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el cuento que no terminó feliz

Era se una vez, un niño que nació en una casa humilde, dónde todos los varones se dedicaban al mundo de la carga, su abuelo, su padre y tíos, estaban relacionado con ese mundillo, En esa época, cuando ese niño era solo un renacuajo oía hablar a los mayores de Semana Santa, en otras casas solo se hablaba de dicha semana cuando llegaba la Cuaresma pero en su casa y en su entorno era diferente, él los veía hablar, discutir incluso veía que cobraban unos dineros extras que eso si que llegaba bien para la casa para poder ayudar aunque solo fuese unos días en la comida, en comprar algo de ropa y pagar la ditero,

El niño iba creciendo en es ambiente y no se encontraba a gusto como no fuese estar al lado de ellos; su tío al que le unía un especial cariño se lo llevaba a todos los traslados de las andas, el niño fue creciendo y aprendiendo todo lo que conlleva esa tradición, no se despegaba de ellos ni un momento.

Las reuniones que solían hacer por aquel entonces, él las vivía como parte de su vida y soñaba con llegar a ser como sus tíos: "cargador", como aun era muy niño buscaba la ocasión y con la complicidad de su tío se metía bajo los pasos, los cargadores lo subían arriba de los palos y él con los ojos muy abiertos se pasaba la noche junto aquello viejos cargadores que le fueron enseñando todo lo que se puede aprender sobre la carga, y el sobre aquellas almohadas llenas de sudor terminaba por quedarse dormido, allí ese niño de este cuento empezó a soñar con la Semana Santa Isleña,

Se le quedo grabada todas las palabras del argo de la carga, creció con la ilusión junto a su abuelo, su padre, sus tíos y primos, toda una saga de cargadores Isleños, y por fin sus sueños se hicieron realidad y ese niño se metió bajo un palo,
amarro su almohada como un profesional ya que aprendió de tanto ayudar a los cargadores, y cargo a "medio ganchete" como ellos la hacían y empezó a formar parte de una de las cuadrillas de mas solera y aunque algunos no lo quieran reconocer será recordada para toda la vida en la Semana Santa Isleña.

Ese niño ya hombre dejó la carga para coger el sitio de su padre y comenzó como capataz, dio toda su sabiduría y cariño y puso todo su corazón para seguir con la tradición familiar pero los sueños se acaban y como todos los cuentos tienen su final y en este ese niño ni acabo feliz ni comió perdiz.

Hoy en el mundo de la carga esta ausente pero desde cualquier acera de nuestras calles él mira sus pasos y cuando vuestra cuadrilla le dedican esa levanta con tanto cariño se le llenan los ojos de lagrimas recordando aquellos palos donde de niño aprendió a soñar con la Semana Santa, a el y a todos los cargadores de la Isla va mi homenaje y mi cariño y les doy las gracias a esas familia en la que el nación porque hicieron posible que viviese los mejores años de su vida cuando se empezaba o oler a rosco y a incienso por las calles de la Isla.

Hay soñador, soñador, soñador de Semana Santo. Se hicieron realidad tus sueños y tus añoranzas Tus años de cargador, amarrando tu almohada Te criaste con tos viejos, con tos viejos de la carga, "niño" coge ese trozo de cuerda "niño" tráeme esa almohada "niño" ve y dile a tu padre a que hora son tos ondas Así aprendiste a soñar, a soñar Semana Santa.
Charo García.
Getsemaní- Cuaresma 2001.
Hermandad del Prendimiento.

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