombras y el frío de la noche. Durante la madrugada lo han llenado de rezos, lo han traspasado de miradas que fueron plegarias, que fueron besos. La luz de la mañana deja ver un amasijo de pena y confianza, toda la calle es un reguero de esperanza renacida, porque ahora, ahora sí podemos creer, creemos firmemente que Jesús atenderá nuestros ruegos, nos hará mejores, resucitará, glorioso, en cada uno de nosotros. ¡Nazareno de la Isla, amor de la Isla nazarena!

Cuando se cierran por fin las puertas, la Plaza de la Iglesia se queda sola; la Isla, que veló la madrugada, está llena de imágenes imborrables que se guardarán en los recodos de la memoria para rescatarlas cuando sean necesarias: cuando cunda la desesperanza y flaqueen las fuerzas. La Isla, con el sol puesto, busca en el silencio el descanso de toda la noche a cuestas.

Extractos del Pregón de la Semana Santa de 1994 pronunciado por Francisco Carrillo Mora
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Nazareno de la Isla. Fotografía de www.elguichidecarlos.com

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