Personalmente uno ya no entiende a la sociedad, parcelada, cortada, troceada y sin embargo hablándose de algo como "la aldea global" en relación al mundo intercomunicado. Me explicaré, o al menos lo intentaré de forma pausible y amena.
A mi me gustan ciertas cosas de mi pueblo como son, como eran. Hay cosas que deben evolucionar, por ejemplo la economía, la empresa, el libre mercado, el cooperativismo, siempre buscando que las ciudades, la ciudad, tienda a crecer por expansión económica y no por hastío, aglutinamiento y desesperanza, como las tribus étnicas a las que se refieren Quintana, Pujol y unos cuantos más que van a la cabeza de insultos a la cuestión andaluza. Igual que el Carnaval fue Cádiz con el sedimento de las Fiestas Típicas, y la Feria de la Isla no la puede usurpar ni la Velada de los Angeles ni nada, tampoco a la Semana Santa de la Isla, con tanta cofradía y tanto arraigo popular y tanta tradición, con cofradías doblemente centenarias incluso. Eso debe cambiar en el sentido de evolución y no de cambio o permuta. O sea si yo recuerdo un "paso", cargado con un estilo propio, con una forma de andar peculiar, repartida la carga en equis palos, si se le ponen más palos a un "paso", el paso del pie se acorta y ya no puede ser lo que era.Vamos abandonando las tradiciones enganchadospor otras. La Semana Santa de Cádiz con sus pértigas u horquillas es distinta de la de Zamora o Segovia. La Semana Santa sevillana, recargada, adornada, hiperbarroca es así y allí, como lo es la Feria de Abril con respecto a los toros, con una tradición y un tronío incomparable que rivalizan con Madrid, no en lo malo; toro grande ande o no ande, sino en esencia, mantenimiento y entendimiento de una forma de toreo propia que propicia los silencios de la Maestranza por un lado y las broncas del Siete madrileño por otro. Por eso cuando una marcha anscentral, por ejemplo "Amargura", suena en la calle y el paso del cargador es de "medio ganchete", uno recobra recuerdos de cuando cargaban muchos que han muerto, porque vives la esencia que reduce la edad desde la intensidad a la memoria. Ver a Columna con su "paso" de caoba, sobrio, serio, pesado, solemne, cargado por los "Carrillos" es volver a oír, aunque estés en la carretera, las campanas de la Iglesia, su peculiar bronce, su sonoridad, la banda de música acercándose, los cargadores dentro, los penitentes confluyendo por detrás, la procesión formándose apretada desde las escaleras de la Sacristía hasta la doble hoja de salida. Y eso rejuvenece porque reconoce uno su niñez, su juventud, su cuna en el incienso, en la forma de mecer, en la de andar, en la angustia afilada en la cara del Cristo, en recordar el palio transparente de las Lágrimas, bordado en el manto nombres de padres o hermanos de nuestra propia sangre. A mí me gusta Sevilla en Sevilla. A mí me gusta Madrid en Madrid, Navarra en Navarra y la Isla en la Isla con respecto a esta etnológica forma de ser, de mantener, de vivir tradiciones y cosas necesarias que no debieran desaparecer, como han desapareado valores y conceptos de hermandad, amistad, honor, valor, etc. Una vez creo que a Rafael Ortega, que había triunfado en Pamplona —después de su furibunda cornada— la gente que le había tomado afecto, el alcalde, el gobernador, todos le dijeron que por qué no se instalaba allí, se quedaba, etc. ¡Que la Isla estaba muy lejos! ¡La Isla está donde debe estar! —contestó el maestro— ¡Lo que está lejos es esto! Toda una lecdón meritoria de acordada cordura, sensatez y apego a un terruño cuando es como debe ser. Suenan las cornetas y el pie da ese paso que ya es masa de la Sangre, paisaje y recuerdo que no debe perderse, ni dejarse porque el protagonista es el modo y la forma bajo las caídas, como el cazón aquí y el rabo de toro en la Sierra. Vamos, como decía Germán, a comer pijotas a Medina estando en un puerto de mar. ¡Habráse visto!.
Rafael Duarte. Publicado en Boletín "Medio Ganchete" de la Cuadrilla "Nicolás Carrillo". Año 1997.
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