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¿tradición cofrade en la isla? | el nazareno de camarón
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la mantilla
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En “aquellos tiempos” de las décadas de los años cuarenta a los setenta del Siglo acabado últimamente, la mujer cañaílla pudiente económicamente, al llegar la Semana Santa asistían a los actos de la Cuaresma y actos religiosos mostrando el atuendo femenino que resaltaba elegantemente la figura y, que, marcó la imagen de las españolas al resto del mundo. Me refiero a la “Mantilla española”, también usadas y asociadas al mundo taurino.
Los origines de esta notable prenda se remonta a los tiempos de los árabes en España. Los Reyes Católicos intentaron acabar con la costumbre musulmana que se había implantando en nuestras tierras.
Las andaluzas por lo general, continuaban utilizando la mantilla como parte de su vestimenta diaria. La Iglesia se opuso a su utilización sin éxito. Con la emigración, al descubrirse las tierras del nuevo continente, esta prenda se exportó y fue utilizada siguiendo la costumbre española. Incluso se importó a trajes regionales en España con la debida adaptación a cada zona y climatología.
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Las andaluzas recurren a la mantilla de paño y seda. Era una prenda utilizada por el pueblo. Muy popular. Finalizando en el Siglo XVIII, comienza a ser monopolizada por las damas de la entonces aristocracia. Es común ver retratos y cuadros pintados por famosos de mujeres con mantillas. Con la agregación de la prenda en el vestir de las cortesanas, nace el encaje en la mantilla.
La Reina Isabel II, amante a los encajes y la mantilla, la populariza ya en el Siglo XIX. En nuestra tierra al igual que ocurriera en Andalucía, las mujeres en sus paseos al atardecer lucían la mantilla o mantón de Manila. Prenda esta que importamos desde Filipinas cuando era española. Ambas se convirtió como un “toque especial” en las mujeres.
En las corridas de Toros nació una mantilla de madroño negro que posteriormente se agregó el color. La madroñera es prenda del traje típico en las gaditanas. Los toreros entonces la lucían también como signo de elegancia y profesionalidad taurina incluso fuera de los ruedos.
Ya entrado en el Siglo XX, esta prenda fue perdiendo protagonismo en el vestir diario quedando para su uso en actos religiosos y salidas procesionales en la calle principalmente. La mantilla blanca que nació con significado de alegría, se utilizaba en actos de gloria. Principalmente en bautizos.
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Volviendo a nuestro San Fernando, durante la Semana Santa era común lucir las mejores prendas de vestir. Todos conocemos un refrán muy popular que dice: “El que no estrena en Domingo de Ramos, se le cae las manos”. No faltaba un jueves o viernes Santo la calle Real y los alrededores de los templos de la ciudad luciendo las esbeltas figuras femeninas de riguroso negro, adornado por mantillas de encaje al talle. Sujetas en el cabello sobre material de carey denominado peineta, nacido para elevar el rostro de la dama y favorecer. Normalmente lucía peinado de cabello recogido. Tradición que pasaba de madres a hijas.
Hoy en día, la costumbre de salir las mujeres ataviadas con la mantilla española en el cortejo de las cofradías cada vez es menor. Algunas Hermandades no conciben que esta tradición deba continuar luciendo en sus acompañamientos. Afortunadamente otras congregaciones si apuestan a continuar por la tradición e incorporan mantillas de colores negro, blanco o beig. Sí es verdad que las jóvenes hoy ni tan siquiera hacen uso de la mantilla pero, dichosamente algunas madres de estás jóvenes continúan resaltando lo popularmente español y ésos días, son más bellas aún.
Refino tan popular en la Isla como “Casa Aragón” en la calle Rosario, continúa ofreciendo decorativo escaparate tradicional de Semana Santa. Enhorabuena a todos los que mantienen una tradición que, nuestros ancestros realizaban.
El güichi de Carlos. Marzo 2007 Ir a historias de semana santa Ir a Semana Santa
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