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la espectacular levantá | ensayos
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recuerdo y admiración
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La asociación de cargadores, no podía faltar una referencia a aquellos que nos precedieron en la noble tarea de llevar los pasos, ellos crearon conjugando arte, fuerza y corazón un estilo único y sin par. Los primeros cargadores con que contó la Isla eran hombres recios, forjados en muelles y salinas y acostumbrados a duros trabajos. Llegando el Domingo de Ramos, cogían su almohada bajo el brazo y se dirigían en busca del capataz apiñándose alrededor de él mientras nombraba al personal que iba a ir a los distintos pasos.
Allí el capataz, con autoridad que todos respetaban, los colocaba por estricta estatura designándoles los palos donde cada uno tenía que amarrar, para que todos los cuerpos estuvieran igualados. Una vez el paso fuera de la Iglesia, se entregaban totalmente durante las cinco horas del recorrido por las calles y plazas empedradas de chinos, donde cada zancada era puro equilibrio y cada mecido exigía un gran esfuerzo, pues recordemos además que el calzado de entonces era la tradicional, aunque ya perdida, alpargata de esparto.
Mandaderos, según consta en los libros de cuenta de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Expiración en el año 1928 se le pagaron 72 reales de Vellón a los mandaderos que iban debajo del Paso.
Ir a cargadores de la isla Ir a s emana santa
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La palabra cargador aparece en dichos libros por primera vez en el año 1958, y la de Capataz en 1863. Lógicamente las cantidades a percibir fueron aumentando con el tiempo, y concretamente a la cuadrilla que llevó el Cristo de la Expiración en 1905 se le pagó 112, 50 ptas. continuando ese aumento paulatinamente hasta 1977 en que cada cargador recibía 1000 ptas. por cada paso que sacaba a la calle. Por consiguiente, el que cargaba cinco o seis en toda la semana, recibía un dinero, que aunque no fuese mucho, por unos días aliviaba su situación económica, ya que normalmente estos hombres desarrollaban trabajos temporales o no muy bien remunerados como, salineros, estibadores del puerto, carreteros, pescadores, mariscadores etc. llevando por lo general una vida bastante precaria. Conviene aclarar que el dinero no era el único motivo que movía a estos hombres a cargar; influían varios factores, la tradición por ejemplo hacia que debajo de un paso se encontraran hasta tres generaciones de una misma familia. El amor que sentían por su Cristo o su Virgen era una fuente motivación para que el cargador año tras año volviera a empapar de sudor su pañuelo. Hombres con sus defectos y virtudes, que entendían la Semana Santa de una forma muy simple y sencilla, pero la entendían, que en definitiva es lo importante. Por eso vaya nuestro recuerdo y admiración a todos los viejos cargadores que aportaron su granito de arena para mayor esplendor de nuestra Semana Santa.
Alberto Salas Sánchez. Ir a cargadores de la isla Ir a semana santa
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